Historia / SEPTIEMBRE 12 DE 2021 / 1 mes antes

Me encontré en la vida con… Pedro Antonio Mora Jaramillo

Autor : Gabriel Echeverri Gónzalez

Me encontré en la vida con…  Pedro Antonio Mora Jaramillo

Pedro Antonio Mora Jaramillo.

Ilustre ciudadano, agricultor visionario y poeta nacido en Circasia en 1887 y fallecido el 5 de noviembre de 1950, sus padres Pablo Emilio Mora Estrada -uno de los fundadores de la afamada ciudad libre- y María Antonia Jaramillo Estrada, oriundos de Sonsón y Salamina, respectivamente, en dicho hogar nacieron diez hijos: Luis, Alfredo, Arnoldo, Samuel, Manuel, Joaquín, María, Sofía, Eloísa y Pedro Antonio. 

Cursó estudios primarios en el villorrio de Circasia, municipio de Salento, pero se educó solo con la ayuda de su padre -médico homeópata graduado-: “Fue un autodidacta. En uno de sus documentos expresa que su padre le enseñó a leer en una semana. Su progenitor tenía una vasta biblioteca, siendo el libro principal La Biblia, la prohibida de aquellos tiempos. Aprendió a escribir sin ortografía. La desdeño. (…)”. (1). Fue un entusiasta estudioso de ideas de avanzada. 

Contrajo matrimonio en 1933 con la distinguida señora Adelfa Rodríguez Arbeláez originaria de Manzanares, Caldas, en dicha unión nacieron ocho hijos: Eunice, casada con Luis Ángel Galvis, cinco hijos; Susana, unión con Omar Galvis, cuatro hijos; José Jesús, comerciante exitoso, matrimonio con Luz Rincón, cuatro hijos -uno de ellos la apreciada abogada Diana Mora, candidata al Senado de la República-; Paula, abogada, conocida experta en orquídeas y flores- tres hijos; Pablo Emilio, economista, formado en Estados Unidos, tres hijos; Manuel Salvador, abogado, unión con Amanda Bustamante, tres hijos; María, bacterióloga de la Universidad de Antioquia, casada con el notable historiador formado en Alemania Josué Carrillo, tres hijos y Juan Bautista, médico, matrimonio con Isabel Molano, tres hijos. Además, tío abuelo de Diego Arango Mora. “A sus hijos les dio ejemplo, les procuró afecto, educación, formación moral auténtica, no amoldada a las falacias o a la hipocresía. A ellos no solo les enseñó teorías, sino que los encaminó por lo práctico. Les enseñó a ser laboriosos, al trabajo material, a trabajar igual con las manos que con las ideas” (2). 

Cafetero siempre. 

Heredó unas tierras y se dedicó en el campo con sembradíos de café y algunas áreas para la ganadería y tuvo éxito con la finca llamada Brasil, entre Circasia y Montenegro, la Floresta, entre Armenia y Montenegro, con los años acrecentó sus propiedades, gracias a su elevado sentido práctico y su talento inagotable. 

 A la capital del mundo. 

Sus padres y hermanos decidieron enviarlo a New York donde aprendió inglés y durante tres años, merced a su curiosidad innata e inteligencia, estudió ingeniería hidráulica, principios de mecánica, dentistería y ejerció homeopatía, influenciado por su padre. Esta etapa neoyorkina sería decisiva para su futuro y el de sus hijos. 

 Ejemplo de genuino talento. 

Bien lo dice el historiador Josué Carrillo -esposo de su hija María Mora-: “La personalidad de este singular personaje fue polifacética y de él se pueden contar historias y anécdotas sin fin. Empiezo por destacar el sentido ingenieril innato que poseía; un atributo que casi nadie le conoció y que es, sin duda, uno de los de mayor mérito. En su finca El Brasil existía un sistema de aprovechamiento hidráulico completo, que él construyó en 1936. Para el desarrollo de su idea empezó por localizar la casa en una hondonada, a la orilla de la quebrada que iba a aprovechar (…) Una vez hubo definido su localización, construyó una bocatoma varios cientos de metros aguas arriba y tomó aguas de la quebrada y las condujo por un canal a media ladera, o acequia, hasta el propio centro de la casa (…) Esa caída la aprovechó de varias maneras: primero, la puso a mover una rueda Pelton para generar la energía requerida en todos los equipos de la finca y los aparatos de la casa (…) El agua también sirvió para mover un trapiche, una máquina de picar caña y la despulpadora de café; además, ese torrente de agua servía para lavar el café y para atender la demanda doméstica de la casa” (3). ¡Genial y en 1936! 

Libertario y progresista. 

De ideas de avanzada, procuró la mejor educación de sus hijos -en particular era exigente en que aprendieran inglés y matemáticas- y la autosuficiencia como un imperativo existencial; producía casi todo con sus métodos de trabajo material con buena educación que ponía en práctica en sus fincas que lo convirtió en un acaudalado campesino; además gracias a su condición de lector voraz, no fue ajeno a la actividad política por su afán de servicio a la comunidad; el escritor montenegrino César Carvajal lo define acertadamente: “Pedro A. Mora fue un visionario. Se adelantó a su tiempo. Vivió como quiso. Con una disciplina férrea. Hizo lo que deseo sin pedirle permiso a nadie. Supo para qué era la inteligencia y también para que era la plata, la que tuvo en abundancia (…)” (4). Consideró a la educación como el principal factor para salir del atraso y la pobreza, con ese propósito fundó en Armenia en 1948 la Escuela Industrial y buscó apoyos nacionales para su funcionamiento. 

Sin tapujos escribía a los dirigentes políticos sobre las necesidades comarcanas y fue amigo del expresidente Eduardo Santos -padrino de su hijo José Jesús en 1939- con quién sostuvo una relación epistolar. Autor de cartas y proclamas expresando en su peculiar estilo sin ortografía, sus opiniones en defensa de las libertades, en su época apoyó a Gabriel Turbay y Arango Vélez. 

Excéntrico y hippie a su manera, el historiador John Jaramillo Ramírez lo describe con exactitud: “Era un personaje excéntrico de barba y pelo largo y no consentía que a sus hijos les cortaran el pelo. Todos andaban a caballo, en magníficas bestias, todos de breeches, polainas y sombrero corcho (…)” ( 5). 

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¡Cantando el himno nacional! 

Una de muchas anécdotas de Don Pedro era que llegaba a Montenegro con sus trabajadores cantando el himno nacional en época de elecciones; su nieto-sobrino Diego Arango Mora en los inicios de los años cincuenta, recuerda en su imagen de niño de seis años, el desfile de Pedro y sus hijos a caballo en perfecta fila india, con sus melenas y sus atuendos llamativos, por las calles de Villa Quindío rumbo a la ciudad milagro. 

Poeta di paso. 

Incursionó en poesía con su peculiar estilo, versos libres, acrósticos y alguna vaciada para algún ocasional contradictor; a Jesucristo que veneró, en una estrofa a Dios, exclamó: “(…) Encierra en su lugar a Satanás/ establece en tu mundo ya la paz/ de rey mándanos a Jesús/ con su virtud, con su ejemplo, con su poder y su luz/(…) “; le escribió a Armenia ,a la mujer, a Caldas y a Manizales, un acróstico especial para el gran Baudilio Montoya: “Batiendo tus palmas musicales/ antorchas divinas musicales/ un poema de bellas vibraciones/ de amor de dicha y de paciones( sic) / inmensos y dorados gajos (…)/”. De versos curiosos, o cojos como los llama graciosamente el académico Armando Rodríguez Jaramillo, vale la pena añadir el que trae a cuento Josué Carrillo, cuando Pedro no pudo saludar al Doctor López Pumarejo en el Club América: “De Montenegro me vine a dar un saludo a Ud./ No se lo he podido dar, pues no me dejan entrar al clud/”. 

No descuidar el Chocó. 

Con este anhelo hizo inversiones en tierras y ganado, creó la colonia de Londres cerca del río Garrapatas, un hogar para indígenas donde plantó maíz, plátano, cacao y caña de azúcar; interesó al gobierno nacional en la construcción de una vía que uniera al Chocó con otros departamentos y en ese sentido también le escribió al Doctor Eduardo Santos; daba empleo no collares a los indígenas. 

Don Pedro fue un ciudadano excepcional, fuera de su tiempo, brillante en exceso, apasionado por la agricultura, café y ganadería; genial y libertario, abrazó las ideas progresistas y luchó por empleados y campesinos; amó a Montenegro y fue lector de La Biblia, pero además descolló como orador de plaza y un genuino librepensador; con sus hijos José Jesús y María, sus nietos Diana Mora y Diego Arango Mora, con su yerno Josué Carrillo y Javier Baena Arango, hemos repasado la vida maravillosa de un gran colombiano, cosido a las breñas del Quindío amado. Un personaje inolvidable creador de riqueza, un hombre fuera de serie, un ciudadano incomparable. 

1.  Carvajal  Henao, César. Diciembre 1991. Crónicas del Montenegro Centenario.  Editorial Duplicentro. 176 páginas.

2. Opus.  Cit.

3. Carrillo,  Josué. Junio 2016. Te Acordás Hermano qué Tiempos Aquellos…y  otras crónicas. Editorial Artes y Letras. 200 páginas.

4. Carvajal  Henao, César. Opus. Cit.

5. Jaramillo  Ramírez, John. Septiembre 2017. En escrito de Armando Rodríguez  Jaramillo, Pedro Mora y los versos cojos. Academia de Historia del  Quindío.



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