Historia / OCTUBRE 31 DE 2021 / 2 meses antes

Singularidades y detalles del patrimonio, en la ruta de un turismo cultural en el Quindío

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Singularidades y detalles del patrimonio,  en la ruta de un turismo cultural en el Quindío

El título de este artículo de prensa pretende potenciar las singularidades del Patrimonio Cultural Material e Inmaterial del  Quindío, en aras de establecer los puntos nodales de conocimiento del Paisaje Cultural Cafetero que, siendo Patrimonio de la Humanidad, todavía es desconocido por los ciudadanos y por los usuarios del creciente turismo que nos envuelve a diario en calles, estancias y veredas de los municipios de este departamento.

Es también el título que compendia el resumen de un trabajo de campo, en producto de la beca de investigación en patrimonio del programa departamental de estímulos de la secretaría de Cultura, año 2021, y que titulé “El PCC de Colombia, un Patrimonio para soñar y transformar”. 

Uno de sus objetivos, reconocer la importancia de los cuatro atributos patrimoniales, el arqueológico, el arquitectónico, el urbanístico y el natural, para acercarnos más a lo que deben ser las estrategias de valoración y apropiación social de este patrimonio mundial.

Matizo la anterior información con la siguiente anécdota. En agosto de 2011, un poco después de conocerse la noticia de inclusión del PCCC en la privilegiada Lista de Patrimonio de Unesco en París, una operadora de turismo muy reconocida del departamento hizo contacto telefónico conmigo. Tenía en su hotel a un par de turistas españoles, quienes habían venido a Colombia con la única pretensión de visitar sitios arqueológicos, en especial los que presentaran evidencias de piedra. Infructuosas habían sido las sugerencias de la prestante empresaria por convencer a los turistas de realizar la visita a los dos grandes parques temáticos del Quindío, que ya recibían a miles de visitantes y que se estaban convirtiendo en el mayor atractivo del nuevo turismo en la región cafetera de Colombia.

“Señor, usted sabe qué es el arte rupestre? Tengo unos turistas preguntando por ello y no sé cómo complacerlos. Alguien me informó que usted me podía colaborar”, fueron las palabras manifestadas por alguien que desconocía aquella característica del denominado patrimonio arqueológico y que todavía los habitantes de este departamento no queremos ponderar como uno de los 16 atributos del PCCC. 

Sin embargo -y luego de visitar con los españoles los dos sitios rurales de La Tebaida que poseen petroglifos en su jurisdicción- con mucha vergüenza debí informarles que ese cálido municipio no había sido incluido en aquel reconocimiento universal.

El desarrollo turístico del Quindío avanza sin complicaciones, desconociendo al patrimonio cultural en todas sus facetas. Mientras tanto, las casas de bahareque se demuelen sin consideración, se van al suelo los arbustos de café para convertir aquellos sembrados en potreros o las manifestaciones y expresiones del patrimonio inmaterial de la cultura cafetera se esfuman o desaparecen, sin haberlas valorado en la dimensión de otros atributos del PCCC que están en el ámbito del cultivo y la producción del grano.

El antropólogo francés Claude Moulin, en un artículo titulado “Comunidades anfitrionas, cultura y turismo”, incluido en un estudio de Unesco de 1996, hace la siguiente afirmación:

“Existen tres características de la cultura que la antropología reconoce ampliamente. En primer lugar, no se nace con la cultura, se aprende. En segundo, las diversas facetas de la cultura están interrelacionadas. En tercero, la cultura se comparte dentro de las fronteras de diferentes grupos y se definen ese contexto”.

Esto quiere decir, entonces, que la cultura tiene formas latentes de las que no nos percatamos. Solo una manera de detectarlas -y apreciarlas en su magnitud- es a través de la práctica de un turismo sustentable, humanizado y de alcance observador, con sutileza. Ese modo de gozar nuestros momentos de ocio y disfrute del tiempo libre alienta la apreciación de los elementos animados e inanimados del patrimonio cultural, para concientizar lo latente y permitir el mejor conocimiento del entorno.

Todo nos indica que aún ignoramos el significado del turismo cultural. Es esta visión de proyectarnos a un manejo responsable de nuestros atributos todavía inalcanzable. Tampoco entendemos que muchos valores de la cultura están allí presentes con nosotros pero no queremos verlos  y mucho menos hacerlos parte de una apropiación social para su cuidado. Y tampoco queremos descubrir en ellos el sustento histórico.

¿Qué tienen de común el petroglifo de la familia en La Tebaida, la cuadra patrimonial mejor conservada  de bahareque en Calarcá, el único bosque de palma de cera cultivado en Filandia y el postigo como supervivencia a arquitectónica de las casas antiguas?, que fueron creadas por los seres humanos en este territorio, desde las épocas prehispánicas, en el decurso del proceso colonizador y en los períodos recientes de su historia. Con su transformación forjaron un paisaje cultural, concepto este que tampoco hemos querido comprender.

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Una de las estrategias de conocimiento que se propone para el PCCC es la realización de rutas culturales. Luego de la obligada reclusión que nos dejó la pandemia de la Covid-19, el turismo se ha reactivado en la región. Varios nombres se proponen para llevarlo a cabo. Puebliar es el más castiza de las denominaciones. Turismo de cercanías, dentro de una manera interesante de motivación a visitar los vecinos municipios. Otra vez el turismo rural, con el retorno a la génesis de lo que fue esa modalidad en los años 90 del siglo XX.

Los elementos primordiales de tal estrategia turística son los mismos que están latentes en la vida cotidiana de nuestro territorio y han estado siempre allí para que sean incorporados a nuestras vivencias. El yacimiento arqueológico de La Tebaida es solo uno de los cientos de piedras grabadas de nuestro arte rupestre. El conjunto urbanístico de Calarcá es una de las cuatro cuadras continuas de bahareque del departamento. El sitio llamado “Paloterindio”, en el predio rural de Filandia, es un bosque protegido que fue iniciativa de un ambientalista soñador. El pequeño detalle arquitectónico conocido como “Postigo” es una de las singularidades de nuestra vivienda tradicional, en la segunda planta.

¿Nos hemos preocupado por conocer esos detalles, esos bienes culturales?, ¿Estará garantizada su permanencia en el tiempo, para que nuestros descendientes conozcan las realizaciones de sus ancestros?

Las rutas de turismo histórico y cultural es la modalidad que más se acerca al propósito de apropiación social del PCCC por parte de sus habitantes. Muchas son sus formas de llevarlas a la praxis y variadas serán las motivaciones que ellas despertarán, para transformar la mentalidad frente a la puesta en valor turístico del Patrimonio Cultural y Natural. 

Rutas sugeridas

   La ruta de la piedra. O ruta del arte rupestre.
   La ruta del bahareque.
   La ruta de los cementerios patrimoniales.
   La ruta antropológica de la muerte, en Circasia.
   La ruta de “los gavilanes” en Pijao.
   La ruta de los andenes grabados.
   La ruta de los museos en Filandia.
   La ruta de la arqueología en Quimbaya.
   La ruta de la historia, en Armenia.
   La ruta de la guadua y la tradición, en Córdoba.
   La ruta de la historia, en Génova.
   La ruta de la memoria visual y arquitectónica, en Calarcá.
   La ruta del Paisaje, en Buenavista.
   La ruta de la “historia más antigua”, en Montenegro.
    La ruta de la historia arquitectónica y fotográfica, en Salento.

 



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