Historia / MAYO 09 DE 2021 / 1 mes antes

Sobre la virgulilla, el porfirogénito y otras ocurrencias

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Sobre la virgulilla, el porfirogénito y otras ocurrencias

El significado de las palabras raras y el contenido textual sobre otros interrogantes son fácilmente consultados hoy en ese medio mágico llamado internet. 

En segundos se vuelca ante nosotros el millonario caudal de información, contenido en los portales a los que se acude a diario y en todo lugar. Por eso es fácil saber que la pequeña línea horizontal o curva que se coloca sobre la letra ‘N’ se conoce como virgulilla. O que el término porfirogénito o porfirogénita -que significa “nacido en púrpura o en el porfirio”- se usaba en las realezas para denominar al príncipe o princesa que nacía después de la coronación de su padre.

Igualmente, todo tipo de ocurrencias y de consultas -por desbaratadas que ellas sean- son explicadas por la increíble red de datos que conforman el mundo virtualizado en el que vivimos. Esto ocurre desde que la humanidad entró en ese sendero, el que hace posible el camino de la información. Hace varias décadas ello no ocurría con tanta soltura. La prensa impresa de antes -el mayor y único canal que suplía esos menesteres- presentaba en sus páginas muchas secciones -algunas ilustradas- para responder preguntas y hasta para resolver tareas escolares.

La sección más veterana de la prensa colombiana se llama “Preguntas y respuestas” y su creador es el columnista más antiguo del periódico El Espectador, un experto en materia musical llamado Manuel Drezner, quien publicó su primera entrega en 1949. Años más tarde, en 1968, el diario El Tiempo inició otra sección parecida, también de todos los días, llamada “Con usted”. Lo mismo aconteció en varios periódicos regionales, como La Patria de Manizales o El País de Cali, para referirme a los 2 más cercanos al Quindío.

No solamente eran esas secciones de prensa escrita las que respondían a los requerimientos académicos. También se presentaron pequeños espacios en esos periódicos, que reproducían formatos internacionales, donde se divulgaban datos acompañados de ilustraciones y dibujos. El más antiguo se conoció con el título de “Aunque usted no lo crea de Ripley”, creado por Robert Ripley en 1918. También circularon los cuadros ilustrados de las siguientes secciones: “Fronteras de la ciencia”, “Que se sepa”, “La naturaleza es así”, “Marcas mundiales” y muchos  más, los que eran consultados por miles de lectores de todos los países.

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Mientras tanto, algunas revistas de circulación internacional que también se publicaban en Colombia, reproducían el sistema de enciclopedia, especialmente dirigido a los niños, para informar sobre temas diversos. Una de las más conocidas se llamaba “El libro gordo de Petete”, creada por Manuel García Ferré, y que circuló entre 1974 y 1977. Su portada, donde aparecía un pingüino como el personaje de la historieta, invitaba a niños y adultos a repasar las páginas de su interior, donde se publicaban artículos agradables y variados, con frecuencia semanal, sobre ciencia, artes, ecología y otros temas.

A quién le puede interesar hoy, en pleno siglo XXI, la trascendencia lingüística o la importancia fonética que encierra la palabra virgulilla? O lo que representa para la etimología el significado del término porfirogénito, más allá de las fronteras de un país cortesano o donde exista todavía un rey? A pocas personas, seguramente. 

Sin embargo, durante varias décadas de publicación continua en la prensa escrita, tales secciones representaron para los lectores el más inmediato canal de resolución a sus inquietudes académicas y hasta para la satisfacción de curiosidades en su vida cotidiana.

Un repaso de dichos archivos nos deja el más interesante compendio de perfiles personales, que reflejan el mundo de sus imaginarios, así como los matices de diversos pobladores de Colombia, resumidos en aquellas preguntas que a diario se planteaban a los editores de las secciones publicadas. Se destacan la calidad y condición de las respuestas, contestadas con sumo cuidado, con la más prudente y elegante redacción, con la paciencia al máximo para las de corte político o de reclamo ciudadano y hasta de tono irónico, pero respetuoso para las preguntas difíciles o impertinentes. Tantos temas se alargaron en su explicación, otros se difundieron por el carácter especial. Algunos, como los que correspondían a literatura o poesía, se expusieron con profundidad. Y muchos más sobresalieron por sus atinadas respuestas, que denotaban la consulta de fuentes fidedignas o de referentes históricos no conocidos. 

Un ejemplo de ello lo explicó la sección “Con usted”, número 411, del sábado 3 de mayo de 1969, al contestar la siguiente pregunta, la 1367: “Cuál fue la intervención de Fidel Castro en el 9 de abril y qué repercusión ha tenido este golpe en el hemisferio?”. Una corta, pero acuciosa respuesta, acompañada de la foto perteneciente al archivo del periódico, sobre la posible identidad del dirigente cubano, y publicada por primera vez por el diario, dan cuenta detallada de aquel hecho histórico.

 

 

Mientras tanto, en la sección “Preguntas y respuestas”, todas las consultas, de todas las variantes y matices, representan las más disímiles inquietudes, en las que sobresalen también aquellas preguntas absurdas o sin respuesta: ¿Qué es el báratro?, ¿por qué dicen que a los niños los traen las cigüeñas?, ¿Es inmoral la desnudez?, ¿qué es un ambigú?, ¿Por qué cuando se quiere expresar pobreza extrema se dice que la persona es más pobre que un ratón de iglesia?, ¿cómo funciona el detector de mentiras?, ¿un mentiroso, sabiendo cómo funciona, podría derrotarlo?, ¿qué cuidados y qué alimentación deben seguirse para enseñar a hablar a un par de loros?, ¿podrían ustedes transcribir el hermoso y satírico poema a la marquesa de Sofraga, de Ismael Enrique Arciniegas?, ¿quién era Cofetua?, ¿quién fue el papá de Nerón?, ¿qué es la docena de panadero?, ¿qué es más rápido, un dromedario o un camello?, ¿cuál es la razón por la cual a los bandidos se les llama apaches?, ¿qué es la trincafia?

Abundaron las preguntas de más rebuscada respuesta: ¿Una cebra y una burra pueden tener descendencia?. La respuesta es la cebrula. ¿Cómo se llama la cresta del gallo?. La respuesta es carúncula.

De miles de inquietudes sorprendentes, alguna de ellas corresponde a lo que yo llamaría la “pregunta respuesta”, como la muy pintoresca, enviada por un colaborador de Magangué: “Ustedes dijeron en una respuesta, refiriéndose a las lágrimas de cocodrilo, que no era cierto que este bicho llorara, y mucho menos cuando come algo. Me permito informarles que la conformación de la boca del cocodrilo es tal, que cuando su hocico está lleno y hay presión sobre la parte superior del paladar, ella hace que se abran las glándulas lagrimales y efectivamente le salen lágrimas al comer...”.

Y no podía faltar la que se refiriera al contexto cultural del Quindío  y el Eje Cafetero, como la siguiente: ¿Por qué el jeep se llama jeep? La respuesta: “Cuando se inventó, durante la Segunda Guerra Mundial, se le llamó General Purpose Car y se abreviaba G.P. Estas letras se pronuncian yi pi, y de ahí proviene el nombre de Jeep...”.




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