Historia / SEPTIEMBRE 05 DE 2021 / 1 mes antes

Un Centro Literario con la herencia del rocío de Mario Sirony

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Un Centro Literario con la herencia del rocío de Mario Sirony

Óleo expuesto durante la inaguración del centro literario.

Merecido homenaje rinde la administración municipal de Salento a un poeta de la tierra, fallecido en Bogotá en el mes de diciembre de 2019. A través de su biblioteca pública, nace el Centro Literario Mario Sirony.

Me recuerda ello la vida escolar de los años 60, cuando en el salón de clase nos reuníamos los estudiantes de entonces alrededor de la producción literaria, la demostración histriónica, la declamación y la narración oral. Era una oportunidad que teníamos, en los cursos de bachillerato, para dirigir nuestras propias iniciativas, siempre en torno a la literatura. 

Nos animaba el profesor de la clase de español, pero en realidad era un aliento que nos daba el docente para dar rienda suelta a nuestra imaginación y entusiasmo. Era, para muchos de nosotros, la ocasión perfecta para lucirnos delante de los demás compañeros en materia de las artes literarias. 

Esperábamos con ansia —generalmente un viernes— que llegara este último día de la jornada escolar para conocer el talento artístico y la habilidad en  escritura creativa de nuestros compañeros de aula. Además era el día preciso, pues nos preparábamos para el descanso sabatino y por esa razón teníamos toda la disposición para escucharnos. Muchos continuábamos con la rutina de la lectura durante el fin de semana, devorando los contenidos de las enciclopedias y los libros que se encontraban en los estantes de nuestras casas. Era, además, una pausa en la resolución de las tareas de otras asignaturas y que debíamos llevar hechas el día lunes.

Así conocí —cuando solo tenía 13 años— a muchos autores universales y también a los colombianos ya desaparecidos, como Tomás Carrasquilla y Jorge Isaacs, entre otros. No podían faltar los que ya para entonces sobresalían en el cultivo de las letras, como Gabriel García Márquez. O hasta los que revolucionaban con sus  poemas y sus músicas, como Gonzalo Arango y Pablus Gallinazus.

La oportunidad que tiene Salento —a partir de la instalación de un centro literario— no es solo conocer la obra poética de Mario Sirony Vega Salazar, más conocido solo por su nombre, Mario Sirony, será para recorrer los fragmentos literarios de Álvaro Mutis y otros escritores. 

También para solazarse con los ambientes, las estancias y los personajes que el llamado “poeta del rocío” introdujo, con la  fragancia de las montañas de esta tierra, en sus poemas. Allí están para recordar —o para conocer por primera vez, en la vida de muchos salentinos— los versos del escritor, dirigidos a  enaltecer su tierra natal y al valle de Cocora. 

En su poema díptico titulado ‘Acuarela de Salento’, el poblado se refleja como el bello caserío que es, al divisarlo desde la carretera central. Así lo describe Mario Sirony, en el momento de su escritura, y cuando era pequeño en su extensión superficiaria urbana:

Ha crecido mi aldea.

En la piel de sus huertos

donde los farolillos oscilantes

de la mora, la uchuva y la manzana

aromaban los cercos,

hoy las tapias hilvanan 

su cortina de limo sostenida

por los frágiles brazos de la guadua.

Y al valle de Cocora lo retrata así con su río:

Este es el valle de Cocora

tatuado de silencios y de trinos.

Del propio cielo bajan

los móviles zafiros

y las garzas de espuma

de su río,

donde repiten las plateadas truchas

la ronda de los niños

y, de noche, se ahogan las estrellas

lloradas por el requiem de los grillos,

mientras prenden los ágiles cocuyos 

sus diminutos cirios.

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El bardo también le canta, en su poema ‘Celeste umbral’, al santuario de Monserrate de Bogotá. Igualmente a la capital de Boyacá en su ‘Tríptico de Tunja’, al nevado del Ruiz y Manizales, a Salamina, a la tierra nariñense y otros lugares. Con agradecimiento traslada su inspiración poética al país vecino que lo acogió y de donde egresó en la Universidad Católica de Ecuador, en el área de teología.

En su efluvio creativo estuvo presente el mensaje a los desvalidos o a los niños desprotegidos. Así lo atestiguan sus poemas titulados ‘Seis momentos de un gamín’ y ‘La balada del niño de los tugurios’. O el homenaje y dedicación de sus poemas a hombres y mujeres de la vida regional y nacional. Entre ellos está uno muy emotivo, titulado ‘Eladia mujer de América’, referido a Eladia Mejía, una educadora que “construyó en su país más de un centenar de escuelas y por ello obtuvo altos galardones nacionales e internacionales”. Su epígrafe se relaciona con esa mención, evocando la frase célebre de la poeta chilena Gabriela Mistral: “Haz que haga de mi espíritu mi escuela de ladrillo”.

Un centro literario para Salento —desde la poética de Mario Sirony— será el mejor regalo para los quindianos, porque volveremos a evocar esta tierra de café, guaduales y palma de cera, y la que Mario Sirony versificó, con dedicación a 10 de sus 12 municipios, en el poema ‘Oda a los pueblos que rodean el río Quindío’.

Servirá este recinto del saber para querer más a Salento, la “aldea” donde nació Mario Sirony en el año 1923. Será igualmente un generador de la efeméride del centenario de su natalicio, en el año 2023, y el lugar donde siempre se reciten sus poemas, incluido el más sensible de todos, titulado  ‘Dulce aldea nativa’, también dedicado a Salento. Así dice la primera estrofa, del que yo considero es otro de los himnos para homenajear al ‘Municipio Padre’ del Quindío:

Dulce aldea nativa,

de brisas y perfumes constelada,

déjame que reviva

mi ventura pasada

mirándote en la altura sosegada.



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