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Mundo / JUNIO 23 DE 2024 / 3 semanas antes

Ardem Patapoutian, una vida ejemplar  

Autor : Diego Arias Serna  

Ardem Patapoutian, una vida ejemplar  

Observando detenidamente lo que ha sido la vida del Premio Nobel de Medicina, Ardem Patapoutian, no suscita más que admiración. Un gran ejemplo para las nuevas generaciones.

“El dolor está en el cerebro: puede sentirlo en una parte del cuerpo que ya no tiene”: Ardem Patapoutian. Afirmación publicada en el periódico El País de España con motivo de su Premio Nobel.
 

Las guerras, además de refugiados y dolor, en pocos casos ha llegado a producir un Premio Nobel, como sucedió con Ardem Patapoutian (Beirut, 1967). Él, junto con David Julius recibieron el galardón de medicina en el 2021, por descubrir los receptores de la temperatura y del tacto. Es decir, pudieron explicar cómo es que nuestro cuerpo siente el calor y percibe el abrazo del ser que amamos, como expresó la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Suecia en octubre de ese año.
 
Los dos científicos estudiaron y explicaron cómo es que nuestros cuerpos convierten las sensaciones físicas en señales eléctricas en el sistema nervioso. Aún más, ellos dieron ideas a los médicos acerca de nuevas formas de tratar el dolor. La importancia de este hecho lo explicó esa entidad expresando: “El calor, el frío y el tacto son cruciales para percibir el mundo que nos rodea y para nuestra propia supervivencia. Pero cómo los detectan nuestros cuerpos había sido uno de los grandes misterios de la biología”.
 
Julius es un bioquímico estadounidense y recibió el Nobel con 65 años. Actualmente es profesor de la Universidad de California en San Francisco.
Por su parte, Patapoutian fue laureado con 54 años, es un biólogo estadounidense de origen libanés, y llegó a EE. UU. huyendo del conflicto de ese país. Hoy forma parte de The Scripps Research, un centro de investigación sin ánimo de lucro especializado en ciencias biomédicas en California.
 
En octubre del 2021, por este mismo medio, el artículo dominical presentó detalles del trabajo de los dos científicos laureados. En esta ocasión, se presentan aspectos del trabajo de Patapoutian, y se resalta que, en EE. UU. él se ayudó para estudiar vendiendo pizzas y escribiendo horóscopos. Con tesón y convencido de lo que quería para su futuro, forjó su formación de pregrado, y mostrando su capacidad científica, fue labrando su espacio académico y científico, en el país en el que muchos fijan su sueño, pero no se consagran para realizarlo. 

Con 18 años, llegó a EE. UU. 

Por la ejemplar y edificante historia que hay detrás de Ardem Patapoutian, este artículo se dedicará exclusivamente a él. Desde sus ancestros estuvo ligado a conflictos y refugios. Es nieto de huérfanos del genocidio de los armenios que se establecieron en el Líbano, país multicolor, originario de etnia árabe, pero también con influencia aramea, kurda, de Armenia, judía y francesa. Por su posición privilegiada en la costa del Mediterráneo ha sido víctima de muchas invasiones. Por ejemplo, los fenicios se establecieron allí en el 2.500 a. C. Y en los tiempos recientes, fueron los franceses.

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Después de que unos milicianos lo retuvieran durante horas y amenazaran con dispararle, huyó de la guerra civil en su país. A los 18 años su familia lo envió a Estados Unidos con dos mil dólares en el bolsillo y una visa de estudiante. Su situación económica lo llevó a vender pizzas para costearse sus estudios, haciéndose biólogo y luego neurocientífico. Como él afirma: “he tenido que probar mi valía por ser refugiado”. Su dedicación científica lo convierte en un referente del estudio del dolor. También revela: “Tenemos un sexto sentido que la mayoría desconoce y que paradójicamente es el más importante”.
 
De su faceta de refugiado no se dijo mucho cuando obtuvo el Nobel. El hecho lo divulgó Noa de la Torre en el periódico El Mundo de España, y fue actualizado el 11 de junio de 2024. Noa colabora con la Cadena Ser de España y la radio televisión valenciana, también española. Como ejemplo de vida para las nuevas generaciones, es pertinente divulgarlo, y porque la juventud necesita conocer actitudes positivas que señalen rutas de superación ante situaciones retadoras. Obvio que lo ideal es que la humanidad vaya terminando con los conflictos, y que los pueblos no tengan que asumir, por necesidad y para proteger sus vidas, el flagelo del desplazamiento y el refugio.
       
Sigamos, entonces, con apartes de sus aportes científicos. Hizo un experimento que condujo al hallazgo de un tipo diferente de receptor que se activa en respuesta a la fuerza mecánica o al tacto. Otras pruebas mostraron que el receptor respondía al calor y se activaba cuando había temperaturas que afectan el cuerpo. Así sucede, por ejemplo, si nos quemamos la mano con una vasija con líquido caliente.
 

El sensor de calor, vinculado con el dolor  

El científico libanes, y hay que decir que junto con su compañero Nobel, demostraron que los sensores táctiles y de temperatura tienen un papel importante en el cuerpo y en cómo se manifiestan algunas enfermedades. El sensor de calor, llamado TRPV1. está involucrado en el dolor crónico y en cómo nuestro cuerpo regula su temperatura central. Patapoutian utilizó células sensibles a la presión para descubrir una nueva clase de sensores que responden a estímulos mecánicos en la piel y los órganos internos.
 
La importancia de apreciar la temperatura, el tacto y el movimiento está en que es esencial para nuestra adaptación al entorno en constante cambio, siendo una preocupación de los pensadores en el pasado. Se conoce que, en el siglo XVII, el filósofo René Descartes imaginó unos hilos que conectaban distintas partes de la piel con el cerebro. De este modo, un pie que tocara una llama abierta enviaría una señal mecánica al cerebro. Esta idea abrió el camino para que más delante se originaran nuevos descubrimientos. que revelaran la existencia de neuronas sensoriales especializadas.
 
Estas neuronas registran los cambios en nuestro entorno. Luego vienen las recompensas: Joseph Erlanger y Herbert Gasser recibieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1944 por su descubrimiento de diferentes tipos de fibras nerviosas sensoriales que reaccionan a estímulos distintos, por ejemplo, en las respuestas al tacto doloroso y no doloroso.
 
Desde entonces, se ha demostrado que las células nerviosas están altamente especializadas en la detección y transducción de distintos tipos de estímulos, lo que permite una percepción matizada de nuestro entorno. Esta interacción de los sensores de nuestro cuerpo con el ambiente facilita que nos movamos con seguridad, y Patapoutian ha contribuido a que esto sea posible.   


El tacto nos conecta

En 2020 Ardem Patapoutian recibió el Premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA, banco Bilbao Vizcaya Argentaria. Concedió una entrevista a la revista española XLSemanal (XLS). Aquí, algunos apartes de la publicación:
 
XLS: El tacto nos conecta con otros seres humanos. Es el lenguaje de las caricias, pero también del dolor.
 
AP: Sí, el tacto tiene un componente afectivo muy importante, pero también tiene una cruz: el dolor. Y, aunque la proteína que detecta tacto y dolor es la misma, las neuronas que los descifran son diferentes. Sin embargo, interactúan. Si usted se golpea un dedo con un martillo, lo primero que hace es frotarlo. Es una reacción instintiva. Ahora sabemos que las neuronas del tacto inhiben las neuronas del dolor; se comunican unas con otras en la espina dorsal.
 
XLS. El dolor puede hacer que la vida sea insufrible. ¿Conseguiremos algún día una vacuna? A.P. Ojo. Sentimos dolor porque es esencial para nuestra supervivencia. Hay personas que carecen de un canal en las células para sentir dolor. Pueden caerse de escaleras, romperse un hueso, clavarse un cuchillo... y no sienten nada. Uno de esos individuos se tiró de un tercer piso pensando que iba a sobrevivir. Creía que era invencible. XL. No todos los dolores son iguales. A.P. Hay que distinguir entre el dolor agudo, cuando recibimos un golpe o nos quemamos, y el dolor crónico, cuando las neuronas envían una señal equivocada.
 
 


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