l

Mundo / MAYO 12 DE 2024 / 1 mes antes

Mauricio Diazgranados, ‘habla’ con plantas

Autor : Diego Arias Serna     

Mauricio Diazgranados, ‘habla’ con plantas

Foto : Sería imposible hablar de la vida del colombiano Mauricio Diazgranados, director científico del Jardín Botánico de Nueva York, sin su íntima y estrecha relación con la naturaleza.

“Por supuesto que la ciencia está para investigar, para entender la naturaleza, pero también para ayudarnos a proteger el planeta y mejorar nuestra calidad de vida”: Mauricio Diazgranados.

Que hay colombianos con mucha ‘savia’ para recorrer las plantas y defender la naturaleza, nos lo demuestra el biólogo Mauricio Díazgranados, quien el Jardín Botánico de Nueva York, siendo el primer colombiano en llegar a tan importante cargo, después de dirigir el Jardín Botánico de Bogotá y el de Londres, destacándose por su sabiduría y compromiso con la naturaleza, en particular los frailejones y los hongos.

 Él, como los campesinos de nuestro país, ha estado en medio del conflicto. Como lo narra el escritor Julio Villanueva Chang en su artículo: “Un científico del paraíso”, publicado en El País de España. “El biólogo, que ha sobrevivido a balazos, encuentros con grupos armados y una explosión, cree que el estudio de las plantas y los hongos pueden evitar el fin de nuestra especie”, agregando que “hay algo de humor en el alma de un botánico, alguien a quien las plantas protegen contra la incesante cagada de la especie humana”.  

 Recordó que “llevaba siete años en Londres en el Real Jardín Botánico de Kew, donde buscaba en las plantas soluciones a problemas sociales. Y, después de que un cazatalentos lo convenciera, se convirtió – desde finales de junio 2023 -, en el director del mayor epicentro de investigación de plantas y hongos del mundo”.  Y no es el primer colombiano vinculado con tan importante jardín. Allí estuvo Enrique Forero (1942-2023), quien fue presidente de la Academia de Ciencias Exactas Físicas y Naturales; además, se han formado del orden de 16 doctores en los últimos años. 

Lea también: AstraZeneca admite efectos secundarios raros en su vacuna COVID-19

 Díazgranados es considerado uno de los grandes expertos en frailejones, explicando que “hacen parte de mi pasión desde hace muchísimos años, desde que era un caminante de los páramos y sigo trabajando con ellos en la medida de lo posible”. Tiene un profundo sentido social, por lo que expresa: “cómo explicamos, por ejemplo, que las zonas más pobres son las que tienen mayor biodiversidad, cómo, desde la investigación, podemos usar esos recursos de manera sustentable y cómo podemos mejorar la calidad de vida de las personas”.

Sobreviviente de atentados

Como se dice popularmente, “tiene casi las siete vidas del gato”, lo cual Villanueva Chang sintetiza así: “en los noventa, entre los 17 y 30 años Diazgranados sobrevivió a varios episodios en Colombia: 1. En un caserío en el departamento de Antioquía, él y otros estudiantes de biología oyeron un tiroteo. Una bala de paramilitares hiere al novio de su hermana, un alumno de biología marina que muere desangrado en brazos de ella. 2. Dos hombres y dos mujeres voluntarios de guardabosques en el parque nacional natural de Sumapaz son retenidos por guerrilleros de las Farc, quienes los acusan de ser informantes del Ejército y empiezan a acosar a las chicas”.

Reveló igualmente que “Diazgranados, uno de los voluntarios, ha estudiado fotografías de esas montañas y, de memoria, con una temperatura bajo cero, sin linternas ni equipaje, escapan montaña arriba. 3. En compañía de un amigo retira dinero de un banco en Bogotá y lo guarda en un bolsillo interior de su chaqueta. Unos delincuentes le disparan tres balas a quemarropa. Dos en las piernas y una en el pecho. Un cuarto de siglo después, le molesta la rodilla. Una de las balas sigue allí”.

En la nota del periódico madrileño sigue exponiendo esa vida trágica del investigador: “A los 30 años cuando enseñaba botánica en la Universidad Javeriana, Díazgranados salió a un trabajo de campo con tres estudiantes, un guía y un perro. Subían a un páramo en el departamento de Boyacá, una zona donde operaban las Farc. “Sólo me recuerdo volando hacia atrás y cayendo sobre una cama de helechos”. Creía haber pisado una mina. “Nos habían disparado un cohete desde la montaña de enfrente”. Un árbol absorbió la onda explosiva. “Todo es mejor de lo que uno piensa cuando recuerda que podría estar muerto”, dice ahora el sobreviviente”.

Haciendo referencia a su experiencia como soldado, escribió: “era un Ejército que combatía a guerrilleros, paramilitares, narcos. El rigor militar lo preparó para sobrevivir en hábitats amenazados. Hoy agradece ese entrenamiento como una anestesiado”. Y a pesar de esa vida de tanta zozobra, y que lo vegetal escasamente hacía contacto con su cuerpo, su idea de la botánica siempre ha estado presente.  

Las comunidades deben participar

En las plantas, Diazgranados ve esperanza para el futuro de la humanidad. Como narra Villanueva Chang: “el científico ha decidido conversar con todas las comunidades – indígenas, científicos, religiosas – para recuperar la abundancia, la diversidad y la resistencia de las especies botánicas. Ha decidido pelear desde sus actos microscópicos contra la bomba climática y a favor de la seguridad alimentaria y la calidad del aire. Es la primera vez que un director científico del jardín viene de la misma región que gran parte de sus más distinguidas colecciones tropicales”.

Presentándolo como un científico optimista, comenta: “Diazgranados no cree en el apocalipsis. Cree en un jardín botánico cuyas investigaciones usen inteligencia artificial, drones y análisis de ADN in situ para acelerar la identificación y el descubrimiento de especies. Cree en nuestro derecho natural de administrar un lugar verde. Cree en que podemos evitar el fin de la especie humana. Conseguir un futuro en el que hayamos estabilizado los niveles de gases de efecto invernadero en la atmósfera, en el que hayamos detenido la degradación de la biodiversidad y estemos en vías de recuperar ecosistemas autóctonos”.

Refiriéndose al colombiano manifiesta: “el botánico es un clarividente que combate nuestra ceguera ante las plantas, y pasándole la voz a Diazgranados quien afirma en su artículo: “Hay unas 400.000 especies en el mundo. Yo me sabré 4.000 o 5.000”, dice como quien tuviera una deuda con el universo”. Villanueva Chang resalta una afirmación categórica del científico: “podemos prescindir de los animales, pero no de las plantas”. 

Lea también: Del terror sexual al psicológico: así parten al exilio las periodistas latinoamericanas

También subraya otro convencimiento del científico: “nos vestimos con plantas, construimos nuestras viviendas con plantas, estamos sentados sobre plantas y estamos almorzando plantas. Y si nos sentimos mal, buscamos plantas para curarnos”. Y con todo, dice, sufrimos de una incapacidad de reconocerlas, de la soberbia de creer que son inferiores a los animales y al ser humano, de la estupidez de ignorarlas a pesar de que moriríamos sin ellas”.  

Aportar soluciones al mundo

Mauricio Diazgranados, recién nombrado director, motivó a la periodista ambiental de EE.UU. Jennie Erin Smith, a publicar en The New York Time el artículo: “Un botánico con prisa”. Apartes se publican en esta entrega dominical. Inicia exponiendo: “los frailejones pertenecen a la familia de los girasoles, son unos miembros de gran tamaño con tallos gruesos y coronas de hojas puntiagudas y peludas. Envueltos en la bruma de unos páramos tropicales fríos, húmedos y casi desarbolados, evocan a los monjes españoles que les dan nombre”. El botánico advierte que “cerca del 60% de las especies de frailejones que tenemos en el país están amenazadas.                                     

Reseña igualmente que “Mauricio Diazgranados, el nuevo director científico del Jardín Botánico de Nueva York, tuvo su primer encuentro con ellos en Bogotá, Colombia, cuando era adolescente y en una ocasión salió solo a sobrevivir en el páramo de un parque nacional cercano. Todavía conserva fotos de aquella aventura de tres días, en la que terminó hambriento, empapado y tuvo que ser rescatado por unos campesinos. La pasión por los páramos y sus plantas de otro mundo nunca lo abandonó, ni siquiera cuando Diazgranados, que ahora tiene 48 años, se embarcó en una carrera itinerante ocupando puestos de investigación en Estados Unidos, Colombia e Inglaterra, antes de llegar al Bronx en junio”.

Destacando su sensibilidad social, retoma palabras del biólogo: “ha llegado el momento de que instituciones como el Jardín Botánico de Nueva York empiecen a aportar soluciones al mundo, No podemos seguir haciendo ciencia como estamos acostumbrados. ¿Podemos seguir yendo al campo, trayendo y describiendo nuevas especies mientras el mundo entero se desgarra y arde? ¿Mientras nos llega a Manhattan el humo de todos los incendios?”.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

Comentarios Bloqueados solo suscriptores

  • Suscríbase a nuestra página web y disfrute un año de todos nuestros contenidos virtuales.

Acceda sin restricciones a todos nuestros contenidos digitales


copy
© todos los derechos reservados
Powered by: Rhiss.net