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Por Ejemplo / JUNIO 08 DE 2024 / 1 semana antes

El vuelo fallido del helicóptero

Autor : Javier Gómez Giraldo

El vuelo fallido del helicóptero

Helicóptero accidentado. Nótese la punta de la hélice destrozada y al fondo el poste metálico partido.

Se cumplieron 30 años de un poco recordado accidente aéreo en Armenia.

El día jueves 2 de junio de 1994 un helicóptero perteneciente a la fuerza aérea del Ejército Nacional transportó hasta el municipio de Quinchía, Risaralda, a los gobernadores de Caldas, Quindío y Risaralda, a un encuentro con el presidente de la República, César Gaviria Trujillo para la celebración del día nacional del Campesino. Terminada la ceremonia, el mismo helicóptero llevó de regreso a sus respectivas ciudades de origen a los tres gobernadores de los departamentos del Eje Cafetero. 

El lunes 6 de junio de 1994, a las diez de la mañana sonó el teléfono en la gerencia de Prominex S.A., situada en ese entonces en las oficinas de la Cámara de Comercio de Armenia. 

Se trataba de una invitación de la gobernación del Quindío para la gerencia y la junta directiva de la empresa con el fin de efectuar un sobrevuelo por las áreas rurales de los municipios de Armenia y La Tebaida en compañía del gobernador del Quindío Mario Gómez Ramírez quien, para el efecto, logró a través de una gestión con la tercera división del Ejército Nacional, que dicho vuelo se realizará en el mismo helicóptero que días atrás había transportado a los tres gobernadores de los territorios que conformaron el Viejo Caldas. La cita para el evento se fijó ese mismo día lunes 6 de junio para la 1:30 de la tarde en el comando del Batallón Cisneros situado entonces en los terrenos contiguos al viejo y famoso estadio San José de la capital quindiana. 

La empresa Prominex S.A. era la promotora de infraestructura para comercio exterior, sociedad anónima público-privada conformada por el departamento del Quindío, los municipios de Armenia y la Tebaida y cien inversionistas privados. 

En ese momento la empresa se encontraba en la tarea de adquirir 20 cuadras de tierra para la instalación de la Zona Franca del Quindío, la que justamente hoy funciona unos kilómetros al sur del municipio de La Tebaida. 

Se trataba entonces de observar desde el aire la localización de tres lotes de terreno que, sobre planos, la junta directiva de la empresa venía estudiando de tiempo atrás, para que una vez se adquiriera el terreno elegido este fuera sometido a la aprobación del Ministerio de Comercio Exterior junto con los estudios de prefactibilidad exigidos para el funcionamiento de una zona franca en el país. 

A la hora indicada fuimos recibidos en el Batallón Cisneros por el comandante de la octava brigada coronel Gustavo Mantilla Ortiz y el comandante del batallón Cisneros teniente coronel Darío Octavio Riveros Barbosa. Luego de los saludos protocolarios de rigor, nos dirigimos de inmediato al campo de fútbol del batallón donde nos esperaba el helicóptero en donde ya estaban debidamente instalados el piloto, el copiloto y un fotógrafo oficial, todos pertenecientes a las fuerzas armadas colombianas. 

Tomamos asiento en el helicóptero las siguientes personas: Mario Gómez Ramírez, gobernador del departamento; Luis Fernando Velásquez Botero, secretario de obras públicas, Javier Gómez Giraldo, gerente de Prominex, y los miembros de su junta directiva Ricardo Arcila Giraldo, Eduardo Jaramillo Ochoa y Gustavo Chacón Cardona. 

Se cerraron las dos puertas laterales de la nave y se encendió el motor que al cabo de unos 30 segundos levantó al aparato a más o menos un metro del suelo, retrocedió unos dos metros e inició pesadamente su ascenso en forma oblicua hasta alcanzar una altura aproximada de 50 metros. Cuando el helicóptero fue a iniciar su vuelo horizontal ascendente se sintió un golpe fuerte y seco como cuando se quiebra la rama gruesa de un árbol. Nadie entendía qué había pasado, pero todos sabíamos que estábamos en problemas. En medio del silencio sepulcral dentro de la nave, se oyó la voz del piloto: ¡¡¡ES EL ROTOR DE COLA !!!! y no volvió a pronunciar palabra. 

El aparato perdió su estabilidad de vuelo y comenzó su errático descenso con un vaivén de izquierda a derecha siempre sostenido por la hélice mayor que afortunadamente seguía funcionando, mientras el compañero Gustavo Chacón Cardona, que venía sentado en la silla central de la fila trasera, soportaba estoicamente, la caída de un diminuto hilo de aceite sobre su cabeza, proveniente del reventado rotor de cola. 

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Sobre la pista que rodeaba la cancha de fútbol, se encontraba un pelotón de soldados en traje de fatiga cargando sus fusiles y su equipo de campaña en una sesión de entrenamiento militar. Desde el helicóptero, que venía en caída, alcanzamos a divisar cuando los militares al ver que el monstruo se les venía encima tiraron sus equipos y sus fusiles, corriendo despavoridos a buscar refugio. 

Mientras tanto el helicóptero, en su caída sostenida, se encontró con un poste metálico de alumbrado de unos 12 metros de altura y con una de las dos aspas de su hélice en movimiento lo partió en dos y de inmediato se inutilizó el conjunto de la hélice mayor. Fue en ese momento cuando el aparato se precipitó a tierra pesadamente. 

Ya en tierra y milagrosamente todos sin un rasguño, abrimos las puertas de la nave, nos lanzamos al piso y esa tarde tenebrosa, sin querer queriendo, todos batimos el récord nacional de los 100 metros planos. Creíamos que el aparato se incendiaría como generalmente ocurre en casos similares. 

Pasado el gran susto, en pocos minutos volvió la calma y vinieron los saludos y los abrazos entre quienes ocupábamos la aeronave accidentada. Fuimos invitados por el comandante del batallón a sus oficinas del comando y allí nos encontramos con el comandante de la Brigada quien por la rapidez con la que sucedieron los hechos no se habla todavía retirado de la instalación militar. 

De pie y en amable rueda de amigos los civiles accidentados comentábamos lo sucedido y cada uno expresaba sus sentimientos al respecto del accidente, cuando de repente el comandante del batallón destapó una botella de whisky que amablemente nos ofreció para calmar los nervios, la cual fue consumida a pico de botella en tan solo dos rondas. 

Finalmente, cada uno de nosotros regresó a casa al final de la tarde, dando gracias a la divina providencia por haber resultado ilesos de este accidente aéreo.  

El viernes siguiente 10 de junio de 1994 el gobernador del Quindío Mario Gómez Ramírez invitó a una misa de acción de gracias, celebrada en el despacho de la gobernación, oficiada por el presbítero Carlos Eduardo Osorio Buriticá quien en ese entonces se desempeñaba como capellán de la gobernación y quien más adelante, el 1 de enero de 2016, veintiún años y medio después se posesionó como flamante gobernador del departamento del Quindío. 

*ingeniero civil; exgerente Sena Quindío, Empresa de Desarrollo Urbano y Prominex S.A. 


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