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Quindío / AGOSTO 30 DE 2020 / 3 años antes

Perder a su familia también le robó la salud mental

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Perder a su familia también le robó la salud mental

Orlando Lasso Gutiérrez aún recibe ayuda psicológica para superar su duelo. En la actualidad busca empleo en fincas. Si lo desea ayudar lo puede llamar al 312 282 49 37.

Casi 2 años después de que su esposa y sus tres hijos murieron sepultados por un alud de tierra, a Orlando Lasso no le han dado la casa que le prometieron. 

El primer día del mes más alegre del año en el 2018, paradójicamente fue el más catastrófico para Orlando Lasso Gutiérrez, porque un deslizamiento de tierra en la escuela de la vereda Travesías de Calarcá acabó con lo que más amaba, se le llevó a sus 3 pequeños hijos y a su adorada esposa. 

“El 7 de diciembre de 2019 compré dos paquetes de velitas y los prendí, pero me puse a llorar al recordarlos y al verme solo”. No era para menos. El pasado fin de año fue el segundo que Orlando Lasso Gutiérrez estuvo sin la entrañable compañía de su esposa y de sus tres hijos. Ese 1 de diciembre se cumplió un año de ese doloroso suceso que le sepultó la vida a esos seres que tanto adoraba. Desde entonces la existencia para él no sido la misma. 

Aseguró que nadie le ha dado empleo en todo este tiempo y que no tiene en los bolsillos dinero ni para comprar una gaseosa. Cada 24 de diciembre este labriego solía estar con sus tres adorados hijos: Andrés Felipe, Jhon Fredy y Leison Stiven Lasso Buriticá. Jugaban, conversaban y se reían.

El solo hecho de tenerlos cerca a ellos y a su esposa, Deisy Buriticá Castaño, era motivo de felicidad. Pero en la anterior Navidad todo fue distinto. Mientras otros a su alrededor vibraban de alegría rodeados de sus seres amados, él no tuvo motivos para festejar porque los suyos ya no estaban más que en sus tristes recuerdos. Entonces, a las 9:00 de la noche, sumido en la nostalgia, se acostó a tratar de conciliar con sueño esos amargos sentimientos.  

Corría la segunda semana de diciembre de 2018 y a las 2:00 de la madrugada de uno de esos días Lasso Gutiérrez estaba desvelado en la casa de un amigo que, con cariño, lo había acogido en medio de su dolorosa situación. El desespero, la tristeza y el sentimiento de desolación lo invadían en medio de una ansiedad que lo hacían caminar de un lado a otro sin rumbo fijo. Por su mente lo único que pasaba, una y otra vez, como si fuera una película de terror, eran esas imágenes tiernas y amorosas de sus seres queridos cuando estaban vivos. Aunque días antes eso lo llenaba de alegría, en ese momento las añoranzas y las melancolías le carcomían el corazón y se lo dejaban lacerado. 

Lasso Gutiérrez, que siempre se ganó la vida de mil maneras en el campo,  tenía un machete en la mano, pero en aquella ocasión no era para cortar la maleza, sino su propia vida. Sin ellos, su existencia parecía no tener sentido. Pensaba, quizás, que sí cometía eso que muchos calificaban como una locura, se podría reencontrar allá, en el otro plano, con esos seres que le habían dejado un vacío tan grande para sentirse pleno nuevamente. 

Sus intenciones de autodestrucción fueron muy evidentes, tanto que ese amigo que le tendió la mano también la usó para despojarlo a tiempo de esa arma letal con la que pronosticaba un futuro más oscuro aún. Esa fue tan solo una de las muchas secuelas psicológicas que le dejó el hecho de perder abruptamente a su familia, que era su mayor riqueza y lo que más amaba en este mundo. 

Cuando se le recuerda su tragedia habla, habla y habla, como tratando de sacar a flote ese nudo en la garganta que no lo ha dejado vivir en paz y esos hechos que le dejaron una visión pesimista de su existencia y de los políticos, a quienes no ver ni en pintura. 

Lasso Gutiérrez aseguró que la exalcaldesa de Calarcá, Yenny Alexandra Trujillo, le prometió que en tres semanas, posteriores a la desgracia, le iba a dar una casa amoblada, pero hasta el sol de hoy la única vivienda que posee es la que le brindan temporalmente algunos amigos que han sido solidarios con su situación y le han dado posada. 

“Yo no le creo nada, solo le creo a Dios. Si yo no creyera en Dios estaría loco”. Este hombre, de 51 años, afirmó que en muchas ocasiones fue a la alcaldía de la Villa del Cacique a pedir apoyo, pero siempre le salían con evasivas. “Llamo por celular a la exalcaldesa y ella identifica mi número y no me contesta”. 

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Está priorizado como beneficiario: alcaldía 

Frente a esas afirmaciones, la alcaldía afirmó, a través de su oficina de prensa, que “el señor Lasso Gutiérrez se encuentra priorizado para ser beneficiario de vivienda al ser damnificado de la desgracia de la vereda Travesías. Esta priorización se llevó a cabo en el Consejo Municipal de Gestión del Riesgo y actualmente se encuentra en proceso administrativo y jurídico con el fin de materializar la entrega de vivienda que busca que sea establecida en un proyecto a realizarse en el corregimiento de Barcelona”.

Lasso Gutiérrez aseguró que un abogado de la Defensoría del Pueblo puso una tutela para hacer efectiva esa promesa que le hizo la exmandataria local, pero lo que le respondieron fue que no había casa para él. Añadió que las del corregimiento de Barcelona ya las terminaron, pero las tienen para negocio y ve muy lejana la posibilidad de que le cumplan ese deseo de tener las escrituras de una. 

En el mismo comunicado informaron que esa entidad estatal le ofreció a Lasso Gutiérrez una vacante para laborar, pero este la rechazó. El hombre aseguró que, aunque no conocía qué labores tenía qué desempeñar, su negativa se debió a que mientras su familia estuvo viva siempre le pidió apoyo a la administración municipal, pero nunca le llegó y entonces ahora, que ya estaban muertos, no le veía mucho sentido a aceptarlo, pese que reconoció que tenía diversas necesidades. Al hablar de la exalcaldesa Trujillo a este hombre le hierve la sangre y le brota el orgullo. 

“Desde la administración municipal se le brindaron las ayudas humanitarias necesarias en la superación de esta tragedia”, aseguraron en la alcaldía anterior.

Recuerdos que llevará hasta la muerte 

Durante el 2019 Lasso Gutiérrez estuvo en 9 casas rurales diferentes, cuyos dueños lo acogieron como un miembro más de su familia. En esos refugios ha tratado, al menos, de encontrar algo de paz, pero los malos recuerdos lo persiguen, como su propia sombra, a donde quiera que va. Cuando eso pasa sale a caminar, como un labriego herrante, con la intención botar en el trayecto esos pensamientos venenosos. 

Antes de llegar al Quindío él fue desplazado por la violencia en Ortega, Tolima. Pero como sí la mala fortuna se le quisiera ensañar en su vida, al llegar a Calarcá fue la fuerza imparable de la naturaleza y la indiferencia estatal la que hoy, un año y ocho meses después de aquella desgracia, lo tienen     como él mismo cuando lo coge el desespero: de un lado para el otro, sin un techo estable y viviendo de la caridad. 

Su trasegar por este mundo ha estado marcado por la desgracia, pero la que se le llevó a sus seres queridos lo tiene hasta padeciendo pesadillas: “Antenoche ví a mi esposa, Deisy Buriticá Castaño, estaba con otra gente, se veía muy tranquila y no me decía nada. Cuando me desperté del sueño me puse a llorar. Pensé muchas cosas porque pasé toda mi vida con ellos. Siento una gran soledad y solo le pido fortaleza a Dios para seguir vivo”. 

A Andrés Felipe Lasso Buriticá, el mayor de sus tres hijos, lo recuerda como ese adolescente, de 16 años, que siempre le ayudaba en los oficios y lo acompañaba en sus diligencias. 

De Jhon Fredy Lasso Buriticá, quien tenía 14 años, rememora lo cariñoso e inteligente que era. Lo hacía caer en cuenta cuando otras personas se aprovechaban de su vulnerabilidad para humillarlo. 

Leison Stiven Lasso Buriticá, de 12 años, se pudo haber salvado de morir sí se hubiera dejado convidar por el papá. 

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Un llamado de auxilio sin respuesta 

El día del suceso Orlando se la pasó llamando a los organismos de socorro desde la 1:00 de la madrugada para que lo ayudaran porque la corriente del agua en la punta de la montaña anunciaba una desgracia. 

Según él, sus súplicas cayeron en saco roto. Le respondieron que el lugar no era jurisdicción de ellos. Afirmó que tiene esas llamadas grabadas para demostrar que hubo negligencia. 

20 minutos antes un primer derrumbe se había llevado la mitad la escuela Teresa García de la Villa del Cacique. El suceso no era más que una advertencia para que desalojaran de inmediato aquel lugar donde le dieron refugio a su familia durante 9 años a cambio de cuidar el sitio y prepararles comida a los estudiantes. 

El día de la desgracia Yenny Alexandra Trujillo, alcaldesa de Calarcá, le aseguró a LA CRÓNICA que el día anterior las autoridades le pidieron a la familia que evacuara, pero no atendieron el llamado. Al día siguiente los volvieron a llamar a las 6:15 de la mañana desde la Oficina de Gestión del Riesgo. “Orlando aseguró que lo haría, pero su esposa se fue con los cinco niños a sacar unas cosas. Fue una tragedia que se debió prevenir”, aseguró quien ahora es secretaria de Salud departamental. 

“No teníamos para donde irnos, por eso nos quedamos sirviendo en la escuela, pero tenía que salir a trabajar en fincas porque carecía de recursos para cubrir nuestras necesidades”, recordó Lasso Gutiérrez. 

Entonces una vecina los acogió en su casa y lograron dormir unas pocas horas. Cuando la aurora volvió a repuntar en el horizonte la familia Lasso Buriticá decidió volver a la escuela para recoger algunas pertenencias y evaluar los daños causados por el primer alud de tierra. 

A ellos se unieron Jean Pierre Isaza y William Camilo Ospina Piñeros, ambos de 11 años. Eran dos niños que vivían en la misma casa en la que le dieron refugio a la familia del sobreviviente. 

Viendo que el peligro de un segundo deslizamiento era inminente, el padre de la familia salió para donde una vecina que tenía una tienda con la intención de cargar el celular para pedir auxilio. Antes de eso, le insistió a Leison, el menor de sus hijos, que lo acompañara. Este alcanzó a salir hasta el portón, pero los 2 vecinos que llegaron con ellos lo convencieron para que se devolviera a la escuela. 

Eran las 8:30 de la mañana y mientras Orlando hacía aquella diligencia, un segundo alud de tierra le tapó la existencia a toda su familia y a esos dos niños que los acompañaron. “Si no hubiera salido, yo hubiera sido otro muerto más”. 

La tragedia se le llevó a sus tres angelitos, pero también a Deisy Buriticá Castaño, esa mujer abnegada que lo acompañó por más de 20 años y que no lo abandonó a pesar de las carencias y de las dificultades que tuvieron que padecer. 

“Era muy honesta, noble, buena mujer, siempre fue ama de casa y le cocinaba a los 55 niños de la escuela, quienes también se salvaron de morir porque al momento del suceso estaban en vacaciones”, rememoró Orlando en medio de un dolor que augura, tendrá por el resto de su vida. 

Añadió que un abogado de Bogotá le tramita actualmente una demanda contra el Estado para que las autoridades lo indemnicen por una tragedia que, según él, estaba anunciada. 

“¡Me tienen que pagar a mi familia, me deben responder!” Afirmó Orlando, con una convicción tan firme como la incredulidad que hoy le tiene a las promesas de los políticos. 

 

 


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