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Quindío / JUNIO 11 DE 2024 / 1 semana antes

Se nos fue la "Niña", la alegría perruna

Autor : Roberto Restrepo

Se nos fue la "Niña", la alegría perruna

Sus fuerzas se fueron reduciendo gradualmente.

Desde el interior del apartamento,donde resido con mi esposa Fany, escucho los comentarios de los demás residentes - y especialmente de labios del noble don Jaime - sobre la noticia que esperábamos con tristeza. La muerte de "niña", la perrita color carmelita que nos acompañaba en el conjunto "Bosques de Circasia".

Era la guardiana de nuestras noches y la alegría de nuestros días. La que siempre salía hasta la reja de entrada, al encuentro cotidiano. En mi caso, esperaba siempre que posara mi mano sobre su cabecita, mientras se arrimaba para buscar otras expresiones de cercanía. Nunca supo el animalito tierno quién la quería más. Aunque sí se dio cuenta que tenía, entre todos, un protector, el que le dispensaba los mejores cuidados. Don Jaime, que siempre la consintió.

Gracias,don Jaime, por propiciarnos la presencia de la "niña",un miembro más de esta comunidad de humanos, los que, considerándonos dizque seres racionales, aprendimos de ella la mejor de las virtudes, la humildad.

Llegó años atrás desde la calle que era su hogar cruel. Vio que, adentro, los humanos vivíamos encerrados en un mundo diferente. Se adaptó a otra manera de morar, mientras entendía que su nuevo mundo era mejor. Pero el sufrimiento de su vida de cachorro le cobró, años después, la penuria que soportó durante los últimos meses. Ya no oía, caminaba temblorosa y no ladraba, porque sus fuerzas se redujeron. Sabíamos que llegaría el final y eso lo comprobamos en la madrugada de este 11 de junio.

Me resisto asomarme a la ventana del apartamento porque sé que no la veré pasar más por el espacio comunitario. No entiendo la ausencia, la que será insoportable, al comprender que ellos nunca nos reclaman y tampoco nos protestan cuando los dejamos solos. Y porque ellos nunca nos manifestan cómo soportan su soledad, cuando los humanos los abandonamos.

Ya no escucharemos su tos, ya no la veremos correr a buscar refugio cuando sonaban los truenos o la pólvora .Ya no veremos su carita sufrida. Desde ahora sabemos que escogió algún bosque cercano como su eterna morada pues allí se esparcerán sus cenizas, de aquel cuerpecito que se convertirá en espíritu. Desde allí nos seguirá cuidando.

Gracias,"niña", por la alegría que brindaste.

Tu compañero, Roberto.


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