Región / AGOSTO 02 DE 2021 / 1 mes antes

¿Humanizar los animales también es maltrato?

Autor :  Juan Manuel Cadavid Alzate, Johan Farid Gutiérrez Castaño, Sara Samanta Arango Valderrama, Maikool Styf Velásquez García Comunicación social - Uniquindío 

¿Humanizar los animales también es maltrato?

Atribuirle a una mascota características u obligaciones diferentes a las propias de su raza limita sus instintos.

El humano a través del tiempo ha desarrollado enlaces afectivos con multitud de animales, primero para sobrevivir y para el trabajo, después como simples acompañantes o como seres que coexisten entre sí bajo los ideales de protección, seguridad y asociación. En la actualidad, muchas personas suelen ver a sus animales de compañía también como humanos en lugar de mascotas. 

Una de las razones que tienen los tenedores de mascotas para darle estatus de humano a un animal es, por ejemplo, minimizar su deseo por tener hijos, cargando así todos sus sentimientos fraternos-afectivos en los animales de compañía; en ocasiones hostigando, reprimiendo y atentando contra el libre desarrollo animal y extremando sus deseos afectivos en lo que se podría considerar como maltrato animal no intencional. Por todo esto, es importante entender que, la humanización animal, más que un posible trastorno antropomórfico, es un comportamiento que atenta contra la integridad de las mascotas y sus instintos como seres vivos irracionales. 

El antropomorfismo, como trastorno, alude al otorgamiento de características humanas a un ser vivo animal, modificando los patrones de conducta de dicho ser en la conveniencia con sus cuidados. Regularmente, estas conductas van directamente intencionadas a la eliminación u opresión parcial o total de las características diferenciales que puedan generarse entre los seres humanos y los animales. 

Vínculos humanos 

Como respuesta a los cuestionamientos mentales sobre este tipo de desórdenes, la sicología tiene en cuenta los principales aspectos que influyen en la ejecución de estas conductas. Como ejemplo se tienen los estudios de dependencia animal y las investigaciones hechas sobre los trastornos antropomórficos. 

  Viviana Marín, sicóloga egresada de la Fundación Universitaria del Área Andina, manifiesta que con el pasar de los tiempos el ser humano ha tergiversado los sentimientos de amor, compañía y cariño en relación con los animales, llegando al punto de verlos como seres cognoscentes con capacidad de raciocinio y reconociéndolos, así como seres humanos con características morfológicas y fenotípicas diferentes. Por consiguiente, la experta sostiene: “Algunas de las razones por las cuales se da el trastorno antropomórfico son la soledad, el divorcio y la falta de un hijo”.  Esto sucede porque dichas situaciones analizadas desde una perspectiva sicológica pueden generar un tipo específico de dependencia, en este caso, dependencia animal. 

María Camila Londoño, una joven de 20 años que tiene un perro como animal de compañía, asegura que “una mascota sí reemplaza a un hijo, ya que se deben tener las mismas responsabilidades y los mismos cuidados”. También sostiene que las mascotas sienten y tienen emociones. Incluso, asegura que muchas de las veces que se encuentran bajas de ánimo se debe estar ahí para insistirles y asegurarse de que estén bien, tal como si fuesen humanos pasando por un ciclo depresivo.

 “Las mascotas son una compañía incondicional para el desarrollo humano”, agrega.  

Consecuencias 

En su gran mayoría, los médicos veterinarios resumen las consecuencias para el animal por el afán de humanizarlos, en afectaciones para la salud física del animal de compañía, haciendo énfasis en la forma en que se despiertan en el animal diversas alteraciones de conducta, como agresividad, miedo o ansiedad, y, cómo estos van perdiendo sus cualidades de supervivencia.  

 Entre los médicos veterinarios que comparten estas apreciaciones se encuentra Miguel Camilo Rojas, quien combina su labor de procurar por el bienestar de los animales con la importancia de resaltar las consecuencias físicas de humanizar a estos seres vivos. El profesional señala: “Las consecuencias físicas para el animal de compañía se ven reflejadas en la selección genética y la crianza de los mismos; alterando sus instintos y afectando sus órganos sensoriales a partir de estrictas dietas, hábitos o conductas extremas e inclusive complicaciones olfatorias a causa de la aplicación de polvos o perfumes para minimizar sus olores naturales”. 

Los sentimientos hacia los animales son importantes, explican los profesionales de la sicología y la veterinaria, porque generan reconocimiento y validez de vida para estos seres; sin embargo, el exceso de afecto y ponerlos en condición humana puede convertirse en una gran tortura para el animal. Por ende, es recomendable, que se trate a los animales de compañía como lo que son: animales. Sin alterar sus costumbres, perjudicar sus instintos naturales, reducir su movilidad ni mucho menos limitar su desarrollo con hábitos impropios de sus razas. 

 



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