Región / NOVIEMBRE 28 DE 2021 / 1 mes antes

La barra después del minuto 90

Autor : María Camila Cabrera Celis

La barra después del minuto 90

Foto : Laura Inés Manrique

El 19 de junio de 2021, en pleno auge del paro nacional en Colombia, los barristas del departamento propusieron la Marcha Barrista en la que extendían la invitación, esta salía a la 1 p. m. desde el Centro Comercial Portal del Quindío. 

Pasado el horario, estaban presentes solos los pertenecientes a los grupos convocantes, lo que en cierta medida causó disgusto en las personas presentes. Cristian Calderón, hincha del Atlético Nacional compartió que: “Nos sentimos muy tristes de que a las barras nos hayan buscado para formar el carnaval en otras actividades y que cuando nosotros decidimos organizar nuestra marcha en apoyo al paro y nos dejaron solos. Estábamos cambiando la estigmatización de que somos violentos, pero pareció que éramos la carne de cañón”.

Esto nos supone un problema y recae en sentarnos a pensar desde qué ángulo se concibe a las barras. ¿Por qué pareciese que son “carne de cañón” en un estallido social como el de este año?

El barrismo no se reduce solamente a llevar la camiseta de un equipo puesto, ellos reconocen la responsabilidad que implica pertenecer a su barra. Un hecho que causó impresión en el Quindío fue la unión pacífica de los sectores barriales durante el Paro Nacional. Con esto, se podría deducir que los grupos se organizan pacíficamente por causas que cobijan a toda la sociedad colombiana, así que, fue necesario indagar en la génesis de esto. 

En palabras de Sara Fernández, hincha del Barón Rojo –seguidora de América de Cali-: “Viene desde hace 5 años porque las barras colombianas somos unas de las más violentas de Latinoamérica. Lo que se logró con el paro fue una mesa en la que nos sentamos todos a dialogar, una mesa de fútbol en paz, con reconciliación para las generaciones que vienen”. 

Desde el punto de vista de Juan David, hincha del Deportes Quindío -quien se reservó su apellido-, lo que los motivó a integrarse fue: “Todo surge de la necesidad de salir a marchar como colombianos y demostrar nuestro descontento con el mal manejo del país. Varias personas nos invitaron como barras a unirnos y así salir a marchar pacíficamente”. 

Con esto, es evidente que la organización de estos grupos trasciende el estadio y asumen posiciones solidas frente a la situación que atraviesa el país. 

Para hablar de las barras bravas, es imprescindible partir desde lo histórico. En Argentina, uno de los países latinoamericanos en el que llegó primero este fenómeno social, con un grupo de hinchas efusivos que cada día de partido asistía al estadio a alentar a su equipo. 

William Medina, profesional de las ciencias sociales señaló: “El concepto barra brava viene de Argentina en los 60, estas comunidades se hacían denominar bravas debido a que se destacaban por diferenciarse del resto de las tribunas. Estaban ubicadas en un lugar más popular del estadio. La popular siempre era un punto para designar la barra y brava porque tenían unas características específicas como presionar a los jugadores, tener cánticos, ser un poco más fervorosos para poder así alentar al equipo”. 

La conformación de estos grupos ideológicos en pro del fútbol se extendió por América Latina. En la década de los 90 empezaron a constituirse barras de los grupos profesionales colombianos: Barón Rojo, Saltarines del Santa Fe, Gallos Azules, entre otras. 

Pero no se debe aplicar una jugarreta a la memoria, el surgimiento de estas comunidades comenzó a traer consigo eventos violentos fuera de la tribuna, después del silbato en el minuto 90. En Colombia se han presentado actos violentos a raíz de riñas entre la barricada y odios heredados. Es importante entender la barra como un fenómeno social en constante estudio, evolución y replanteamiento de las acciones de ella misma. 

Estos grupos representan al departamento y a las zonas incómodas de las que hay que hablar. Las tres barras con más voz del territorio quindiano son el Barón Rojo, Los del Sur y Artillería Verde Sur, de las que resulta complejo dar una cifra exacta de sus integrantes. Estos colectivos se toman las calles de Armenia entre semana, en lugares de la ciudad como el parque Cafetero, puente La Cejita, coliseo del Café y el coliseo de La Patria para componer sus cánticos, organizar salidas, pintar grafitis, hacer comitivas y pensar la situación del país. 

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Willian Medina, profesional en ciencias sociales, manifestó que pertenecer a un grupo como las barras “tiene que ver con muchos factores: en el barrio comienzan a surgir estos grupos y de cierta forma se vuelven atractivos para la juventud; existen también factores de marginalidad y desigualdad, pero también por la tradición, los padres de los chicos los llevan a la cancha y se sienten identificados con las dinámicas alrededor de ellas. Podemos deducir que esto se resume a la construcción de identidad de los jóvenes que se sienten parte de algo que es importante para ellos. Socialmente, los grupos tienen una responsabilidad en la forma en que se acoge a los jóvenes en ellas”.

Pertenecer a esta comunidad no es solo una cuestión de capricho de sus integrantes, es identidad. Sara Fernández dijo al respecto: “Para mí, es llegar a una familia porque tú encuentras todas las problemáticas sociales y vivencias. Encuentras a personas de estrato 1 y 6. Encuentras una colectividad, gente que comparte y es consciente de la responsabilidad que acarrea esto”. 

De Fernández se destaca la responsabilidad social que fomenta cada día con su grupo, promueve ollas comunitarias, actividades lúdicas con los niños y actualmente lleva un proceso de centro de escucha para prevenir el suicido. 

Con el fin de dar una mirada horizontal de un grupo social como las barras bravas, es valioso entender todas las variantes que convergen en este fenómeno social. Realizar un reportaje sin dejar de lado los antecedentes históricamente violentos, pero también con intención de aportar un panorama en el que se pueda entender la cultura desde los sectores marginados y el esfuerzo que ellos hacen por servir a la sociedad y reivindicar sus errores, debe visibilizarse también. 

Es difícil entender a los otros, despojarnos de paradigmas que creamos con las herramientas que nos dieron para leer la realidad latente en cada calle. Sin embargo, el proceso de convivir con el otro desde el principio de igualdad y respeto es necesario en un país como el nuestro. Entonces, ¿la idea que se tiene del barrismo es solo ver pelear a la gente en la tribuna cuando suena el pitazo final?



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