Región / OCTUBRE 27 DE 2019 / 1 mes antes

La desigualdad arruina la democracia

La desigualdad arruina la democracia

Cuando vote, dele la espalda a los corruptos e inclínese por un candidato que considera que le puede prestar un honesto servicio a su región.

“Mi ideal político es el democrático. Cada uno debe ser respetado como persona y nadie debe ser divinizado”, Albert Einstein.

El acto político de este domingo, cuando se eligen gobernadores, diputados, alcaldes, concejales y ediles, está precedido de noticias nada afortunadas para la democracia colombiana: asesinatos de exguerrilleros, líderes populares, defensores de derechos humanos, así como candidatos a alcaldías y aspirantes a órganos colegiados. 

Como si fuera poco, esos asesinatos o atentados contra quienes han querido participar del proceso electoral, también hay que sumar los otros males de nuestra democracia: la participación de personajes dedicados al narcotráfico, así como el asunto de la corrupción. Los otros aspectos que tiñen de gris este acto de participación, es la inmensa desigualdad económica en la sociedad, el desempleo y el control que de los cargos públicos hacen los políticos, gobernantes y administradores de entidades estatales.    

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Una democracia transparente requiere de profundas transformaciones sociales, que permitan mejorar los niveles de pobreza de un porcentaje grande de población, y que no se siga empobreciendo a la clase media.   

Pero si la democracia en Colombia está mal, en otros países también hay problemas y está enferma.  Así lo expresan muchos estudiosos de la política, y uno de ellos es Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía 2001. En su libro El precio de la desigualdad —El 1% de la población tiene lo que 99% necesita—, hay un capítulo que subtituló: ‘Una democracia en peligro’. Allí nos enseña que la política es el campo de batalla para las disputas sobre cómo se reparte la torta económica del país. Es una batalla que ha venido ganando el 1 por ciento. 


La supuesta democracia afianza el 1% de los multimillonarios

Afirma Stiglitz: “Lo que se ha observado en las últimas décadas es que la supuesta democracia ha servido para afinar ese 1%, dejando en el abandono al resto de la población”. Agrega: “La teoría política y económica moderna predecía que los resultados de los procesos electorales donde cada persona tiene un voto reflejaría los puntos de vista del ciudadano medio, no el de las élites”. Lo que las urnas revelan es que existen discrepancias entre lo que quiere la mayoría de votantes y lo que concede el sistema político, lo cual genera desconfianza. 

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Resalta el Nobel: “(…) La idea de que nuestro sistema político está amañado tiene aún más fuerza que la de que nuestro sistema económico es injusto. Los pobres, sobre todo, creen que no se escucha su voz”. Esa convicción de que tanto el sistema político como el económico son injustos, los debilita a ambos.

Destacando la importancia de que la ciudadanía esté bien informada para el funcionamiento de la democracia, lo cual exige unos medios de comunicación activos y diversos, Stiglitz señala: “(…) También podríamos tener unos medios de comunicación más equilibrados. Tal y como están las cosas, los medios son un ámbito donde el 1 por ciento domina la situación. Tienen los recursos para comprar y controlar los medios críticos, y algunos de ellos están dispuestos a hacerlo, aun perdiendo dinero: es una inversión con vistas a mantener su posición económica”.

No solo los medios están del lado de los políticos y gobernantes, la banca no se aleja de ellos. Así lo afirma el Nobel: “Al igual que las inversiones políticas de los bancos, esas inversiones en los medios pueden tener una rentabilidad privada mucho mayor que las inversiones corrientes —si se incluye la influencia que tienen en el proceso político—”.


Diego Arias Serna
Profesor-investigador universidad del Quindío
[email protected] 



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