Región / OCTUBRE 24 DE 2021 / 1 mes antes

Mañana se cumplen 20 años de la toma de la guerrilla a Pijao

Autor : Natalia Ospina Duque

Mañana se cumplen 20 años de la toma de la guerrilla a Pijao

Maria Clementina Murillo, una de las víctimas, apenas el año pasado recibió la reparación por parte del gobierno nacional. 

Una noche de terror vivieron los habitantes de Pijao el 25 de octubre del año 2001. Más de 250 guerrilleros del frente 50 de las Farc se tomaron el pueblo.

Este lunes se cumplen 20 años de aquella noche aciaga en la que civiles y policías resultaron heridos.

María Clementina Murillo Mejía, una de las víctimas, relató cómo un cilindro bomba destruyó su pierna y contó que, después de 19 años de espera, recibió el dinero de la reparación. 

Como todos los días, ese jueves Clementina se levantó temprano, y salió a trabajar en la desaparecida Caprecom, estaba organizado los papeles para la renovación de su contrato. Cuando terminó su jornada laboral salió para su casa, pero se desvió en el camino y así comenzó la noche que le partió su vida en dos. 

“Cuando terminé mi jornada laboral salí para llegar a mi casa, pero no cogí la misma ruta, sino que me fui por el parque, aunque yo siempre me iba por el lado del colegio de las hermanas Teresitas y ese día fui a comprar unas cosas para organizar la cena”.

En una taberna, que quedaba al lado del Comando de la Policía, estaba su hijo mayor con unos amigos, los jóvenes habían terminado las obras de reconstrucción del banco, cuando Clementina lo vio, se detuvo y le dijo que se fuera para la casa, pero el joven la invitó a beber una gaseosa.

“Le dije: Mijo, usted se va a ir conmigo. Y él me dijo: No mamá, vaya que ahora voy, tómese la gaseosita. En ese momento llegó un amigo y lo llamó. Él me dijo: Madre, me voy a ir allí y ya vengo. Yo me quedé tomando la gaseosa y estábamos en esas cuando sonaron unos disparos”.

El reloj marcaba las 7:45 p. m., los disparos se apoderaron del pueblo, entonces comprendió: “se había entrado la guerrilla. 

“Aún con la gaseosa en la mano, me asomé a la puerta y vi que todo el mundo corría, entonces le dije al muchacho de la taberna que cerrara, él cerró y en esas los niños de la casa, a la cual pertenecía el local donde estábamos, abrieron la puerta, querían salir a buscar a su padrastro, mi instinto fue entrarlos. Ya en la casa, ellos corrieron para el patio, cuando yo fui a cerrar la puerta de la cocina explotó un cilindro bomba en el aire y una esquirla me pegó en la pierna”. 

Cuando sonó la explosión Clementina cayó, se fue a levantar y no pudo, lo intentó nuevamente, pero seguía en el suelo.

“La segunda vez que traté de ponerme de pie fue como si sacara la pierna derecha de un hueco, al estar en el suelo busqué y sentí que no había hueco, toqué la pierna izquierda y la sentí completica, pero cuando toque la otra, la sentí destrozada, pero no sentía dolor, yo solo dije, ¡ay Dios mío mi pierna!, comencé a gritar y los señores que estaban en la taberna se acercaron, uno tenía una linterna de un llavero, porque habían quitado la energía, cuando pudimos ver, ya me di cuenta que tenía mi pierna destrozada y en ese momento comenzó a salir sangre de la vena femoral, eso sonaba y se veía como si hubieran abierto una llave, yo miraba y decía que me iba a desangrar”.

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El instinto de supervivencia se apoderó de Clementina, con la ayuda de un hombre se hizo un torniquete con una riata y pudo parar el sangrado. 

“Estábamos en medio de eso cuando entraron los guerrilleros a la casa y dijeron aquí no hay nadie, pero yo empecé a gritar: ¡Sí estamos acá, hay niños y hay una persona herida! Los que estaban conmigo me taparon la boca porque creían que, si entraban, nos mataban. Pero no, entraron y tiraron un costal y dijeron que me llevaran al hospital”.

Hicieron un largo recorrido, pasaron junto al puente del cementerio, bajaron y dieron una vuelta para salir al hospital. Durante el trayecto Clementina solo escuchaba tiros, y pensó que ese podía ser su encuentro con la muerte. 

En el hospital de Pijao no podían hacer nada por salvarle la vida a Clementina, así que uno de los comandantes dio la orden de que la trasladaran en una ambulancia hasta Armenia, pues recalcó que ese ataque no podía ser contra la población civil. 

“Yo quería llegar a Armenia, esa era la esperanza mía, y le dije al médico que no me dejara morir. Me preguntaban cosas, les di mis datos. En el hospital, ya en Armenia, me metieron al quirófano, allí había un reloj que marcaba las 10 p. m.”. 

Clementina solo pensaba en su familia, lloraba porque no sabía nada de ellos, hasta que, a la mañana siguiente, los pudo ver y entre lágrimas sus hijos pudieron abrazarla. 

“Cuando me vieron sin pierna fue muy fuerte para ellos. Para mí verlos a ellos fue como volver a vivir. Gracias a Dios afrontamos la situación en familia. Yo le pedí a Dios para que me ayudara a perdonar y así lo hice”.

Dice que el estado no le está respondiendo a las víctimas como debe ser, aseguró que la Unidad de Víctimas es una burocracia y el dinero se lo gastan en personal y no en las personas inocentes que han sufrido el conflicto armado. 

“Apenas el año pasado me pagaron, supuestamente por desplazamiento, $4.700.000 le corresponde a cada miembro de mi familia y somos 5, y únicamente hemos recibido mi hijo y yo, faltan los demás. Eso no es una reparación, eso es una limosna. Además, cuando uno recibe esa plata está más lleno de deudas y no alcanza para nada. El cuento de la reparación integral no existe, a mí no me hicieron tratamiento sicológico ni terapias y, lo peor, por la entrega de ese dinero ya el Estado no me considera víctima y me sacó de la lista para recibir cualquier beneficio, para ellos ya estoy bien”. 

 



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