Región / JULIO 02 DE 2017 / 2 meses antes

Me encontré en la vida con Hernán Jaramillo Botero

Me encontré en la vida con Hernán Jaramillo Botero

Hernán Jaramillo Botero exhibe en su personalidad sobresaliente un corazón sin odio, fanatismo, envidia o egoísmo. Foto: Archivo particular

Contribuyó con sus luces al avance médico y clínico de la facultad de Medicina de la universidad, inclusive fue decano y diseñó los currículos.


Notable médico y gran ciudadano nacido en Calarcá el 8 de mayo de 1934, sus padres Horacio Jaramillo Jaramillo y Esther Botero Uribe, calarqueños con ancestros en Abejorral y La Ceja, seis hermanos: Horacio, Hugo, Héctor, Huberto, Esther y Martha Lucía.

Hizo sus estudios elementales en la escuela Atanasio Girardot que terminó en 1945 y culminó su bachillerato en 1951, en el colegio de los Hermanos Maristas en Bogotá. Se graduó con honores como médico cirujano de la universidad Javeriana en 1957 y al año siguiente realizó su internado en el hospital San Juan de Dios, en Cali, hasta diciembre de 1958.

A principios de 1959 viajó a Estados Unidos, permaneciendo un año en el Providence Hospital Washington, cursando su residencia en cirugía. De 1960 a 1965, cursó cirugía cardiovascular de tórax en Tennesy University y en 1966, durante seis meses especializó sus estudios científicos en Hannexman Medical College de Philadelfia. Regresó a Colombia, no obstante que la última universidad quería retenerlo en su servicio clínico.

Contrajo matrimonio con la distinguida dama Doloritas Jaramillo, dos hijas: María Clara y Esther Lucía, cuatro nietos, Ana María, Gabriel, Camilo y Manuela.

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Hospital San Juan de Dios

Al regresar a su tierra, vino a trabajar gratis a nuestro hospital regional y ofreció su conocida formación para crear el departamento de cirugía vascular; Hernán ostentaba sus conocimientos de excelencia en la ciencia médica y quería colaborar con el hospital, desafortunadamente no contó con suficiente apoyo e inclusive se le impedía opera, razón por la cual, prefirió retirarse y se dedicó con alma vida y sombrero al hospital de la Misericordia de Calarcá.

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Gesta de un samaritano

La obra de Jaramillo Botero en el hospital de su tierra, es inconmensurable. Más de 35 años de ardua actividad médica, un número cercano a las cuarenta mil operaciones; por años ejerció su admirable labor gratuitamente y a veces, fue notoria la oposición de algunos médicos de la ciudad y del departamento. A su llegada le correspondió trabajar inclusive en la esterilización de las salas y durante mucho tiempo, tuvo que dar él mismo anestesia ante la negativa de sus colegas. Con todo, la historia reconoce el inmenso legado del médico de Calarcá; basta mirar infinitud de testimonios, cartas, documentos de prensa y agradecimientos de miles de pacientes. Entre otras cosas, se vio en la necesidad de cerrar el servicio pediátrico. ¡No había pacientes!; con motivo del terremoto que asoló nuestra región en 1999, en el periódico La Tarde del Quindío (30-12-2000), se lee: “Dos años después de la tragedia y luego de extensas polémicas y discusiones, tras las cuales se impusieron los criterios del propio director de la institución, se reabren totalmente las puertas del que con seguridad será considerado como el más importante centro de salud del Quindío”, una tarea ingente contra la politiquería, con numeroso apoyo internacional.

Desde luego por la oposición recibida, en algunos momentos se atacaba al eminente cirujano con altas dosis de politiciclina, como decía con gracia el periodista y escritor Jorge Eliécer Orozco, quién en diversas crónicas ha retratado los accidentes y pormenores de la gestión de Jaramillo Botero en el hospital de Calarcá.

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Batalla contra la desnutrición infantil

Su temprana conciencia social se acrecentó en el contacto diario con la desnutrición y la miseria de los niños y los ancianos; producto de sus estudios superiores y de su sensibilidad, Hernán puso en práctica la dieta Jaramillo que parte de la base de que no se debe consumir leche de vaca líquida o leches en polvo cuyo ingrediente principal sea la leche de vaca. Ha sido una cruzada a nivel mundial que ha partido desde la alimentación de su familia, hasta el uso de miles de hogares en todos los confines. Con su teoría de no emplear dieta láctea, propone alimentos ricos en nutrición, los elementos de la sopa, que examinados con cuidado son realmente ricos manjares que alimentan bien al ser humano.

En su texto dice: “No deje llorar al niño, cuando llora generalmente es por hambre o por intolerancia a la leche tanto materna como de vaca que es muy frecuente y que le producen cólicos, reflujo, diarreas, hemorragias digestivas, y se le debe sus pender la dieta láctea. Si está tomando medicinas, no amamante a su bebe”. La sopa Jaramillo y la dieta es extraordinaria para las personas de la tercera edad, desnutridas, y es el único tratamiento, dice, positivo para los bebés con síndrome de Down, económica y le gusta a los niños.

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Universidad del Quindío

Contribuyó con sus luces al avance médico y clínico de la facultad de Medicina de la universidad, inclusive fue decano y diseñó los currículos por sistemas; debe recordarse que de acuerdo con las últimas mediciones de calidad, ocupa un puesto destacado en el concierto del sistema de enseñanza de salud en Colombia, gracias a gestores como Jaramillo y otros profesionales de la medicina, a lo largo de su plausible existencia.

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Condecoraciones

Hernán conserva en el seno de su hogar gran cantidad de condecoraciones nacionales y extranjeras como reconocimiento a su labor científica y humanitaria; ha recibido cartas de apoyo y numerosas resoluciones por su trabajo descomunal en el hospital o por su legado en la defensa alimenticia de los pobres y desvalidos, menciono algunas: Medalla del Centenario de Calarcá, Cordón de Oro Fundadores de Calarcá, Cruz Laureada Gobernación del Quindío, Servicios Distinguidos Policía Nacional, Orden del Progreso Calarcá, Máxima Condecoración Sociedad de Mejoras Públicas, muchas otras.

En su hermosa casa campestre de Balsora, Hernán está rodeado de infinitud de cartas, agradecimientos y abundante archivo de su dilatada actividad científica: defensor inquebrantable de la salud pública, conserva contactos con corresponsales y colegas en todo el mundo con los cuales intercambia ideas sobre la defensa de la buena alimentación, sobre todo en los niños y los más desnutridos. Su dieta anti-láctea, que para mi gusto es muy agradable y fácil de preparar, tiene adeptos en muchos países y contradictores, desde luego.

Con todo, el eximio profesional realiza sin descanso, una callada labor en bien de la humanidad; poco conocido por las nuevas generaciones, pero en los espacios científicos y médicos de otros ámbitos, es respetado y ampliamente reputada su magnífica labor, no es ajena su bella esposa Dolo, como le dice con susurros para solicitarle café, de sus constantes inquietudes e investigaciones. Lo ha acompañado con su mirada, apoyo y consejo oportuno, a lo largo de los años para salvar vidas, seres humanos rescatados del hambre o de la enfermedad.

Hernán Jaramillo Botero exhibe en su personalidad sobresaliente un corazón sin odio, fanatismo, envidia o egoísmo, sin esos lastres ha servido bien a la humanidad y a la región. ¡Felicitaciones médico, agradecimientos por siempre!


Gabriel Echeverri González
Especial para LA CRÓNICA



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