Región / AGOSTO 23 DE 2020 / 1 año antes

Me encontré en la vida con"¦ Nelson R. Mora Guevara

Autor : Gabriel Echeverri González

Me encontré en la vida con…  Nelson R. Mora Guevara

Fue uno de los más grandes ciudadanos de Calarcá.

Brillante tratadista, escritor y jurista nacido en Calarcá el 18 de agosto  de 1932 y fallecido en su ciudad natal el 10 de septiembre de 1979, con apenas 47 años de edad. Sus padres Milciades Mora y Helena Guevara Cárdenas oriundos de la vereda La Pradera; de esta unión nacieron: Julio Jairo, médico veterinario; Hebert, ingeniero civil; Alix Elena, licenciada en Pedagogía; Hernán Milciades, zootecnista; las niñas Nelly y Myriam, muertas a temprana edad y Nelson.

Cursó sus estudios primarios en la escuela Atanasio Girardot y en el Colegio Robledo hasta cuarto de bachillerato, el último curso aprobado por el ministerio  de Educación; como era usual en muchos jóvenes de la época, culminó su bachillerato en el Liceo Universitario de Manizales.

Lector voraz desde la infancia, a los 5 años de edad leía de corrido y se deleitaba con diversas obras literarias; al abandonar el colegio Robledo, había leído toda la biblioteca del plantel educativo. Sobresalió como aventajado nadador y notable jugador de ajedrez que practicó con solvencia, inclusive alcanzar el campeonato en unos juegos nacionales, cuando terminaba bachillerato en Caldas.

Ingresó a la augusta Universidad del Cauca con el fin de estudiar la carrera de derecho ciencias políticas y sociales, se gradúo con honores con la tesis: “Ideas y comentarios sobre la Acción en el Derecho Procesal Civil”, en 1956. Fue un estudiante de condiciones superiores:  en la cátedra de filosofía del derecho con el distinguido filósofo Daniel Ceballos Nieto, alumno de Martín Heidegger, quien posteriormente dictó seminarios en la Universidad Nacional de Colombia, donde tuve la oportunidad de conocerlo y ser su discípulo;  Mora fue alumno del tratadista Arturo Valencia Zea y de otros reconocidos juristas. Puede señalarse que gracias a sus condiciones innatas y su enorme capacidad de estudio, se fue formando como un excelente abogado y humanista, con muy buenos conocimientos de inglés, francés, alemán, griego y latín.

En 1970 consolidó su formación jurídica con varias especializaciones en el Instituto Colombiano de Derecho, en Bogotá,  en disciplinas como derecho comercial, sociedades de seguros, responsabilidad civil, procesal administrativo y derecho probatorio, entre otros.

Contrajo matrimonio con la apreciada dama Alicia Franco Martínez el 12 de abril de 1955, en la parroquia San José en la ‘Villa del Cacique’, de esta unión nacieron 5 hijos: Gloria Neris, Isa Helena, Nelson Odens, Tamara Nylsa y Alhen Lorena.

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Juez Promiscuo Municipal.

Comenzó su carrera ejerciendo este juzgado en la población de Cajibío en el Cauca, con un comienzo eficiente, pero en 1961 regresó a su tierra natal para ejercer su profesión como abogado litigante, compartiendo oficina con el doctor Benjamín Pardo Padilla.

Derecho del transporte  terrestre.

Con los años se especializó en derecho del transporte y además de los libros que escribió sobre el tema,  inició como abogado de Flota Magdalena y más tarde como jefe de la oficina jurídica de Expreso Bolivariano; fue asesor jurídico de Flota Occidental, Expreso Alcalá, Empresas Arauca, entre otras empresas de ese ramo.

Incursión en el cine

En los años 60 y con otros soñadores como Adonías Rey y Fabio Botero, se aficionó a la fotografía y a la elaboración de videos y películas; ya en 1962 contaba con un equipo de cámaras fotográficas, filmadora, proyector de películas; con estos conocidos calarqueños realizaron documentales sobre las fiestas de Calarcá, proyectados posteriormente en el teatro Yarí, con gran alborozo de los ciudadanos.

Escritor y tratadista

Uno de los más conocidos y respetados tratadistas del país, sus libros son consulta obligatoria de estudiantes y juristas, publicados en la reputada editorial Temis: El accidente de tránsito, aspecto penal, 2 tomos, 2 ediciones en 1963 y 1966; Proceso de ejecución, 2 tomos, 3 ediciones; Accidente automoviliario, en unión de su señora Alicia Franco, 1989, 2 ediciones; Procesos especiales, 2 ediciones, 1979; El fraude procesal, 2 ediciones en 1979 y 1982, y Liquidación de la condena en abstracto, en 1980.

En 1965 la Junta de Fomento y Turismo de la ‘Villa del Cacique’ editó su valioso ensayo Amor y Filosofía , libro que mostraba su faceta maravillosa de humanista y más tarde escribió su novela Abismo mágico, escrita  en 1969, permanece inédita, solo fue conocido en 1970 un capítulo denominado “La guerra final”.

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Profesor universitario

Precedido de su prestigio como tratadista riguroso, Mora se desempeñó con solvencia en la cátedra universitaria, en algunas universidades de Bogotá y en la pujante facultad de derecho de la Universidad La Gran Colombia de Armenia. Es dable mencionar que gracias a su valioso legado, nuestro ordenamiento jurídico creó la figura del fraude procesal como conducta típica, antijurídica y culpable, con la cual hoy han sido sancionadas vergonzosas conductas cometidas por abogados litigantes, jueces de la República, funcionarios de las Altas Cortes y funcionarios públicos; de igual manera, la Condena en Abstracto, que suplió un vació jurídico que se presentaba en materia procedimental y, desde luego, las observaciones valiosas introducidas al Código Nacional de Tránsito.

Civismo y servicio social

Fue un líder cívico y colaboró  con denuedo en el buen desarrollo de la fundación de la Casa de la Cultura —obra soñada por la siempre recordada Lucelly García de Montoya— en la consecución de recursos, en los trámites jurídicos y otras actividades inherentes, gracias a su amor por las manifestaciones culturales.

El ajedrez, que amó y practicó siempre, lo llevó a organizar en 3 oportunidades campeonatos nacionales con maestros nacionales e internacionales. Bombero voluntario de Calarcá en el grado de Teniente —el abogado, prestó múltiples servicios a esta noble causa—.

Nelson R. Mora fue uno de los más grandes ciudadanos de Calarcá, llevó con honor e inteligencia el nombre de su ciudad natal;  por su abnegación y talento excepcional se destacó en los estrados, en la vida jurídica, en las aulas, en el civismo y, con humildad y constancia, creó una obra de grandes dimensiones.

Sin aspavientos y con amor genuino por los más necesitados, dio la mano a los jóvenes campesinos que querían estudiar y era frecuente que en su casa, almorzara una niña pobre que estudiaba en la ciudad.

Litigante ante los tribunales y las Altas Cortes, su laboriosidad sin límites no le impedía la lectura voraz y el apego a la cultura y a su tarea de escritor; un renacentista de la finca Campo Hermoso, un periplo corto pero excelso que  enorgullece  al Quindío, a su familia. Un ciudadano ejemplar que bien merece el reconocimiento del país y de sus paisanos.



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