Región / SEPTIEMBRE 20 DE 2020 / 2 meses antes

No solo los virus contagian en Colombia

Autor : Diego Arias Serna

No solo los virus contagian en Colombia

Al piso, de manera estruendosa, se van el respeto, la confianza y la credibilidad de instituciones como la Policía, cuando se convierte de verdugo de quienes dice proteger.

La Policía está muy contaminada. Hay abuso de autoridad, también la corrupción de los políticos la infectó y las mafias del narcotráfico la colonizó.  

Somos ‘envidiados’ por extranjeros que nos visitan y conocen la riqueza hídrica, la abundante fauna y flora, la todavía tierra productiva, la belleza del paisaje, la riqueza minera y petrolera, etc. Pero como el cuento, aquel que habla del reclamo de habitantes de otros países al creador sobre por qué dotó a Colombia de tanta riqueza, mientras que a ellos no tanto, él respondió que si no se habían fijado en el tipo de personas con las que había poblado a tan exuberante terruño.

Esto tiene algo de verdad, porque si se hace un recorrido por la historia nacional, percibimos 200 años de polarización que ha conducido a conflictos armados y asesinato de líderes políticos, que han impedido construir un país en donde todos hayan vivido dirimiendo las diferencias con el diálogo y aprovechando la riqueza natural para beneficio de todos. Pero no, el provecho ha sido para unos pocos; y lo que inicialmente fue la acumulación de tierras, luego se alimentó con el control del manejo del Estado. 

Así se fueron formando grupos de poder político y económico, que continuaron con el mal manejo que venían haciendo quienes gobernaban antes de la formación de la República en 1819. No hubo una transformación de la conciencia colectiva y los colombianos siguieron viviendo con la mentalidad de colonizados. Por eso el despotismo de los gobernantes de la colonia, fácilmente se prolongó en la naciente República y, para desgracia, se ha mantenido hasta hoy. 

El poder político adquiere diversas formas y son distintos los organismos que la pueden ejercer. Nolberto Bobbio (1909-2004), en su libro Diccionario de política, voz política afirmó: “El poder político está caracterizado por la exclusividad del uso de la fuerza respecto de todos los grupos que actúan en un determinado contexto social”. Por eso es que aparecen organismos tales como el Ejército y la Policía. Y pensándolos como organismo de un poder económico, es como se puede analizar el fenómeno que vivió el país recientemente con la Policía.  

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La Policía se excede y aborígenes tumban estatua  

Por otro lado, esa mentalidad de colonizados, explica, en parte, el derribo de la estatua del conquistador Sebastián de Belalcázar (1480-1551) en Popayán, el pasado 16 de septiembre. El acto se justificó como un juicio simbólico que lo declaró culpable por el genocidio y despojo de tierras, entre otros delitos. El grupo aborigen que procedió de esa forma, tal vez lo hizo imitando los hechos recientes en EE. UU. y el Reino Unido en donde se procedió de igual manera con estatuas esclavistas. 

Ambos eventos —el de la Policía y el de los aborígenes— están conectados, porque reflejan el mal manejo que los gobiernos, a lo largo de la historia, le han dado tanto a los desmanes de miembros de esa institución, como a las reivindicaciones de los nativos, evidenciando, como lo expresa Mauro Torres, médico y siquiatra, en su libro: Colombia, una cruel pero solapada dictadura: “los déspotas de hoy, son nietos o tataranietos de los déspotas de los siglos pasados”. 

Por eso afirma, asimismo: “Una casta minoritaria se apoderó de los puestos de mando en Colombia desde los primeros días que siguieron a la muerte de los libertadores y desde entonces impusieron una dictadura solapada haciéndose pasar por los defensores de la democracia y de la República, y se han transmitido el poder de generación en generación, como una disimulada Monarquía, de tal suerte que el pueblo, aunque lo ha intuido, no ha sido perfectamente consciente de esta aberración social”. 

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Corrupción y tráfico de estupefacientes

¿Por qué el pueblo colombiano no ha logrado un cambio social? Son varios los factores que lo han impedido, y como estamos en momentos de pandemia, se podría decir que las organizaciones que plantean el cambio, se han dejado contaminar de la polarización que, aparentemente, presentan quienes han dirigido la administración pública o han disputado el poder. Otro factor ha sido la crueldad como han gobernado los déspotas. No les ha temblado la mano para acudir a la violencia cuando se trata de eliminar a quienes los critican. 

Como la institución policial ha sido creada a imagen y semejanza de quienes detentan el poder político y económico, no se puede espera que una reforma sea la solución para superar los males. Ya se han planteado esos cambios sin resultados positivos. Veamos los 2 últimos casos. Pablo Casas Dupuy, investigador de la Fundación Seguridad y Democracia, MA. en Internacional Security Studies de la Universidad de Reading, Inglaterra, escribió el artículo titulado: “Reformas y contrarreforma en la Policía colombiana”. Abril, 2005.

En su introducción expresa: “Es casi siempre un gran escándalo, o un hecho específico de corrupción o “brutalidad policial” el detonante de la crisis. La ciudadanía en general, los sectores económicos y los medios, exigen acciones inmediatas y la señalan de corrupta y distante. Por su parte, ella defiende su gestión y justifica sus fracasos por la falta de recursos económicos y legales, así como por la poca solidaridad ciudadana”. Aunque son varios los casos nefastos que han involucrado a la Policía y motivaban cambios, él cita 2. 

El proceso de reforma institucional realizado por la administración del presidente Gaviria en 1993 y la constitución de la Misión Especial para la Policía por parte de la administración del presidente Uribe en el 2003. Si bien se trató de 2 procesos muy diferentes, su origen fue el mismo: escándalos de corrupción policial asociados al tráfico de estupefacientes, y una mala imagen generalizada ante la opinión pública.

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Las reformas terminan en contrarreforma

En el caso del año 1993, el detonante fue un acto de “brutalidad policial”, en el que una niña de 9 años fue asesinada dentro de una estación de Policía en Bogotá, pero las razones que motivaron al gobierno de ese entonces a proceder con la reforma, fueron en su mayoría asociadas al alto grado de infiltración del que era víctima por parte del narcotráfico. 

Agrega el citado investigador: “En el caso del año 2003 el detonante fue la apropiación por parte de miembros de la institución de más de 2 toneladas de cocaína que habían sido originalmente incautadas a los narcotraficantes y el manejo poco transparente que se le dio a esta situación por parte del mando y directivas de la Policía. Si bien el manejo y la evolución de ambos procesos de reforma ha sido muy diferente, el resultado final parece ser el mismo: ambos han desembocado de una u otra forma en contrarreformas”. 

Finalmente, con relación al derribamiento de la estatua por parte de los aborígenes, ¿esos actos no desvían la lucha por los problemas actuales y de siempre, como son el despojo de sus tierras, el asesinato de sus dirigentes, etc.? ¿No será mejor luchar y unir fuerzas para sacar de la escena política a las momias, convertidas en estatuas, de los políticos tradicionales? 

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