Región / SEPTIEMBRE 27 DE 2020 / 1 mes antes

Teatros quindianos: una realidad fuera de los escenarios

Autor : Linkterna

Teatros quindianos: una realidad fuera de los escenarios

Ilustración Carolina Jiménez

Por:  Estefanía Mosca

Los artistas absortos se detienen en el tiempo para contemplar el telón cerrado, las luces apagadas, las sillas vacías y el silencio del escenario, aquel que necesita el aliento de los actores y los espectadores para sobrevivir ante la pandemia. Ahora, el público no se dirige a la taquilla para obtener una boleta de entrada, solo espera un link que lo encamine hacia la grabación de la obra. Cualquier espacio del hogar se convierte en asiento de intriga y emoción. La presencia del cuerpo con sus múltiples movimientos se separa del público por medio de una pantalla que transforma la experiencia. Esta es la realidad que han tenido que enfrentar los teatros de Quindío durante el confinamiento obligatorio.  

La suspensión de proyectos que ameritan desplazamiento a otros lugares y la temporal renuncia al acercamiento físico, son algunos de los traspiés que los grupos teatrales viven actualmente. De esto da testimonio Juliana María Buitrago Botero, directora del teatro La Musaraña, de La Tebaida: “Para mí, el impacto de no tener presentaciones y ver canceladas muchas de las actividades, me produjo frustración e impotencia. Al principio renuncié a realizar producciones para medios digitales, sin embargo, las personas estaban pidiendo las obras [...] porque la oferta de las redes sociales tiene mucho contenido superficial que, a pesar de entretener, no propicia la reflexión y el análisis cultural que necesita el ser humano”. En ese sentido, al menos puede rescatarse el valor crítico que genera el teatro, así sea por medios digitales, los cuales brindan un encuentro a las audiencias para que recuerden que son humanas y construyen sociedad.  

Hasta el momento, la recepción del público a las obras expuestas en plataformas digitales —YouTube, Facebook, entre otros— ha sido efectiva. Por ejemplo, la temporada de Teatro para la Vida, de Teatro Azul, proyecto realizado con estudiantes de instituciones educativas públicas, utiliza el arte dramático como herramienta pedagógica para la construcción de paz y apropiación del territorio. Después de cada presentación, se desarrollan foros con los grupos estudiantiles para retroalimentar la pieza artística. Reconforta decir que en la medida en que los niños y adolescentes disfrutan de este espacio, muchos padres y demás familiares se vinculan a contemplar las obras y participan en los conversatorios. También, colectivos de teatro como Casaparte y La Musaraña llevan a cabo sus proyectos por estos medios.  

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Ahora bien, uno de los efectos que ha padecido el sector cultural ha sido la fractura económica, la cual perturbó los centros y grupos teatrales del departamento. Esta circunstancia, de por sí perniciosa, se agrava en la medida en que los funcionarios locales del sector cultural olvidan al teatro en las agendas públicas. Leonardo Echeverri Botina, director de Teatro Azul, opinó: “Hay un problema muy delicado y es que la mala política [...] lleva a nombrar a personas no adecuadas en las dependencias municipales y departamentales, y nosotros somos los que nos vemos afectados”. 

En consonancia con lo anterior, Argemiro Alvis Pineda, director de Hilos Invisibles de la casa de la cultura de Montenegro, comentó: “Por el momento no se ha recibido ningún incentivo por parte de los entes gubernamentales. De hecho, varios de los actores de Hilos Invisibles quedaron sin trabajo, dado que laboraban en parques temáticos de la región”. Los teatros son invisibles a los ojos de las administraciones locales, el acompañamiento hacia los gremios de artes escénicas es paupérrimo. 

A propósito de la falta de apoyo por parte de las entidades regionales, Jorge Iván Espinosa Hidalgo, secretario de Cultura de Quindío, afirmó: “Este año nos llevó a un estado de crisis, donde la primera afectación son las finanzas de los departamentos. Esto se debe a que disminuyeron los ingresos por materia de impuestos y por las fuentes de financiación que tienen las regiones. Cuando esto sucede, los recursos son reinvertidos en la atención de la emergencia y, en este caso, Quindío y Colombia reorientaron sus rentas para el sector salud”. Ya sea porque se hayan desviado los recursos o porque se gestó una administración equívoca, lo cierto es que las instituciones teatrales afrontan la crisis de forma independiente.  

La poca atención prestada al sector cultural, especialmente a las artes escénicas, desvaloriza el teatro, lo cual es un grave error, pues este impulsa el desarrollo cívico y social. El teatro es una manifestación artística que sacude las conciencias al exponer las realidades humanas por medio de diferentes elementos que reproducen vidas cotidianas o tragedias, a la vez que constituye un instrumento que hace estremecer fibras emocionales. De esta forma, el teatro cumple un papel fundamental en el crecimiento cultural de los ciudadanos al permitirles abordar de otra manera nuestro contexto histórico. 

Jhoan Manuel Ospina Hernández, director y actor del teatro Casaparte, comentó: “El mundo ha demostrado que en los peores momentos y después de este trance hay una oportunidad para promover cambios en pro de un futuro mejor o peor. Considero que la responsabilidad del arte contiene un valor de riesgo y de revolución que invita al cambio, a destituir esa mentirosa figura de poder de los gobernantes. El teatro es un ritual que lleva 2.600 años existiendo, creo que somos los encargados de hacer que se siga perpetuando”. 

La función ha terminado y aunque el teatro se ha transformado temporalmente al acudir a herramientas virtuales, esperamos que vuelva pronto a su condición original, con sus salas llenas, expectantes. Por ahora, solo nos queda la desazón del público y artistas víctimas de una clase política indiferente y depredadora, aquella a la que no le interesa el desarrollo intelectual de la comunidad, ni un espacio para estremecer los sentidos adormecidos. En palabras del dramaturgo francés Antonin Artaud: “En la peste todos somos protagonistas y espectadores al mismo tiempo”. Es necesario entablar la discusión: ¿Cuál es el tipo de cultura que deseamos los quindianos?  

 Invitados e invitadas a escuchar las voces de los gestores y artistas. 

*Los textos, las ilustraciones y el podcast de esta entrega de Linkterna hacen parte del proyecto Linkterna, periodismo joven y ciudadano, apoyado por el programa Comparte lo que somos, del ministerio de Cultura.

 

Remoción de la consciencia 

Por: Ciro Andrés Pérez  

Recuerdo con especial cariño el sexto episodio de la primera temporada de Los Simpson, titulado La depresión de Lisa. El capítulo narra el decaimiento emocional de la pequeña intelectual de la familia, avasallada por una pesadumbre incierta. Sentada sobre las piernas de Homero, después de un día escolar restrictivo, Lisa le hace la pregunta del millón: “¿Cómo podemos dormir con tanto sufrimiento en el mundo?”. Esa es la cuestión principal. 

El interrogante nos conduce hacia el malestar de la consciencia, similar al escozor sicológico que sentía el icónico personaje de Crimen y castigo, Rodión Raskólnikov, al no poder soportar la decadencia de su entorno ni el peso de su propio crimen. Esa indisposición urticante es la que todos deberíamos sentir al estar atrapados en una sociedad gobernada por seres hostiles que actúan en aras del beneficio propio. Ese patrón de la degradación social y el despotismo político describe fácilmente nuestra sociedad colombiana, dominada por la corrupción, la desigualdad y la violencia. 

La falta de sensibilidad ante las tragedias humanas genera cosas horrendas. Colombia es Frankenstein, el personaje de la novela de Mary Shelley: en medio de la violencia y la desigualdad económica que promueve, margina a las personas vulnerables que, sintiéndose como monstruos, actúan como tal. ¿Acaso no son los niños y jóvenes más vulnerables los que acuden al sicariato y al narcotráfico? ¿No es el joven desplazado de sus tierras el que ha sido obligado a participar en grupos al margen de la ley? ¿No es el hombre que golpea a su mujer una réplica de una sociedad machista? Pero los monstruos también tienen cuello blanco: ¿Qué pensará el presidente al ver que la fuerza pública vuelve sus armas contra la población? ¿Qué pasará por la mente del corrupto que hurta el dinero de quien lo necesita? ¿Qué pensará el Policía que se ha corrompido? ¿Qué pensará el capitalista que destruye los parajes ecológicos aun cuando sabe que estamos al borde de un colapso ambiental? Si no se perturba la mente ante esto, entonces tenemos una buena razón para decir que no es cierto que ‘los buenos somos más’, como dicen los medios corrosivos de este país. Colombia es una sociedad indolente y eso tenemos que admitirlo. 

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¿Cómo sensibilizar a un país azotado por el crimen? “Educad a los niños, y no tendréis que castigar a los hombres”, decía Pitágoras. Para complementar la idea, creo que educar en las artes tiene un papel transformador en las personas. La filósofa Martha Nussbaum, en El cultivo de la humanidad —2005—, afirma: “Las artes desempeñan un papel vital, puesto que cultivan poderes de la imaginación que son esenciales para la construcción de ciudadanía”. La literatura, fenómeno social y artístico, hace un buen trabajo en este sentido, pues nos permite entender de manera crítica el sufrimiento y los dilemas de ese ‘otro’ al que ignoramos, despertando así el compromiso social. En medio de tanta desgracia, ¿también tú, lector, podrás dormir tranquilo hoy? 

 


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