Región / OCTUBRE 23 DE 2016 / 4 años antes

Templo principal de Filandia, una historia singular

Templo principal de Filandia, una historia singular

Su acabado y pintura todavía se alcanzan a apreciar en el segundo piso del templo

La construcción del templo María Inmaculada empieza en 1895, con el presbítero Jesús María Restrepo y termina en 1905 con Francisco de Paula Montoya, año en el cual se erige en parroquia. 

Está construido con enormes columnas de madera “obra que demandó ciento de brazos de hombres fuertes y musculosos”, tal cual lo asevera uno de los historiadores del municipio (1). En esta soberbia edificación sobresalen altivas sus cúpulas, que además mantienen el mérito de poseer un cielo raso totalmente trabajado de madera por laboriosos artesanos que lo tallaron en las primeras décadas del siglo XX.  En ese trabajo artesanal y decorativo se destacó don Arcadio Arias, ebanista que había sido alumno de otro maestro de talla artística y de escultura, el antioqueño Álvaro Carvajal.  Este templo es “reconocido como uno de los más antiguos que conserva la arquitectura ecléctica románica con elementos góticos.  Su construcción es de bahareque y forrado en lámina, arcos y columnas construidas en madera y barcinos y laureles negros y cielo raso con apliques en madera”(2).

 

De su levantamiento se conservan increíbles historias que cuentan las penalidades para trasladar, en convite, los árboles de barcino desde el bosque de Bremen, que se transformaron en las 22 columnas cilíndricas que se levantan en la estructura interior central y que tienen cuarenta centímetros de diámetro.  

 

Campanas
También se recuerdan los pormenores de la construcción de la estructura de bahareque y del transporte de las campanas antiguas desde el lugar de su fundición, incluyendo las anécdotas que relatan el empleo  de oro indígena en la fabricación de una de ellas.  Se trata de la noticia que por esa época cundía en la región con respecto a un hallazgo de 1890, consistente en poporos y otras ofrendas funerarias del Período Arqueológico Temprano y que daría lugar a la mención del “Tesoro de los Quimbayas”.  Se cuenta que las campanas fueron donadas por los señores Norberto Ospina (Casafú) y Victoriano Arias.  Éstos participaron como “accionistas” de la guaca” en la fracción rural “La Soledad”, hoy perteneciente a Quimbaya, donde, según se dice, “encontraron varias arrobas de oro” (3).  Años más tarde, exactamente en 1925, el sacerdote de la época ordenó la refacción del templo y cambio total de la fachada superior, donde estaban las campanas.  En 1928, para el cincuentenario de Filandia, se estrenó nueva presentación externa, con sus actuales cúpulas, pero de las campanas de oro se perdió el rastro, ya que habían sido desmontadas y guardadas para los trabajos proyectados.

 

Detalles
Los siguientes son, entre otros, algunos detalles históricos de este templo: La ornamentación de madera comenzó con el presbítero Salomón Castaño, a finales de la década de los treinta del siglo XX, una obra que adelantó el maestro Arcadio Arias.  También en esta época se consiguió una bellísima custodia y se talló la imagen de la Santísima Trinidad, que es uno de los objetos religiosos más bellos.  Igualmente se recibió como donación la imagen de la virgen del Perpetuo Socorro, regalo hecho por los esposos Pablo Mejía y Elisa Barreneche.  Se conserva también la imagen de la virgen Dolorosa, única talla de origen español.  Sus ventanas, en la parte superior de las cúpulas, fueron construidas de fina madera y los detalles de su acabado y pintura todavía se alcanzan a apreciar en el segundo piso del templo, desde donde también se observa esbelto el entramado de madera del techo principal.

 

En 1999 se acomete la restauración del templo luego del terremoto, obra adelantada por arquitectos de la Universidad Bolivariana de Medellín, en la cual se respetó el diseño arquitectónico de la nave derecha, que había sido destruida por el movimiento sísmico y porque se había deteriorado uno de los tesoros constructivos que posee, los enormes muros de tapia pisada.

 

Arquitectura única

Ahora que el Quindío hace parte de la inclusión del Paisaje Cultural Cafetero en la lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad, es bueno resaltar que el templo de Filandia es considerado como uno de los cinco del mundo que posee esta arquitectura única y especial (bahareque y tapia pisada).  Los otros cuatro son el Templo principal de Villamaria (Caldas), la Catedral de Nuestra Señora de la Pobreza de Pereira (Risaralda), la Basílica Menor de Nuestra Señora de las Victorias de Santa Rosa de Cabal (Risaralda) y la capilla del Colegio Sagrado Corazón de Jesús de Filandia (Quindío).  Hay que anotar que otro templo pertenecía a este conjunto de características arquitectónicas, cual era el de  Nuestra Señora de las Mercedes de Circasia (Quindío), que además poseía lámina de zinc que recubría su estructura de madera, y que fue lo único que quedó del incendio pavoroso que lo destruyó hace varios años.

 

Tienda

Sin embargo, la destrucción de una casa centenaria que estaba levantada en el sector izquierdo del templo de Filandia creó otro riesgo para este ícono del municipio.  Allí había además un espacio de 50 centímetros entre las dos construcciones, que servía como “respiradero” (o permitía mecer al templo con los movimientos sísmicos). Casa y espacio fueron eliminados hace dos años, para construir en su lugar una nueva tienda ARA. Un movimiento telúrico leve ocurrido hace un año produjo la fractura de dos columnas de madera de esa parte del templo, creando la incertidumbre con el resto de la construcción que es una joya arquitectónica de Filandia.  Ojalá, ante un nuevo temblor, no tengamos qué lamentar una pérdida patrimonial.

* Restrepo R, Carlos E. “Filandia, hija de los Andes”.  Editorial Quingráficas.  Armenia 1978.
Alcaldía de Filandia. Plegable turístico “Filandia es arquitectura, ecoturismo, paisaje y tradición”.  2009.
Ocampo Chica, Gustavo.  “Filandia. Historia y humor”.  Editorial Quingráficas.  Armenia. 1984

 

Por Roberto Restrepo Ramírez
especial para la crónica



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