Turismo / MAYO 01 DE 2021 / 1 mes antes

Córdoba, Quindío: Susurro de naturaleza y paz

Autor : Catalina Toro Romero

Córdoba, Quindío:  Susurro de naturaleza y paz

En Córdoba, el cielo se abre por entre las montañas de la cordillera Central.


Mucho más que café y montañas. El municipio adorna con sus encantos, el camino cordillerano.

Debo confesar que mientras planeábamos la visita a Córdoba, no sabía con qué me encontraría. Después de todo solo había escuchado que allí los guaduales custodiaban el pueblo y que su gente rodeaba esa cultura cafetera ancestral que actualmente pocos municipios conservan, pero por supuesto y como siempre: me llevé grandes sorpresas. Iniciamos el viaje desde Armenia, lo que tardó unos 40 minutos en carro para una ruta cercana a los 30 km, la mañana de ese sábado inició bastante fría y al llegar al municipio, el cielo nos envió una lluvia que despertó las montañas cordilleranas y nos dio la bienvenida... allí empezó la ruta.

Llegamos a la reserva de ‘Soñarte’ un proyecto interdisciplinar que durante años han trabajado en familia para acercar a los visitantes a su historia de naturaleza, café y sostenibilidad; allí un delicioso desayuno con frutas, arepas y chocolate para subir la temperatura, al fondo me percaté de un grupo de personas con ropa cómoda conversaciones suaves: ellos estaban allí en un retiro de yoga, rodeados de la majestuosa naturaleza del lugar y los sonidos de las aves, que son otro de los atractivos del sitio. Luego del desayuno empezó la caminata en la que conocimos el ecohotel, un par de lagunas, la bodega donde hace algunos años se procesaba el café de la finca y, por supuesto, la fauna que nos coqueteó en cada paso. Subimos la cuesta de la reserva escuchando atentamente a Patricia, una mujer apasionada por los saberes de cada planta y animal que rodean ese espacio, y que comparte su experiencia como si intentara atrapar a cada espectador y que se quedara sumergido entre esa niebla quindiana. 

Al término de nuestra caminata, encontramos un camino veredal muy inclinado, en el que reposaban muy tranquilos, un par de Willys tradicionales de la zona; sus conductores con entusiasmo nos invitaron a subir y nos invadió la dicha, pues esos carros han sido protagonistas de paseos de olla, excursiones estudiantiles, recorridos familiares y visita de fincas quindianas, y desde allí arriba entre risas y viento, se siente la adrenalina de una montaña rusa, enmarcada en un inmenso tapete verde natural.

 

¡Llegamos a un refugio! Este lugar, según nos cuentan, será muy pronto otra parada turística para quienes deseen internarse en los encantos de la zona, allí nos recibieron con un hervido de frutas y dos mujeres con delantales ‘floreados’ esperaban por nosotros con una mesa llena de curiosas herramientas. Ambas mujeres son artesanas del pueblo y crean piezas excepcionales con materiales que sacan de la misma naturaleza, esta vez nos presentaron una curiosa pieza que toma la forma que deseamos y se tiñe de colores, se trata de la ‘hoja caulinar’ extraída de la guadua. Colibríes, barranqueros, mariposas y flores, son los adornos que creamos con la hoja e hicieron parte de las artesanías que nos llevamos a casa. Se acercaba el mediodía y el cielo empezó a abrirse para mostrarnos más de la cordillera, de regreso al pueblo, en el Williys vimos algunas escuelas rurales y fincas que mantienen intacta su arquitectura y acogen a las familias que aún trabajan la tierra, llegamos a la terraza Soñarte y el olor del almuerzo nos abrió el apetito, allí se ve todo el casco urbano y las mesas están dispuestas para recibir con sus exquisitos platos a las familias y amigos que están de paso. Las moneditas de plátano con el exquisito hogao fueron protagonistas en nuestra mesa.

Luego de un merecido almuerzo era justo hacer algo de deporte, y Córdoba nos esperaba con una experiencia increíble gracias a CorBike, un colectivo turístico y deportivo que ofrece diferentes recorridos en bicicleta. Nos montamos en los caballitos de acero y un ciudadano danés, que estuvo acompañándonos durante todo el recorrido, se robaba la mirada de los habitantes por su estatura y su manejo de la bici en botas pantaneras. Recorrimos algunos cafés del pueblo y salimos del municipio por la vía que conduce a Pijao, con un golpe de calor el sol iluminaba la ruta y nos permitió conocer otra cara de Córdoba. 

Ya caía la tarde y el cansancio no fue impedimento para continuar hacia nuestra última parada luego del maravilloso paseo en bicicleta. 

Llegamos a Casa Rivera del cacao, una hacienda majestuosa que atrae con su olor a chocolate y nos comparte una experiencia de sabores con este delicioso producto. Mientras su anfitrión contaba cada detalle detrás de este proyecto, los visitantes nos deleitábamos con un volcán de chocolate preparado con productos 100 % quindianos, sin saber que sería ese el sorbo de energía para una ruta más que nos esperaba a través de los cultivos de Cacao. La variedad, el clima, los olores y los marcos naturales de cada rincón en la hacienda, nos permitieron disfrutar de un atardecer majestuoso y lleno de conocimiento.

Terminó el paseo y Córdoba nos abrazó el corazón con su gente que nos recibió de la forma más fraterna, con sus sabores impregnados de montaña y por supuesto, con sus paisajes que abren camino a las más lindas fotografías que guardaremos siempre en nuestro recuerdo.




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