Editorial / SEPTIEMBRE 28 DE 2020

No hay oposición

Los gobernantes necesitan un contrapoder que con argumentos lleve las decisiones trascendentales del territorio al debate público y con altura.

No hay oposición

No hay en el departamento de Quindío quién encarne la tan necesaria oposición para que la democracia se fortalezca y los asuntos gruesos de ciudad tengan varias miradas y la suficiente discusión para que se tomen las mejores decisiones. Ese sano y útil contrapoder lo necesitan los gobernantes para enriquecer su agenda y elegir lo mejor para el beneficio colectivo, para oxigenar el diálogo, para gobernar más allá de las vanidades y para mirar el territorio de forma holística. 

No se trata de una oposición sustentada en el chantaje, esa que tanta carrera ha hecho y que se transa con burocracia, no. Lo que se necesita es un espejo diferente a la vanidad en el que se puedan mirar los mandatarios, que admita el disenso, que no se fastidie con la crítica y que esté por encima de las comitivas de aplausos que suelen rodear a quien gobierna y que son incapaces de advertir los errores porque confunden amistad con adulación haciendo de paso un daño irreparable al poder ejecutivo.

En el caso de la gobernación ojalá la asamblea no caiga en la mala interpretación que por años se ha hecho al interior de la duma del concepto oposición y se alejen sus integrantes de ese mecenazgo tan perjudicial para el desarrollo sostenible que necesita el departamento. El gobernador, hasta ahora, pareciera ser receptivo a las críticas, lo que menos necesita es una asamblea en donde los proyectos pasen sin tocar aro como ha ocurrido en periodos anteriores. Esta asamblea debe marcar diferencia y evitar que sean vistos los diputados como figuras decorativas, fáciles de cuadrar como se suele decir en la trasescena política. Mal sabor de boca dejó en la región que semanas antes ya se supiera quién iba a recibir la mayor votación en la asamblea para ser elegido contralor departamental y aun así hubieran sometido a la terna de aspirantes al cargo a un examen cuando ya estaba claro quién tendría las mayorías.

Por los lados del centro administrativo municipal ya hubo un asomo de oposición a través de la veeduría ciudadana que lideró el excandidato a la alcaldía de Armenia, Luis Fernando Jaramillo Arias, y sus advertencias sirvieron para poner la lupa sobre lo que pasaba en el CAM en materia de contratación. Sería muy importante que ni él ni quienes lo acompañaron en ese sano ejercicio de oposición bajen la guardia y con argumentos y estudios, como lo han hecho, y sin indebidas presiones o ilegales patrocinios, como operan algunas veedurías, avancen con ese siempre útil ejercicio de control político.

Al concejo de Armenia le asiste, después del exabrupto cometido con el estudio y trámite del plan de desarrollo, demostrar que la lección quedó aprendida y que están en capacidad moral y profesional de plantear los debates que necesita la ciudad y que no sea la plenaria de esta corporación una tribuna de aplausos y sí un escenario de análisis lejos de cualquier tipo de negociaciones bajo la mesa como ha pasado históricamente. 

El departamento de Quindío y su ciudad capital, igual que cada uno de los municipios, necesita que haya oposición, para que cada territorio y sus habitantes ganen, para que se recupere el valor y brille la democracia, la misma que se ha visto opacada por la falta de estatura mental y moral de muchos para desempeñar los cargos para los cuales fueron elegidos en las urnas. Por eso es urgente que haya oposición, no chantaje ni fleteros, oposición.


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