Editorial / SEPTIEMBRE 23 DE 2020

Se rajaron

Tanto contratistas como el Fondo de Financiamiento de la Infraestructura Educativa perdieron este año y los pasados, no le cumplieron al departamento con la construcción y adecuación de los colegios.

Se rajaron

En total son trece instituciones educativas —diez en Armenia, una en Circasia, otra en Filandia y una más en Salento—, las que experimentaron esta vez la mala planeación, la inadecuada estructuración y la demostrada ineficiencia a la hora de contratar y realizar obras públicas con la plata de todos. No hay derecho ni explicación válida para tanta desfachatez, negligencia y pasividad, lo que ha pasado con los colegios públicos en esta parte del país es una vergüenza mundial y lo peor es que parece que esta situación no tuviera dolientes.

El Estado, en repetidas ocasiones, queda amarrado y a merced de la incapacidad, poder de corrupción y negligencia de los contratistas. El consorcio Mota-Engil incumplió y sometió al FFIE, hizo lo que quiso y si el Fondo de Financiamiento de la Infraestructura Educativa sigue viendo tan normal todo lo que pasa, el consorcio Santo Tomás y el consorcio HOPE seguirán poniendo las reglas de juego y la construcción y remodelación de los colegios públicos en Armenia se extenderá hasta que a los contratistas les dé la gana, pasando por alto los compromisos contractuales. Hay colegios, como el Rufino Sur, en donde ni siquiera han terminado las labores de demolición y para un posible reinicio de obras faltan algunos meses.

De la multimillonaria inversión para tener colegios remodelados y un par de establecimientos educativos nuevos en Quindío, se empezó a hablar en 2015, en ese año se presentó la noticia. Las obras comenzaron en 2017, avanzaron lo más lento que se pudo y en 2019 pararon definitivamente. No era mucho lo que se había hecho pero pararon y mientras tanto los estudiantes hacinados en otras sedes educativas.

Se volvió paisaje las ruinas del otrora glorioso colegio Rufino Sur. El plantel ni siquiera, tres años después iniciadas las obras, ha sido demolido por completo. Sinvergüenzas todos los que han puesto su grano de arena para que en Armenia haya un colegio menos, para que no haya sanciones ejemplares a los culpables de tal despropósito. Los estudiantes como parias porque dejaron sus aulas, ilusionados con la promesa de que al cabo de unos meses el colegio quedaría como nuevo, y los contratistas evadiendo responsabilidades, el FFIE pensando a ver qué hacía y la plata guardada. 

Nada de lo que se prometió ha sucedido y parece que se demorará en pasar. A falta de un nuevo colegio hoy hay uno menos en la capital quindiana, pasan los meses y no pasa nada con el Rufino Sur, como si eso fuera un asunto menor. Apartado Mota -Engil del proceso por incumplido, ahora dizque hay que hacer nuevos estudios de suelos, revisar diseños y licencias, y si todo este proceso llega a buen puerto, de pronto en noviembre de este año se reanudan las obras y tal vez en diciembre de 2021 se cumpla con lo que se prometió hace cinco años. Es tal la ineficiencia, la poca importancia que se la ha prestado al asunto y la poca representatividad de la dirigencia local, que ni siquiera este atípico año por pandemia, sin estudiantes en las aulas, fue aprovechado por los nuevos contratistas para acelerar las obras.

No ha valido nada, los contratistas someten al gobierno, las interventorías casi siempre resultan igual de mediocres y acomodadas que los abusivos contratistas. No valió la comitiva del rector del Rufino y los estudiantes a Bogotá el año anterior para pedirle a Mineducación que se ocupara del asunto; no se hizo cumplir la acción de tutela fallada a favor de la comunidad educativa que alega, y con toda razón, que le vulneraron un derecho fundamental. 

¿Qué pasó con el fallo conocido en mayo del año pasado en el que el Juzgado Cuarto Laboral del Circuito le daba un plazo perentorio a Mineducación y al FFIE para adelantar acciones que permitieran destrabar el proceso contractual para la construcción y remodelación de los colegios y retomar las obras lo antes posible? La respuesta es obvia, no pasó nada, y el daño social sigue creciendo. El demolido Rufino Sur lleva dos años desocupado, en los municipios las obras de los colegios están retrasadas, y aun así se especula con un posible regreso a las aulas.


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