Editorial / JULIO 08 DE 2020

Tasajera, la de la tragedia

Sí, Tasajera, una población colombiana que no existía ni siquiera en Wikipedia pero que hoy es mundialmente conocida por la tragedia allí vivida.

Tasajera, la de la tragedia

En gavilla, tal como llegó un grupo de residentes en Tasajera a robar el combustible que transportaba un carro cisterna accidentado, llegaron los señalamientos de una buena parte de la población sobre la indebida e imprudente acción cometida por los lugareños. Resultó muy fácil criticar y condenar el comportamiento de las personas que en cuestión de segundos asaltaron el vehículo volcado y tras su afán de lograr parte del botín perdieron la vida o resultaron gravemente heridas.

La tragedia, cuyo saldo fue de quince personas muertas y treinta lesionados, le recordó, o mejor, le contó a los colombianos que hay un pedazo de tierra pobre y olvidado, uno de tantos, llamado Tasajera, en la ruta que de Barranquilla conduce a Santa Marta, cerca de la Ciénaga Grande y el Mar Caribe. A los de Tasajera primero los visitó el olvido, luego atrajeron la pobreza extrema y la delincuencia, después los movió la tragedia y tras ella lograron llamar la atención de los colombianos. Ojalá que también despierte interés en el gobernador de Magdalena y del gobierno central para atender tantos males allí enquistados. 

El conducto regular en muchas partes del país es el de Tasajera, primero la tragedia y los muertos y luego se vuelven visibles y temporalmente importantes para el Estado.  Tras un inédito y doloroso clímax mediático, a muchas poblaciones y minorías étnicas las vuelve a abrazar la soledad y el abandono. La tragedia muta de zona en zona del país pero casi siempre en las que ya no tienen nada más que ofrendar al infortunio.

Desde todos los rincones del territorio nacional hoy se hacen juicios y se sacan conclusiones de una noticia ocurrida a muchos kilómetros de casi todos los espectadores y especuladores de turno. Lejos de ser apología a un acto delictivo, lo ocurrido hace un par de días en ese corregimiento de Pueblo Viejo desnuda la insondable brecha social, educativa, cultural y económica que hay entre gran parte del país y una minoría, que no puede excusar ningún acto al margen de la ley pero que sí refleja las consecuencias de la miseria. 

Los muertos y quemados de Tasajera hacen parte de una población cuya realidad fue resumida magistralmente por el diario El Tiempo en una frase que alcanza para rotularse como crónica: “Nos estamos muriendo de hambre. Hay días en que lo único que podemos tener es lo que nos da la carretera”, dice un poblador de Tasajera. En el reporte periodístico del matutino capitalino se lee el testimonio de un realizador audiovisual residente en la población donde ocurrió la explosión del camión. “Aquí muchos amanecen a veces esperando que se voltee un carro cargado con comida, para solucionar el problema en su casa”.

Si alguien asegura que comen si un carro cargado con alimentos se accidenta, además de resultar muy doloroso, propone un reto y mucho trabajo por delante para brindar oportunidades productivas, educación e inclusión social. El video de la explosión es la radiografía de una gran desigualdad porque muestra en el mismo encuadre una autopista en perfectas condiciones y sobre ella, sin camisa y en chanclas o descalzos, a un grupo de personas corriendo con desespero, primero para robar un poco de combustible y luego para huir de la muerte. 

Amén de muchas reflexiones que deja esta triste noticia para el país conviene preguntarse cuántas Tasajeras más hay en Colombia esperando que los visite la tragedia para que alguien les ponga atención. Los de Tasajera están parados, como seguramente le pasa a muchas poblaciones olvidadas del país, sobre una tierra fértil pero con las manos cruzadas porque no tienen apoyo para volverla productiva, y por eso les toca esperar que un carro se voltee para tener qué echarle a la olla, aunque eso no sea lo correcto.

 

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