Opinión / SEPTIEMBRE 20 DE 2020

Indignación nacional

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Muy grande fue la indignación nacional que produjo la dolorosísima muerte no solo de Javier Ordoñez sino de otras 9 personas en Bogotá el 9 de septiembre pasado, en donde hubo participación de la Policía Nacional. Además subieron de 60 personas heridas con armas de fuego.

La alcaldesa de Bogotá Claudia López ha pedido a la presidencia y al Congreso una reforma estructural de la Policía, que parta de suspenderle definitivamente el uso de armas letales por parte de la Policía. Que los crímenes y los desmanes dejen de estar protegidos por el fuero del que gozan hasta ahora.

La gente se pregunta si esos 2 patrulleros que mataron vilmente al estudiante de derecho Javier Ordóñez serán simplemente ovejas descarriadas o “manzanas podridas”. En un video titulado “Sobre los dolorosos hechos en Bogotá”, el senador Jorge Robledo señala que en ellos hay causas que toca mirar a fondo si queremos evitar que se repitan. Al respecto propone 3 ideas: 

La primera es que se tome la protesta social como un derecho democrático constitucional inviolable. La segunda, que se regule estrictamente el uso de la fuerza por parte de la Policía para que no se utilice en la forma desproporcionada y criminal en que terminó aplicándose en los trágicos hechos comentados que incluyeron brutales golpizas y disparos de agentes uniformados y encubiertos contra civiles desarmados. Y en tercer término que se revisen las formas de vinculación, de trato, el sistema educativo y las garantías laborales de los policías para que no terminen estos replicando la injusticia general de la sociedad, la violencia con que los disciplinan, y la negación de derechos que también padecen.

Los acontecimientos referidos de la semana pasada en Bogotá, constituyeron también un descrédito internacional para Colombia, varios medios y líderes en el mundo han comentado la vergüenza de lo sucedido y señalan que Colombia es el único país que mantiene la institución policial adscrita al régimen militar. También ha habido numerosas críticas dentro y fuera de Colombia sobre el manejo que le ha dado a estos graves hechos el presidente Duque y su ministro de defensa Carlos Holmes Trujillo.

Cabe mirar en el análisis el problema del vandalismo contra los CAI, la quema de buses, el asalto al comercio y las respuestas violentas de la Policía, pero es necesario entender que el atropello brutal contra Javier Ordoñez enardeció al pueblo. De todas maneras no se puede desvirtuar ni estigmatizar la protesta pacífica de muchísimos colombianos contra la brutalidad policial sino al contrario enaltecer la sensibilidad democrática y de repulsa a los ciudadanos contra la tiranía. Y de resistencia de la sensibilidad democrática frente a la brutalidad policial y la alcahuetería del gobierno.


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