Opinión / SEPTIEMBRE 26 DE 2020

La Conspiración Septembrina

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Cumplidos ayer 192 años de este episodio sucedido en Bogotá, el 25 de septiembre de 1828, teniendo en cuenta que poco se habla del asunto, puede recordarse que la Conspiración Septembrina fue un atentado contra la vida de Simón Bolívar cuando era presidente de la Gran Colombia. 

La oposición a Bolívar había crecido entre los liberales neogranadinos, quienes conformaron sociedades secretas, como las de la Revolución Francesa, especialmente tras haberse declarado la dictadura el  27 de agosto de ese mismo año. 

De una de sus reuniones, realizada a principios de septiembre, salió la idea de asesinar a Bolívar. Para ello buscaron adeptos en las fuerzas armadas, reclutaron veteranos y reservistas, así como expulsados, o a punto de serlo por mala conducta.

A la medianoche de ese 25 de septiembre, doce civiles y veinticinco soldados forzaron el ingreso al Palacio Presidencial dirigidos por Pedro Carujo; luego de asesinar a los guardias se dirigieron al cuarto de Bolívar, quien logró escapar por la ventana con ayuda de su compañera Manuela Sáenz. 

Bolívar mandó a averiguar la situación en los cuarteles, mientras pasaba la noche bajo un puente y el esclavo liberto José Palacios lo llevaba a un lugar seguro. 

El batallón dirigido por el coronel White contribuyó al fracaso de la conspiración y finalmente les correspondió a los generales Rafael Urdaneta y José María Córdova poner fin al complot, controlar la situación en la capital y llevar a prisión a los comprometidos en este siniestro atentado.

El resultado de esta conspiración fue la muerte del edecán inglés, coronel William Ferguson, la herida del joven Andrés Ibarra y una contusión en la frente sufrida por la ‘libertadora del libertador’. 

En juicio posterior, el general Santander fue hallado culpable, degradado y condenado a morir fusilado por la espalda, pero su pena fue conmutada por la expulsión, según decisión de Bolívar.

Durante los días siguientes fueron arrestados otros supuestos culpables a quienes se les siguió ‘juicio’, así como a militares de alto rango sobre quienes hubo sospecha de alguna participación en el atentado. Otros participantes directos en la conspiración fueron el escritor y dramaturgo, creador del teatro nacional  Luis Vargas Tejada —quien murió ahogado en un río durante su huida por los llanos orientales—, Vicente Azuero, Florentino González y el capitán venezolano Emigdio Briceño Guzmán.

Los acontecimientos de la Conspiración Septembrina y los posteriores juicios realizados de forma anormal por medio de un recién creado tribunal, hicieron surgir un tribunal de conjurados. 

El 29 de septiembre, Bolívar decidió disolver este tribunal de juzgamiento y encargar a Rafael Urdaneta como juez único. Éste actuó sumariamente​, olvidándose de toda imparcialidad o neutralidad.

 Por estas decisiones, varias personas, incluidos menores de edad que no participaron en el evento, fueron condenados a muerte, como el  almirante Padilla que estaba preso cuando ocurrió la conspiración y el tribunal lo había absuelto. Estas determinaciones aumentaron el rechazo a Bolívar y contribuyeron a la disolución de la Gran Colombia.


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