Opinión / SEPTIEMBRE 23 DE 2020

Lo que nos enseña el…ciclismo

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La reciente culminación del Tour de Francia nos dejó, como siempre, unas enseñanzas que refuerzan lo que en su momento Albert Einsten afirmaría sobre la bicicleta: “La vida es como montar en bicicleta: para conservar el equilibrio, debes mantenerte en movimiento”. Justamente la vida misma es un asunto que pasa por los cambios continuos y las experiencias que van evolucionando de forma inesperada. 

A través del pinganillo, Roglic debió ser alertado de que el título se le estaba escapando de las manos. Apretó hasta donde sus límites le permitieron, pero lamentablemente no pudo obtener la victoria. Al final de la carrera, vimos a este ciclista en el suelo, desconsolado, perdido en la penumbra de sus inquisidores pensamientos. Tuvo que reponerse, afrontar la inimaginable tristeza y al otro día pararse en el segundo peldaño de un podio que se presumía para él. Y lo hizo, con una fortaleza que le permitió estar ahí, en medio de un escenario que iba a ser suyo, pero que desafortunadamente no pudo darse. Incluso, subió con su pequeño hijo en brazos, como si nos estuviera diciendo que la desdicha de esta derrota y el refugio necesario para superarla estaba allí, en su propia familia. Sin duda, la familia es lo único que nos queda en medio de las desdichas. 

En la otra cara de la moneda quedó un joven de 21 años, quien con un gran esfuerzo y contundencia, borró el dominio total que tenía el equipo de Roglic. A punta de golpe de biela en la penúltima etapa, Pogacar, de forma inesperada, dio un salto hacia ese primer peldaño en medio de los Campos Elíseos. Se esforzó durante las 20 etapas, estuvo ahí, creyendo desde el silencio en la posibilidad del triunfo y, al final, lo dio todo para materializar un anhelo que tenía desde pequeño. Fue tanta la convicción por lo que hizo que ni él mismo creía este resultado. Y los ojos encharcados de su padre —al momento de que su hijo levantara el trofeo— nos revelaron ese orgullo que sentimos los padres por los éxitos de nuestros hijos; pero también nos reflejaron los recuerdos de esas angustias que continuamente se viven cuando son las caídas las que forjan el andar por este deporte…y por la vida. 

Al final de todo esto, es la pasión por lo que se hace, lo que motiva seguir avanzando para mantener el equilibro de la propia existencia. Tal cual lo dijo Rigoberto Urán luego de haber tenido un accidente el año pasado y poder terminar en octavo lugar en el Tour que acaba de terminar: “Esto solo se hace con pasión y se avanza día a día. Si uno se adelanta para pensar en el futuro, no se disfruta lo que se vive en el presente”.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by: Rhiss.net