Opinión / MAYO 12 DE 2020

¿Por qué no Gustavo Moreno Jaramillo?

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Como era de esperarse, en algunos sectores del Quindío no cayó bien la elección del risaraldense John Jairo Velásquez Cárdenas como director de los XXII Juegos Deportivos Nacionales y VI Juegos Deportivos Paranacionales, que se realizarán en el 2023 en el Eje Cafetero.

Y no porque Velásquez Cárdenas no tenga las credenciales para asumir el reto. Por el contrario, su experiencia política y dirigencial es conocida. 

La inconformidad radica en la postulación que hizo el gobernador del Quindío, Roberto Jairo Jaramillo Cárdenas, para conformar la terna que solicitó Mindeporte. Mientras Risaralda puso en la mesa un nombre de peso, Jaramillo Cárdenas se jugó la partida con Alberto Franco Soto.

Franco, ingeniero valioso y formado, es un alfil en el campo de la infraestructura, pero no es un dirigente deportivo, de raza, que pueda hacer contrapeso a la propuesta de Risaralda. Si la gobernación del Quindío quería asumir la dirección, debió mover su mejor ficha.

Aquí es imposible no pensar en Gustavo Moreno Jaramillo. Un director de juegos nacionales requiere de una figura que goce de respeto nacional, e internacional si se quiere, con credibilidad aquí y allá, que no se arrugue, que no le dé pena hablar, que infunda respeto.

Como en el fútbol, no basta con tocar bien la pelota para ser capitán, se necesita personalidad y berraquera —sí, con b, como la escribimos en Colombia—. 

Que Risaralda se quede con la dirección de los juegos, así les duela a muchos, es apenas comprensible. Es el departamento que habla más duro en el Eje Cafetero, que muestra mejores resultados deportivos, el de mayor peso económico y el que poco a poco perdemos de vista.

Pero ojo, en infraestructura deportiva le hablamos a Risaralda de frente. Así les duela a otros, quisiera Pereira tener un estadio de atletismo o coliseos como el del Café y el de gimnasia, de Armenia.

Aun así, siento que nuestra dirigencia agacha la cabeza cuando sale del terruño; son fieras en la casa, pero ‘gatitos’ en la calle. Hay que decir que la subdirección de los juegos fue entregada a la extenista Mariana Mesa Pineda, también del departamento vecino.

Los risaraldenses han hecho bien el trabajo; han sido proactivos, estratégicos y ejecutivos. Claro que, como nosotros, sufren con la corrupción, pero en el escenario aparecen, cada día más, aquellos soñadores que saben que el departamento está primero.

Que Risaralda siga creciendo y que su progreso sea incontenible. Nos conviene, como Eje Cafetero, tener un hermano fuerte en la familia, pero no podemos ser tan bisoños para pensar que eso es suficiente. 

O nos quedamos criticando los logros de los risaraldenses, cerramos los ojos y repetimos que somos mejores porque sí, o, con pena y gallardía, nos tocamos y empezamos a crecer a la par.


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