Opinión / OCTUBRE 26 DE 2014

Sobre el sufrimiento (2)

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El sufrimiento humano tiene características individuales y sociales, adquiere matices desconocidos e inimaginables porque hacen parte de  historias de dolor, individuales e intransferibles. 

El sufrimiento adquiere dimensiones que para siempre permanecerá en el fuero interior, pero también hará parte de un colectivo social que padece los estragos de los sufrimientos individuales.

En este sentido el fenómeno del sufrimiento puede ser considerado en su dimensión emocional, psicológica, moral y social. Incluso como un campo abierto de significaciones a comprender en su lógica y en su extensión, como un conjunto de palabras y conceptos que estudian la naturaleza del sufrimiento, su origen biológico, cultural, manifestado en el lenguaje.  

El sufrimiento, físico y mental, cubre los siguientes  términos: dolor, ansiedad, odio, amargura,  aflicción, desesperanza, tristeza, desolación, duelo, malestar, pena, rabia tormento, tortura, muerte, desplazamiento, victima, lágrima, angustia, desazón, suplicio, genocidio, lesa humanidad, corrupción, impotencia, desamparo, esclavitud, castigo, condena, rencor, melancolía, aburrimiento, calvario, martirio, infierno, enfermedad, paciencia, drama, fatalidad, adversidad,  catástrofe, pérdida, ruina, venganza, calamidad, contrición, arrepentimiento, perdón, reconciliación.

Así el conocimiento que tenemos de nuestras capacidades lingüísticas tiene implicaciones positivas para entender el lenguaje del sufrimiento, el papel que cumple en la comprensión de los problemas actuales. Sin esa comprensión no hay posibilidad de ver con claridad las soluciones. Allí no debe haber lugar a la confusión ni a la doble moral. Más bien se impone la necesidad de reducir la angustia de vivir y recuperar el sentido de la vida. Esta dimensión enfrentaría con más eficacia los desafíos psicológicos y de salud mental de los que han padecido las diferentes formas de  violencia.

El lenguaje no es un simple instrumento cultural, es una habilidad compleja y especializada que, a veces,  empobrece la capacidad de mirar razonablemente los límites de nuestras actitudes e impulsos que nos llevan a hablar y actuar como autómatas. En las actuales circunstancias  el sufrimiento parece  lejano en una conciencia que construye un individuo inmoral que todo lo justifica según su propio ideario político con un repertorio de respuestas establecidas y esquemáticas, creadoras de violencia y dolor.

 


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