Opinión / SEPTIEMBRE 27 DE 2020

¡Superar los mitos!

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“Ese habla mucho y el que mucho habla nada hace”. “Los menores de edad se están suicidando por relaciones amorosas fallidas”; “muchos de los que se autolesionan pertenecen a familias disfuncionales”; “son las consecuencias del abandono de Dios”; “muchos niños viven sin Dios y sin ley, están expuestos a diversos riesgos”; “se trata de un enfermo mental”; “tanto suicidio y nadie hace nada para contrarrestarlo”; “los papás trabajan todo el día, estos muchachos quedan solos”. Estos decires y mitos, que se escuchan en el ambiente de nuestras calles o grupos generan la pregunta: ¿Estamos aprendiendo a vivir con este flagelo? ¿nos estamos acostumbrando a escuchar las cifras de suicidio en Colombia y especialmente en nuestra región? 

A los mitos que se han ido difundiendo socialmente, se agregan los famosos retos, que se promueven a través de las redes sociales y que afecta especialmente, a los niños, adolescentes y jóvenes, pues son incitados a atentar contra su propia vida. No se puede ignorar que los ámbitos de interacción, como la familia, la comunidad, los mismos integrantes de grupo, los medios de comunicación, ejercen una fuerte influencia en el comportamiento de los individuos; de ahí, la importancia de ayudar a superar los mitos sobre el suicidio y advertir a los chicos sobre los peligros de los llamados “retos”, en orden a favorecer un trabajo serio, responsable y colaborativo sobre la información y prevención del suicidio. 

Aunque la OMS ha planteado la exigencia que nuestros gobiernos tengan políticas públicas para enfrentar el problema del suicidio, con el fin de disminuir sus tasas, al menos en un 10%, sin embargo, el tiempo ha ido pasando y estas políticas no se han diseñado. Esta orientación fue un desafío a nuestros gobiernos, para implementar entre el 2013 y 2020 y ¿Qué seguimos esperando? este flagelo, como tantos otros, se han ido convirtiendo en “problemas de salud pública” y por lo mismo, impiden el diseño de programas sólidos de prevención. Las políticas deberán incluir una legislación clara sobre el abuso y la manipulación ejercida a través del ciberespacio, por personas y grupos inescrupulosos, delincuentes que intentan robar la inocencia de los chicos y la esperanza de los jóvenes. 

Así que, más allá de los decires, mitos, retos e ideas en nuestros colectivos sociales, es importante evitar generalizaciones, huir de los estereotipos y evitar explicaciones simplistas sobre el suicidio. Asumir procesos de intervención en el ámbito social y educativo, es un desafío que comporta articulación, preparación, conciencia ciudadana, responsabilidad de directivos, padres de familia, docentes, estudiantes; conocimiento de la realidad socio demográfica, asimilación de la información que nos brindan organismos internacionales como la Organización Mundial para la Salud, la Organización Panamericana de Salud, los referentes nacionales y locales, la misma Iglesia, que nos pueden ayudar a entender este fenómeno del suicidio como fenómeno social. La actitud de todos, debe ser, asumir con responsabilidad nuestro compromiso social y coadyuvar en procesos que ayuden a la prevención, intentando construir juntos un camino de esperanza.


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