Editorial / OCTUBRE 24 DE 2020

100 mujeres asesinadas

38.000 casos de violencia intrafamiliar se han documentado este año en Colombia, la cifra podría estar lejos de la realidad pues, como siempre pasa, el subregistro de este tipo de delitos es alto.

100 mujeres asesinadas

El brutal ataque del que fue víctima Ángela Ferro en Bogotá, a quien su agresor le propinó siete hachazos, no es un hecho aislado. La dolorosa escena, presenciada por un menor de doce años, hijo de la mujer a quien intentaron matar, ya es, tristemente, un lugar común en Colombia. Cada semana de este año han sido asesinadas en el país, en promedio, tres mujeres, la mayoría por sus parejas o exparejas sentimentales. 

El ataque de Ángela no es un caso atípico, todo lo contrario, se normalizó esta criminal conducta y por eso lo grave. El jueves pasado, en la localidad bogotana de Kennedy, una mujer de 22 años fue asesinada con arma blanca por su compañero sentimental. Hasta el 15 de octubre de este año la cifra de feminicidios en el país llegaba a 112, pero, dolorosamente sigue en ascenso; en Buenaventura a mediados de este mes un hombre acabó con la vida de una mujer embarazada, y ayer otra joven de 24 años en estado de gestación fue asesinada por quien parece tenía un vínculo sentimental con ella.

La lista es larga, los crímenes contra las mujeres son de varios tipos, no solo son asesinatos, también hay maltrato físico y sicológico y persiste la discriminación, un fenómeno absurdo y que pareciera no debería tener cabida en sociedades que se dicen civilizadas. Lo que también aterra es la impunidad, no solo la baja tasa de condenas con respecto al número de denuncias, sino la cantidad de casos que se quedan en el anonimato; hay toda una suerte de vejámenes que sufren las mujeres de las puertas de sus hogares para adentro.

Sigue siendo esta sociedad, aunque se quieran dar muestras de inclusión, tolerancia y respeto, una sociedad machista. Mucho tiene que ver la formación de los menores en los hogares, la violencia de género puede heredarse, el pequeño que crece viendo cómo su padre agrede a su madre, la insulta e ignora su opinión y sus derechos, crecerá con un espejo equivocado y correrá el riesgo de ser también un maltratador. 

Pero ojo, también hay violencia del sistema contra las mujeres. Si no hay denuncias y aumentan los subregistros, también es porque no hay confianza en el Estado, porque muchas mujeres prefieren sufrir en silencio antes de ser revictimizadas por su familia, por los medios de comunicación y por el sistema de justicia. Cada quien tiene algo de culpa y mucho que aportar para que la escandalosa cifra de mujeres violentadas sea cada vez menor.

Lo que pareciera un mal chiste o un buen tema para un cruel meme, es real y pasó en Colombia. La semana pasada fue noticia la queja de una mujer que quiso poner en conocimiento de las autoridades el maltrato del que era objeto por parte de su compañero sentimental y la citaron para junio del próximo año con su agresor. Muchas mujeres están viviendo con su verdugo y sometidas a la falta de celeridad de un sistema judicial que en repetidas ocasiones premia al delincuente con penas leves, dilación de procesos o absoluciones así todas las pruebas permitan soportar una condena.

Muy grave para una sociedad normalizar actos tan repudiables como el continuo asesinato y agresiones de todo tipo contra las mujeres, solo por una condición de género; preocupante que las víctimas mortales no hayan tenido quién las escuchara y las ayudara oportunamente, amén de las que siguen soportando en silencio un infierno. Por ahora las mujeres no tienen otro camino que salir a marchar con carteles que piden que pare ya la violencia contra ellas, pero parecieran solas en esa legítima y vital lucha. 

Y, mientras se crean mecanismos para atenuar este delito, castigar como se debe a los criminales y ofrecer mecanismos oportunos y efectivos para atender y solucionar los conflictos de tantas mujeres atacadas a diario en sus hogares, esta semana habrá, lamentablemente, tres mujeres más asesinadas porque sí, porque son mujeres. Eso es lo que revela la cruel estadística nacional. 

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