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Editorial / JUNIO 11 DE 2024

217 intentos de suicidio en 2024

El grupo más afectado es el de jóvenes entre 10 y 29 años.
 

217 intentos de suicidio en 2024

A la fecha, en lo que va de 2024, en el departamento del Quindío se han reportado oficialmente veintiún muertes autoinfligidas, lo que lamentablemente mantiene la tendencia de los últimos cuatro años, cuando se han promediado entre 40 y 42 suicidios por cada vigencia. Sin embargo, hay una cifra de la que poco se habla, pero que, sin duda, oculta una realidad, que ya de por sí, resulta más aterradora en cuanto a los problemas de salud mental del territorio más pequeño de Colombia: el número de intentos de suicidio. 

Según las cifras reportadas en el portal del Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública, Sivigila, entre el 1 de enero y 9 de junio de 2024 en este departamento se han reportado 217 intentos de suicidio, es decir, en menos de seis meses, los intentos sobrepasan cinco veces las muertes autoinfligidas de todo un año y diez veces las que se han consumado hasta la fecha. 

Estas estadísticas deberían tener a las autoridades locales concentradas y en un debate permanente. Nos encontramos frente a una crisis de salud mental que no debe ser ignorada. La situación es particularmente preocupante para las mujeres, quienes representan el 60.4 % de los intentos de suicidio. ¿Qué factores están contribuyendo a esta alarmante disparidad de género? ¿Qué medidas se están tomando para abordar esta problemática específica? 

Armenia, como capital del departamento, concentra la mayoría de los intentos de suicidio con 106 casos reportados, seguida por Calarcá con 30 casos y La Tebaida con 18. Ninguno de los doce municipios se salva de esta problemática. Las estadísticas nos muestran que el 93.5 % de los intentos de suicidio se cometen en las cabeceras municipales, lo que podría indicar una relación entre la urbanización y el incremento de problemas de salud mental. 

Otro aspecto que no puede pasar desapercibido es la distribución de los intentos de suicidio por estrato socioeconómico. Casi la mitad de los casos provienen del estrato 2, seguido por el estrato 1 y 3. Este dato es un reflejo claro de cómo la vulnerabilidad económica puede exacerbar los problemas de salud mental. La pregunta que surge aquí es: ¿Qué están haciendo las instituciones para proporcionar soporte psicológico y económico a estas personas? 

La situación es igualmente alarmante cuando se analiza por grupos etarios. El grupo más afectado es el de jóvenes entre 10 y 29 años, con un total de 143 casos. Es inconcebible que niños y adolescentes estén llegando a tal grado de desesperación. La presencia de un caso de una menor de 10 años en Armenia debería ser un llamado de atención urgente para todos nosotros. La salud mental de nuestros jóvenes no puede seguir siendo relegada a un segundo plano. Es esencial que se implementen programas de prevención y apoyo en las escuelas y comunidades para abordar esta problemática desde sus raíces. 

Además, los datos revelan intentos de suicidio en poblaciones vulnerables, incluyendo a personas en situación de cárcel, indígenas, migrantes y víctimas de violencia armada. Estos grupos enfrentan desafíos únicos que deben ser abordados con políticas específicas y sensibles a sus contextos. 

Frente a estas cifras, debemos cuestionarnos: ¿Qué estamos haciendo como sociedad para apoyar a quienes están sufriendo? ¿Estamos brindando suficiente educación sobre salud mental en nuestras comunidades? ¿Qué tipo de servicios y recursos estamos ofreciendo a aquellos en crisis? 

Es evidente que el departamento del Quindío necesita una respuesta integral y coordinada para enfrentar esta crisis de salud mental. No basta con atender los casos que ya han ocurrido; necesitamos políticas de prevención efectivas -porque las que se han implementado hasta la fecha no están funcionando-, un acceso ampliado a servicios de salud mental, y una comunidad que esté informada y preparada para ofrecer apoyo. 

Invitamos a las autoridades locales, a las instituciones educativas, a las organizaciones de la sociedad civil y a cada ciudadano a unirse en la creación de una red de apoyo sólida y efectiva. La salud mental debe ser una prioridad urgente en la agenda pública, y el momento de actuar es ahora. 


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