Editorial / JUNIO 20 DE 2021

Al alcance de la mano

El virus sigue vivo, la pandemia está vigente y el país afronta el momento más complejo. 

Al alcance de la mano

Resulta paradójico que en el peor momento de la pandemia de la Covid-19, cuando diariamente en el país cerca de 600 familias deben sufrir la pérdida de, por lo menos, un ser querido, el gobierno nacional pretenda el regreso a las actividades cotidianas tal y como eran antes de marzo de 2020.  

La presencialidad en oficinas e instituciones educativas si bien, en muchos casos, es necesaria, quizá el momento no sea el indicado para enviar un mensaje de reapertura total, teniendo en cuenta, además, que, en las principales ciudades del país, las Unidades de Cuidados Intermedios y Cuidados Intensivos superan el 80 o el 90 % de ocupación. 

El tercer pico de contagios, que comenzó tras las vacaciones de Semana Santa, sigue extendiéndose en una meseta casi interminable que tiene exhausto al personal de salud y amenaza con la escasez de insumos para atender los casos de mayor gravedad.  

Está bien, el plan nacional de vacunación ya adquirió velocidad de crucero y avanza a buen ritmo -más de 340.000 dosis administradas en un solo día-, pero el camino a la inmunidad comunitaria todavía es largo. Según las estadísticas del ministerio de Salud, a corte del viernes 18 de junio, de los 14.409.994 colombianos que han sido inoculados, solo 4.498.342 han completado el esquema, es decir, el 31 % de esta población puede decir que tiene un menor riesgo de enfrentar una infección severa de Sars-Cov-2, -sin tener en cuenta la llegada de otras variantes que ya circulan por el mundo y sobre las que se estudia si la efectividad de los biológicos es menor, como el caso de la variante Delta, surgida en India-. Por ahora, falta un trecho de 30 millones de colombianos para alcanzar la meta de 34.2 millones de vacunados que se trazó el ministerio de Salud para 2021. 

En el caso del Quindío, el promedio diario de vacunación supera las 4.000 dosis, en total se han inoculado a 210.171 personas y 63.459 han completado el esquema. Cifras esperanzadoras, no se alcanza a ver la luz al final del túnel, pero sí un tenue resplandor.  

Así las cosas, del buen talante de las autoridades locales dependerá saber cuándo y cómo adoptar la reapertura segura que promueve el gobierno del presidente Iván Duque. Nada sencillo en un departamento donde mantener el cierre del comercio es prácticamente poner en jaque a la economía entera. Basta con conversar con las personas del gremio de las actividades de entretenimiento nocturno -principales damnificados con las restricciones- para entender la dimensión del dilema.  

Por eso, el principal insumo para tomar cualquier decisión son las estadísticas, y en la última semana, para el Quindío, no han sido nada alentadoras. Entre el domingo 13 y el sábado 19 de junio, en el departamento del Quindío se registraron 34 fallecimientos y 1.343 nuevos contagios, solo el jueves 17 de junio se reportaron 300 casos. En el transcurso de la semana, el promedio de ocupación de cuidados intermedios alcanzó, por momentos, el 96 %. El miércoles tuvo que ser declarada la alerta roja hospitalaria por la alta ocupación en las UCI, que en ese momento estaba en 83 %, aunque cerró la semana en más del 90 %-.  

A la luz de las cifras, surgen varias preguntas, ¿qué va a pasar si las estadísticas -como presumen los analistas más pesimistas- empeoran? ¿Bastarán los cierres nocturnos para darle un respiro al personal médico? ¿Es tarde para adoptar restricciones más severas? Esperamos que la realidad sea menos cruel que las proyecciones.  

No obstante, más allá de las decisiones que pueda tomar un alcalde, el gobernador o el mismísimo presidente, como ciudadanos lo único que nos compete es cuidarnos y así proteger a quienes amamos. Es relativamente sencillo, pero se requiere de compromiso y disciplina: evitar las aglomeraciones, lavado frecuente de manos y usar correctamente el tapabocas, es una fórmula que está al alcance de la mano de cualquiera y que contribuye a frenar un poco la pandemia.  

Cuidémonos nosotros mismos, al fin y al cabo, la tragedia por un solo enfermo en la familia es algo que no se cuenta en las estadísticas. 

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