Editorial / JUNIO 18 DE 2021

Alerta roja

Nada parece detener ni la letalidad del virus incubado en oriente ni la irresponsabilidad colectiva que ha hecho de este tercer pico de la pandemia un eterno sufrimiento.
 

Alerta roja

De nuevo los quindianos tendrán que dormir rogando no despertar con síntomas de Covid porque no hay mucho espacio en las unidades de cuidados intensivos del departamento para tratar pacientes críticos de esta patología. Tener las UCI por encima del ochenta y tres por ciento de ocupación otra vez pone en máxima alerta el aparato de salud local y a los profesionales de la salud en acuartelamiento de primer grado.

Aunque no se puede poner la mirada solo en las numerosas manifestaciones en la vía pública, realizadas durante más de un mes, sin ninguna medida de protección, como foco de tan elevadas cifras diarias de contagiados y muertos, no hay duda que es lo que ha desencadenado un eterno pico de la pandemia que, dicho por expertos, va a durar mucho más de lo inicialmente calculado.

Hay que resaltar la celeridad con la que ha avanzado el plan nacional de vacunación, tarea por la que el departamento del Quindío sigue saliendo bien librado. Pero, ante tanta indisciplina social, grandes esfuerzos como el realizado en casi todo el territorio nacional, resultan insuficientes. Siguen siendo los colombianos, dueños de su destino y determinadores del rumbo que tome esta devastadora pandemia.

Las últimas cifras meten miedo. Tanto los contagios y fallecimientos nacionales como los del orden departamental siguen poniendo de manifiesto la urgencia de que la población se tiene que cuidar entre sí. No importa que se haya privilegiado la economía sobre la salud, así iba a terminar pasando, pero se puede producir adoptando medidas de precaución, solo hace falta que cada uno quiera protegerse y proteger a los suyos.

Los cinco muertos y los trescientos contagiados confirmados para la última jornada, y que dejan a esta parte del territorio nacional, momentáneamente, con mil cuatrocientos diez fallecidos y muy cerca de cincuenta mil contagiados. Las cifras país no son menos escandalosas, todo lo contrario, después de volverse ‘normal’ registrar más de trescientos muertos por día, se empezaron a contabilizar cuatrocientos, luego quinientos y ya parece paisaje que se hable de seiscientas víctimas mortales.

Preocupa en demasía que se siga naturalizando lo que es una gravísima emergencia sanitaria, la más grave en la historia del país. Cada día simplemente se habla de decesos, de casos activos y recuperados, pero mientras eso sucede el luto sigue cubriendo con su negro manto a millones de hogares. Ojalá hubiera un despertar de la conciencia colectiva para ser más cuidadosos pero hay razones, y varias, para pensar lo contrario.

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