Editorial / DICIEMBRE 08 DE 2021

Buen comienzo

Sí, fue baja la participación, sí, reinó el desinterés de los jóvenes, pero no podía esperar el país una reacción diferente de quienes durante tanto tiempo han ignorado y a quienes han obligado a marchar como única opción para reclamar cambios. 

Buen comienzo

Las votaciones juveniles del pasado domingo en Colombia constituyen un hecho, sin duda, histórico. Por primera vez los jóvenes entre los 14 y los 28 años fueron candidatos y electores al mismo tiempo y ese es un buen comienzo para recuperar la fe perdida en la actividad política. Darles vida a los consejos juveniles no solo era una obligación del Estado sino una urgencia para acercar a los adolescentes y adultos jóvenes a las urnas y alejarlos de la protesta violenta en la calle como única vía para pedir cambios así sean necesarios y justos. 

En meses pasados los jóvenes se fueron a las calles, sin importarles la exposición al contagio de coronavirus y las posibles consecuencias fatales del virus, para gritar su enojo por tantos y tan seguidos errores de quienes gobiernan. Ese fue, en principio, un acto de valentía que la mayoría aplaudió, pero que se desdibujó cuando manos oscuras infiltraron la protesta para teñirla de odio y sangre. Después de esa protesta callejera había que darle paso a la participación democrática y eso fue lo que acaba de ocurrir en el país. 

Sí, la participación fue baja, muy baja. De los casi un millón trescientos mil habilitados a nivel nacional para votar, lo hizo apenas el 10 %. Pero, acaso, ¿se esperaba algo diferente, en este primer ejercicio democrático, teniendo en cuenta el declive sistemático que han venido teniendo en Colombia las jornadas electorales? Esta es la semilla de esa nueva cultura política que para bien del futuro de esta nación debe germinar y empezar a dar frutos prontamente. 

Sí, estas votaciones valieron mucha plata y el resultado, en número de participantes, descompensa cualquier valoración o ecuación para medir su impacto. El costo de este ejercicio democrático, aseguran, estuvo cercano a los $160.000 millones, pero estaba el gobierno nacional en la obligación de garantizar estas elecciones y eso valían; tal como lo ha hecho, a unos costos también elevadísimos, con las famosas y alcahuetas consultas internas de los partidos, que también tienen una bajísima participación y deberían ser pagadas por los propios partidos o movimientos políticos. 

Lo ocurrido en las urnas el domingo pasado es una muestra de madurez política. Que los jóvenes hayan pasado de la protesta en la vía pública a las urnas para elegir y ser elegidos, no solo habilita la participación de los jóvenes en la construcción de las diferentes políticas públicas de sus territorios, sino que propone ese relevo generacional tan necesario para ir separando de la actividad política tanta maña. 

Claro, tienen los jóvenes que hacer un juicioso análisis de la participación en la jornada política en comento. Preocupa, y mucho, más que el porcentaje de abstencionismo, la cantidad de votos nulos. Ese 23 % de votos inútiles refleja que faltó pedagogía, pero no solo mediática; organización, pero no de la Registraduría; y sobre todo interés, ese sí, de quienes podían votar y lo hicieron mal. No pueden quejarse esta vez los jóvenes de discriminación, persecución, falta de atención o de garantías, no señores. Parte de esa madurez política que de ahora en adelante deben demostrar, quienes fueron elegidos, quienes sufragaron, quienes no lo hicieron, y quienes reclamaban participación y espacios, debe reflejarse en mayor interés en la actividad política para que sigan siendo dignos de exigir.


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