Editorial / ENERO 26 DE 2023

Cultura del riesgo

Incómodo es hablar de la posibilidad de una emergencia derivada de un fenómeno natural, pero irresponsable es no hacerlo. 
 

Cultura del riesgo

Cumplido el elemental compromiso de preguntar públicamente en qué ha avanzado el Estado, representado en el gobierno local y las diferentes instituciones con competencias sobre el particular, en cuanto a las responsabilidades que le atañen para prevenir y mitigar el riesgo en caso de una emergencia natural, como la que aconteció hace veinticuatro años en el Eje Cafetero, necesario es también repasar y evaluar el papel de cada ciudadano en lo que tiene que ver con la preparación para evitar un riesgo o daño mayor y reaccionar de la mejor forma en caso de alguna eventualidad. Sobre el departamento del Quindío se ciernen diferentes amenazas; no solo la posibilidad cierta de ocurrencia de un nuevo terremoto es lo único que debe invitar a trabajar más sobre la prevención, también hay que hablar y prepararse ante la actividad del volcán Cerro Machín y la alta probabilidad de que se presenten avenidas torrenciales y deslizamientos. 

El foro realizado por esta casa periodística, en alianza con RCN Radio Quindío, sobre las enseñanzas, desafíos y avances en materia de prevención del riesgo en el Quindío luego del terremoto del 99, y cuyas preocupantes conclusiones fueron expuestas en nuestra edición impresa de ayer 25 de enero, agotan el conducto regular para, acto seguido, poder llamar la atención sobre las responsabilidades individuales y ciudadanas. Sí, el Estado es responsable y al mismo tiempo culpable por omisión o lento proceder sobre las medidas que en departamentos como el Quindío se deben tomar para proteger a sus pobladores de los efectos adversos de un fenómeno natural, pero también los moradores necesitan admitir que han subestimado las amenazas, las han retado y conscientemente están provocando las tragedias o haciéndolas más gravosas. 

En simples conductas como la manera tan despectiva y folclórica como se participa en simulacros de evacuación queda claro que la mayoría cree que está inmune o a kilómetros o años de ser víctima de una emergencia natural. Nada más errático. Varias frases, pronunciadas por expertos durante el foro del terremoto que lideraron NUEVA CRÓNICA QUINDÍO y RCN, le dan pie a este llamado de atención público al ciudadano. “Cuando compramos una casa solo nos preocupa de cuánto van a quedar la cuotas, no preguntamos si la vivienda está construida en una zona permitida y cuáles son las condiciones de su estructura”, “Un campesino no salva la cosecha solo conociendo qué días va a llover y durante cuánto tiempo”, “Si se produjera un anuncio sobre una inminente erupción del Machín, ya sería tarde para reaccionar”, “Por un uso inadecuado, los suelos están sobrecargados de humedad y ahora son mucho más pesados”, “Algunos proyectos no se ejecutan como fueron calculados o diseñados”, fueron algunas de las reflexiones hechas durante el foro y que tiene que ver con el compromiso y responsabilidad de la ciudadanía. 

Ya pasó una vez, claro que puede volver a pasar, pero en poco tiempo se pasó de la paranoia colectiva a la irresponsabilidad individual. Los planes de emergencia no se diseñan, actualizan y comunican como debiera ser en empresas, universidades, colegios, escuelas e instituciones. Tampoco en la casa se habla sobre qué hacer en caso de alguna emergencia provocada por un fenómeno natural y, lo peor, se sataniza a quien propone el tema. Hablar de una emergencia por un fenómeno natural no acelera su ocurrencia, pero sí puede frenarla o aplazarla y, sobre todo, hacer menos dolorosas las consecuencias.


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