Editorial / AGOSTO 07 DE 2022

Efectos de la democracia

Desde hoy, día en el que se le rinden honores al Ejército Nacional, un exguerrillero comandará las fuerzas armadas de Colombia.

Efectos de la democracia

Coincide este 7 de agosto la celebración nacional por el cumpleaños número 212 del Ejército Nacional y el cambio de mando presidencial en el país. Comienza el periodo constitucional de un presidente de izquierda, primero en la historia de vida republicana de Colombia. La expectativa es grande entre quienes apoyaron la propuesta del representante del Pacto Histórico y el temor es inversamente proporcional entre quienes aseguran que quien desde hoy gobernará a cincuenta millones de ciudadanos no era la mejor opción. Solo con hechos, a partir de hoy, le corresponderá al mandatario nacional y a su equipo de gobierno darle la razón a uno o a otros.

Amén de tantos asuntos por resolver, el manejo de las fuerzas armadas es una de las grandes incógnitas desde hoy. Desde que empuñó las armas como miembro activo del M-19, luego cuando gobernó y posteriormente cuando legisló, a quien desde hoy despacha desde la Casa de Nariño la vida y sus decisiones lo han puesto del otro lado del establecimiento. Lo de hoy sugiere la mayor muestra de madurez de la democracia colombiana: quienes durante años (Policía y Ejército) persiguieron a Gustavo Petro por su actuar guerrillero, desde hoy le rendirán honores; y quien los combatió, desde hoy será su comandante.

Ya el electo presidente había mandado un claro mensaje de autoridad al designar al profesional en Derecho y defensor de derechos humanos, Iván Velásquez Gómez, como nuevo ministro de Defensa Nacional. Desde hoy a las tres de la tarde, una vez tenga sobre su pecho la banda del tricolor nacional, policías y soldados le deberán obediencia al ya posesionado ministro Velásquez Gómez y al presidente Petro Urrego. Empieza pues un nuevo modelo de gobierno y con él un nuevo manual de uso de las armas y la fuerza para garantizar los derechos individuales y colectivos y la soberanía nacional.

Cada mensaje, cada acción del nuevo mandatario de los colombianos en torno a las Fuerzas Armadas de Colombia pondrán a prueba su talante y madurez, su proceder será motivo de un escrutinio ciudadano permanente para saber si en quien desde hoy gobierna habita un demócrata o en el quedan trazas de esa lucha armada de la que hizo parte en los años setenta y ochenta. Vaya encrucijada la que le pone la vida al nuevo inquilino de Palacio. Su actuar, desde hoy, una vez jure defender la Constitución, le permitirá labrar lo que ha de ser su futuro después de que pasen estos cuatros años en los que gobernará fruto de esa democracia que él mismo durante décadas cuestionó.

El anhelo nacional es que al presidente Petro le vaya bien, que tome las decisiones correctas porque solo de esa forma le irá bien al país. Pero, lo otro que la mayoría quiere, es que a las Fuerzas Armadas también les vaya bien con este nuevo gobierno; sí, habrá que hacer reformas para evitar que se repitan actos criminales del pasado, pero quienes por efectos de la Constitución Nacional les obliga el porte y uso de armas para defender la soberanía nacional y garantizar el orden público, también necesitan sentirse abrigados por un comandante supremo respetuoso de su labor y garante de sus derechos.


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