Editorial / OCTUBRE 22 DE 2020

El efecto mariposa

Expresarse a través de un medio de comunicación, aunque es un derecho inalienable, debe estar enmarcado en el respeto por el otro y de su entorno para que sea útil.
 

El efecto mariposa

Cada palabra escrita o pronunciada puede, cual efecto mariposa, tener un desenlace inesperado y terminar afectando, en cualquier momento o lugar, para bien o para mal, a una persona o un colectivo e incluso determinar acciones legislativas, judiciales o de gobierno. Por eso resulta tan delicado que los micrófonos, las redes sociales o las teclas de un computador en un medio de comunicación sean usados irresponsablemente.

El respeto no significa para un medio de comunicación o un comunicador, evadir la crítica o morigerarla, la misma se puede hacer de manera directa pero con la precisión que se le exige a un cirujano. Las salas de redacción de los medios de comunicación no pueden estar subordinadas a la chiva, el afán por la primicia ya no es un imán de oyentes, lectores o televidentes; lo que verdaderamente hace crecer una audiencia es la precisión de la información y la amplitud de la misma. El respeto es eso, expresarse de forma ajustada a los hechos y soportar cada crítica con argumentos y pruebas.

Están muy equivocados quienes en papel de periodistas, opinadores, columnistas, entrevistadores o editorialistas se creen, antes que eso, jueces o fiscales. No es quien se dirige a una audiencia a través de un medio el encargado de condenar o absolver, esa es tarea exclusiva de un juez. Se podrá compartir o disentir del proceder de quienes integran algunos de los tres poderes y es obligación del medio actuar como ese contrapoder, pero en ningún caso suplantar el papel al que constitucionalmente han accedido fiscales, jueces, procuradores, contralores o magistrados.

El fallo de un tribunal de Bogotá, conocido en las últimas horas, condenando a la periodista Vicky Dávila y por solidaridad a la emisora La FM, a reparar económicamente a un coronel retirado de la Policía, por haber atribuido al entonces uniformado hechos de corrupción en contratación sin que eso estuviera comprobado, obliga, de nuevo, a abrir el debate sobre la responsabilidad que le asiste al periodista en el manejo de la información y, de paso, le recuerda al gremio que su oficio es informar u opinar y no condenar y mucho menos sancionar.

“La periodista obró con falta de diligencia profesional, pues de manera inexplicable y totalmente inquisidora presionó, con ironía, sarcasmo en sus preguntas, encaminadas a presionar que un proceso disciplinario se acelerara al punto de apartar del cargo a un funcionario de la Policía, función que, desde luego, desdibuja los fines y propósitos periodísticos, que un prejuzgamiento de quien no está legitimado para ello, que libera una estigmatización social en masa, repercutiendo negativamente en el ámbito laboral, familiar y social al sujeto pasivo de dichas acusaciones”, reza la sentencia del tribunal y es la que tiene que ser objeto hoy de análisis en todas las salas de redacción y cátedras universitarias de comunicación social.

Lejos estaba de pensar la reconocida comunicadora, en 2016, que sus palabras tendrían un efecto mariposa cuyo desenlace hoy afecta su bolsillo, su buen nombre y el de un gremio cada vez más cuestionado por abusar del que ha sido llamado cuarto poder.

NOTICIAS RELACIONADAS


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by: Rhiss.net