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Editorial / ABRIL 16 DE 2024

El futuro

Para arrebatarle los jóvenes a la delincuencia no basta con simples llamados a la acción; se requiere una estrategia integral que aborde las causas subyacentes de esta crisis, brindando oportunidades reales de educación, empleo y desarrollo.

El futuro

Hace dos meses y quince días, el 31 de enero de 2024, el defensor nacional del Pueblo, Carlos Ernesto Camargo Assis, en una visita al Quindío advertía sobre como menores de edad, desde los 13 años, estaban siendo utilizados por grupos criminales como ‘La Oficina’, ‘Los Flacos’ y ‘La Cordillera’ para actividades ilícitas, principalmente el transporte de drogas.

Ante tal panorama, el funcionario nacional anunció que la defensoría emitía así una alerta temprana, instando al ministerio del Interior a tomar medidas concretas para abordar este flagelo. Sin embargo,  tras este tiempo vale la pena preguntarse ¿qué acciones tangibles se han tomado para proteger a estos jóvenes vulnerables?    

No es la primera vez que se levanta esta bandera roja, hace más de una década se advirtió sobre este fenómeno, sin embargo, la semana pasada, reportamos el caso una menor de edad de 14 años aprehendida en La Tebaida por transportar base de coca.  

Lamentablemente, la falta de atención a esta problemática ha dejado a estos jóvenes a merced de las garras del crimen organizado. Por eso reiteramos la necesidad de que se redoblen los esfuerzos institucionales para proteger a la juventud quindiana. No basta con simples llamados a la acción; se requiere una estrategia integral que aborde las causas subyacentes de esta crisis, brindando oportunidades reales de educación, empleo y desarrollo para los jóvenes en riesgo, que sientan que hay un futuro que vale la pena.

A propósito del tema, una noticia que pasó casi desapercibida la semana anterior también se refirió a la instrumentalización de un menor de edad de 14 años, pero esta vez para cometer un atraco a un taxista, lo más doloroso es que no fue una banda criminal la que trató de aprovecharse del adolescente, sino que fue la propia mamá quien lo enrumbó por los caminos del crimen. La reflexión es que algo está funcionando muy mal en nuestra sociedad para que suceda algo así. ¿Qué puede llevar a pensar a una madre o a un padre a exponer a sus propios hijos? ¿Qué tipo de crisis lleva a destruir una familia de esa manera?

La vida y el futuro de cientos de jóvenes quindianos están en juego. No podemos permitir que sigan siendo reclutados como soldados en la guerra contra el crimen organizado, pero tampoco por la delincuencia común. Además de educar a los menores, también se debe reeducar a los padres, pero partiendo de la generación de oportunidades, de lo contrario resultará casi imposible.  


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