Editorial / OCTUBRE 21 DE 2020

El palo no está pa´cucharas

La emoción de los padres de celebrar el 31 de octubre con sus hijos y lucirlos disfrazados en lugares públicos, no puede ser la excusa para exponerlos al contagio del nuevo coronavirus.

Se acerca una celebración nacional que concita el interés general porque desde hace mucho tiempo dejó de ser una fecha para el goce de los niños y se convirtió en una fiesta en la que jóvenes y adultos festejan y participan por igual pero, lamentablemente, también es un día de excesos y toda suerte de acciones imprudentes e ilegales. El Halloween, noche de disfraces o fiesta de brujas es desde hace varios años un evento que provoca la alerta máxima de los organismos de seguridad para tratar de contener tanto desadaptado al que le da por andar sin dios ni ley escondido tras una máscara.

Este año las celebraciones deberían ser al interior de los núcleos familiares, y para garantizar que no haya aglomeraciones en la vía pública sería bueno que los gobiernos locales expidieran decretos que permitan controlar el orden público ese día. La indisciplina social generalizada en el territorio nacional ha dejado toda suerte de malos ejemplos como soporte para restringir la movilidad ese día lo que constituiría una sana medida para salvaguardar la salud de todos.

La población joven  —adolescentes y adultos jóvenes— está confirmado por las estadísticas nacionales que representa el mayor número de contagios, aunque no el guarismo más alto de fallecidos por el virus. Por eso, restringir la movilidad ese día es garantizar menos contagios en una población que se ha mostrado, en su mayoría, reacia a acatar el uso obligatorio y adecuado del tapabocas y sobre todo el distanciamiento social. Nada se logra, lo han dicho los expertos, cuidando a los adultos mayores si los jóvenes que viven con ellos no asumen un comportamiento responsable y terminan contagiándolos.

Un dulce, un concurso, un elogio o una foto, no pueden ser más importantes que la salud y por eso este 31 de octubre no deberá transcurrir como ha sucedido siempre. No es momento de aglomeraciones, ni de fiestas; la única mascarilla que deben lucir los pequeños y los grandes en Halloween, y todos los días, es el tapabocas. Este Halloween no puede acelerar los contagios, que no son pocos, ni la ocupación de camas en las UCI, que son pocas, y para que nada de esto ocurra los alcaldes deben tomar medidas oportunas.

No es un cuento de brujas ni una historia de miedo, el virus con corona está matando todos los días a personas de todas las edades, con o sin comorbilidades. Este bicho no es selectivo, es incluyente, los abraza a todos y aprovecha los permanentes descuidos de las personas para infectarlos, enfermarlos y/o matarlos. Cada día el círculo de inmunidad se cierra, hasta hace un par de meses no todas las personas tenían un familiar o amigo con Covid, hoy lo anormal es que una persona no dé cuenta de alguien cercano contagiado por el microscópico pero mortal enemigo.

Ya varios alcaldes del país se anticiparon y vía decreto prohibieron cualquier celebración de la noche de brujas en establecimientos comerciales o en la vía pública. Algo similar debería ocurrir en Armenia, ciudad que camina a los días con mayor número de contagios por día y que viene en una racha ascendente y por supuesto preocupante de infectados y fallecidos. Restringir la movilidad ese día no es una medida contraria a los intereses comerciales, favorece la salud general que es lo más importante y urgente de atender.

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