Editorial / JUNIO 16 DE 2021

El problema no es Duque

Lo que sacó a la mayoría a las calles fue la corrupción que, en todas sus presentaciones, sigue campeando en Colombia.

El problema no es Duque

Aunque sea el blanco y con razón de las más fuertes críticas, Iván Duque Márquez no es el problema más grande que tiene Colombia ni lo que desató una protesta social sin precedentes en la reciente historia del país. El reclamo generalizado de los colombianos obedece a tantos años de inequidad social provocada por una rampante corrupción que, aunque evidente, no parece ni siquiera ruborizar a quienes por años han vivido en un mundo de privilegios así eso haya significado menos oportunidades a quienes menos tienen.

No tendrían porque los jóvenes universitarios de instituciones públicas estar reclamando matrícula cero, menos en medio de una pandemia con efectos económicos devastadores, ese tendría que ser un derecho ganado y el país tiene como garantizarlo. Pero no, ahora se expone como un gran avance otorgar matrícula cero a universitarios de estratos 1, 2 y 3, pero solo por un semestre. Lo que se ve venir son quejas y reclamos justificados de estudiantes que clasifican para el beneficio pero no son tenidos en cuenta, y al revés, enredos entre universidades y municipios para consolidar las bases de datos y, como siempre, que un apoyo estatal se convierta en una amarga experiencia y ponga a los beneficiarios en condición mendicante.

Aunque es una perogrullada, pero precisamente por eso es que más molestia general produce, el histórico problema del país sigue siendo la corrupción. En todas sus manifestaciones la corrupción sigue acabando con las pocas oportunidades de la mayoría y eso fue lo que rebosó la copa esta vez. No hay forma de explicarle a millones de colombianos que, por ejemplo, mientras cada año se debe pelear por un pírrico aumento del salario mínimo, las obras de infraestructura dupliquen o tripliquen el valor inicialmente contratado y muchas veces no se hagan y que además se paguen coimas por otorgarlas.

Claro, la afrenta a la dignidad y a la moral pública, del bien ido ministro de Hacienda por su nefasta reforma tributaria, provocó el estallido social, pero si no había sucedido eso antes era porque la pandemia puso en cuarentena el grito de rabia de un país al que le meten y le meten la mano en el bolsillo para sacarle y le hacen cada vez más difícil la supervivencia. Pero la culpa es de quienes integran los poderes ejecutivo y legislativo, no solo del presidente Duque.

Para todos estos años de injusticia social se han prestado decenas de congresistas que llegan al capitolio a dormir, a saborear las mieles del poder, a pedir para llenar con desespero sus bolsillos y a decirle si a cuanto proyecto pase por sus manos dependiendo de la cantidad de mermelada que les unten. Al carnaval se han sumado alcaldes, gobernadores y funcionarios nacionales que no tienen claro qué es ser servidor público, pero sí se saben de memoria el manual para servirse de lo público.

El último anuncio nacional es la suspensión temporal de las marchas, pero van a volver y no solo por Duque, se harán en contra de una institucionalidad desprestigiada. Los colombianos volverán a marchar, que no quepa duda, en contra de un presidente y unos congresistas que les mienten, en contra de alcaldes y gobernadores que no cumplen con sus planes de desarrollo, en contra de fiscales y jueces corruptos, en contra de policías delincuentes, en contra de contratistas mañosos que no hace bien su trabajo, en contra de una corrupción que tiene sumido en el atraso a un país que lo tiene todo para que la mayoría viva con dignidad.

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