Editorial / ENERO 26 DE 2021

Fatal coincidencia

No salía la ciudad y el departamento de recordar la tragedia ocurrida el 25 de enero de 1999 y otra vez fue sacudida pero por la infausta noticia de la muerte de Jorge Eliécer Orozco Dávila.

Fatal coincidencia

Porque fue parte de esta casa periodística, porque fue un baluarte del periodismo regional y porque fue un buen quindiano, se convierte en muestra de elemental justicia y respeto esta pausa para exaltar el aporte del reconocido periodista Jorge Eliécer Orozco Dávila, al diario acontecer de este departamento en el que nació, creció, se consolidó profesionalmente y defendió desde los micrófonos de RCN y las notas editoriales de este matutino.

Su familia, como seguramente el propio Jorge Eliécer, estaban de acuerdo con que había llegado la hora de poner fin a tantos días de sufrimiento por la enfermedad padecida y que era el momento de dar un paso a esa dimensión en la que no hay dolor. Hoy ya descansa en paz y lo puede hacer porque, más allá de los defectos que como él todos los mortales tienen, no dejó cuentas pendientes. Sobre su ejercicio profesional se pueden tener, como en el de los demás periodistas, algunos reparos pero lo que no admite discusión es que se hizo un lugar, y con méritos propios, entre esa pléyade de veteranos comunicadores que pusieron la cimiente de lo que habría de ser el ejercicio periodístico en esta parte del país.

Jorge Eliécer hizo parte de una selecta nómina de comunicadores empíricos que dieron cátedra de buen periodismo, que fueron considerados por la dirigencia local como referencia para tomar decisiones y cuyas opiniones incidieron en el futuro de la región. Quedan pocos como el papá de Fabián y César, en ejercicio de la profesión, pero gracias a ellos hubo relevo generacional, tal vez todavía no con tanto brillo pero sí con vocación, talento y pasión.

Le hará falta al Quindío y al cuarto poder la pluma y la voz de quien se anunciara y con motivos como siempre periodista. Del acertado comunicador, desaparecido el mismo día que se recuerda el terremoto del Eje Cafetero, habrá que tomar como ejemplo que el periodismo se ejerce las 24 horas del día los 365 días del año, que la opinión no se empeña ni se remplaza por un contrato publicitario, que leer el territorio en todas sus dimensiones es una condición innegociable, inaplazable e insustituible para ejercer el noble oficio del periodismo, y que los amigos son amigos siempre y cuando acepten tanto la crítica como la felicitación.

Le corresponde a quienes siguen en la brega diaria, desde un periódico, una estación radial, un canal de televisión o un portal virtual, trabajar duro para no opacar el brillo que periodistas como Jorge Eliécer Orozco, Ernesto Acero, Alfonso Osorio, Arcesio Chica, Aldemar Rojas, Silvio Martínez, Francisco Elías Valencia, Francisco Arango, Alberto Duque, Hernán Barberi, Germán Gómez, Miguel Ángel Capacho, Miguel Lesmes, Jairo Olaya, entre otros, le dieron al oficio en estas tierras. Quedan otros veteranos, por fortuna activos, de los que es obligación seguir aprendiendo y ante quienes lo más inteligente es callar para mejorar.

La triste casualidad de este luctuoso 25 de enero, pone en la agenda pública la urgencia de no desfallecer en la cultura de la prevención del riesgo por la posibilidad cierta de ocurrencia de un desastre natural en esta parte del país, y la importancia, para lograr ese objetivo, de tener medios de comunicación que crean en la pedagogía y en la responsabilidad a la hora de informar y en la crítica oportuna para corregir, tal como en vida lo hizo Jorge Eliécer Orozco Dávila.

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