Editorial / ENERO 25 DE 2023

Irresponsable pasividad

El resultado del obligado balance de fechas como la de hoy deja más pendientes que avances.

Irresponsable pasividad

Preocupa en demasía y de paso deja muy mal parados a quienes han gobernado el departamento del Quindío y su capital, desde 1999 hasta el 2015, que toda una autoridad como el geólogo Armando Espinosa Baquero afirme hoy, 24 años después del devastador terremoto de 1999, que si ocurriera un sismo de igual o superior magnitud al registrado aquel lunes a la 1:19 p. m., los daños serían iguales a los de aquel infausto día. Se debe exonerar de esta crítica a quienes durante los últimos tres años han manejado este territorio, al fin y al cabo, la historia dirá que, por fin, después de una inexplicable e irresponsable elusión de responsabilidades, con dineros vía regalías y gracias a los buenos oficios de la Universidad del Quindío, se entregará para evaluación y recomendaciones de expertos el estudio de microzonificación del departamento del Quindío. Pero este no es el único pendiente.

El documento deberá quedar listo este año y, por el bien de todos, los gobernantes ojalá actúen con la celeridad que no han tenido varios para que se adopte el documento técnico y entonces se pueda enderezar el rumbo de un territorio que, a juicio de científicos, planificadores y académicos, ha crecido desordenadamente y desconociendo la amenaza latente que tiene de un nuevo terremoto. La posibilidad es cierta y hablar de ello, lejos de ser apocalíptico, es lo mínimo que debe hacerse. Bien lo afirma el doctor Espinosa Baquero: la comunidad no puede olvidar lo que pasó, no puede desconocer lo que pueda pasar y no debe entrar en pánico.

Cuando el estudio de microzonificación sea aprobado por los miembros del Consejo Nacional del Riesgo Sísmico y, ojalá, adoptado por norma jurídica, seguramente se conocerán muchos casos de construcciones hoy en pie, levantadas en lugares en donde nunca debieron hacerse. Esta es una conversación incómoda para muchos, pero cierto es que, y así lo ratifican desde la academia, no todo lo que se construye en Armenia es al tenor de lo calculado y diseñado y que ha habido un crecimiento descontrolado. Afirman sin titubear desde las universidades en el Quindío que en este territorio no solo se han llenado huecos, también se han llenado filos y vertientes. Aunque en el gobierno municipal y departamental de los años 2016 a 2019 hubo más control y preocupación por lo que estaba pasando con el crecimiento de la ciudad, antes de estos gobiernos el crecimiento urbano poco o nada importó a quienes mandaban y hubo complacencia de quienes regulaban.

Hoy, como cada año, se vuelve la mirada sobre la tragedia, se rinden homenajes y se hace un resumen de lo pendiente. Justo es reconocer que ahora hay más información y de buena calidad, que los cuerpos y organismos de socorro están mejor preparados que hace 24 años y que la normatividad para construir es mucho más rigurosa, pero siguen unos pendientes que quitan el sueño. 61 asentamientos informales que ocupan 42 hectáreas, 15 de ellas en zona de riesgo; hay información, pero es mínimo el avance en la aplicación de la misma; desde el 2010 se sancionó una ley, pasada por la faja, que obligaba a hacer o actualizar los estudios de microzonificación; no hay estudios de vulnerabilidad; el riesgo de desastre que sugiere un terremoto en Armenia se multiplica por el uso inadecuado de los suelos; sigue creciendo la ocupación de zonas no aptas para construir; entre otros.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net