Editorial / DICIEMBRE 01 DE 2021

Llegó diciembre

Le vienen muy bien las luces de colores a una ciudad en la que era urgente tener otro tema de conversación. 

Llegó diciembre

Comenzó el que para muchos es el mes más alegre del año, lastimosamente también es una temporada en la que ocurren hechos muy dolorosos fruto de los cuadros de depresión que se agudizan en tantas personas. Ojalá, de verdad, la unión familiar sea la constante durante estos días para darle abrigo y palabras cálidas a familiares y amigos que así lo necesiten, y pasar estas fiestas decembrinas reunidos, como se añoraba y no se pudo hacer el año anterior por la pandemia. 

Esos abrazos represados, las esperadas cenas familiares, esas novenas con la participación de grandes y chicos, y tantas tradiciones aplazadas volverán este mes. Lo que está de más son las nocivas e inútiles caravanas de motociclistas enloquecidos agrediendo peatones y demás conductores; también sobra la pólvora, de cualquier tipo, no se necesita, solo trae consigo estrés y llanto, además porque muchos suelen mezclarla con la ingesta de licor. Trabajo para las autoridades locales. 

Hoy se enciende el alumbrado navideño en la capital quindiana. $1.200 millones fue la inversión, justificada por demás, porque las luces de colores recuperan el maltratado ánimo colectivo por tantos hechos dolorosos vividos desde el año anterior, obligan a las familias a pasear para ver las figuras decorativas, transmiten calidez y dan la sensación de compañía. Las estructuras instaladas, en las que resaltan corazones y la palabra cuyabro, amén del gigantesco árbol navideño que se encenderá en la plazoleta de la Quindianidad, prometen un buen alumbrado decembrino. 

La cena, para la mayoría, no faltará. Regresará la emoción de destapar regalos a la medianoche, esas cuarentenas que tanto temor y tristeza generaron ya son ingratos recuerdos, haber extrañado la presencia física de los seres queridos es también un capítulo leído de ese libro de horror protagonizado por el virus de oriente. Todo este mes estará muy cerca de lo que tanto se echó de menos la Navidad pasada; lo que falta es, de verdad, valorar todo aquello que se perdió durante meses. 

La economía poco a poco va repuntando, se van recuperando los empleos perdidos, ya los días sin IVA demostraron que el dinero empezó a circular. La enfermedad parece controlada, aunque su ferocidad no está en discusión, las unidades de cuidados intensivos tienen margen de maniobrabilidad y el número de vacunados sigue aumentando con el paso de los días. Lo que está pendiente, en cada uno, es sacar lo mejor de sí en el mes de los villancicos, la natilla, los banderines y el tamal. 

En resumen, la familia volverá a estar unida, como se quería; Armenia tendrá un bonito alumbrado navideño, como se reclamaba; la economía empezó a recuperarse, como se necesitaba; la cantidad de pacientes libres del virus es ahora lo normal, como se esperaba. Lo único que falta es ser mejores personas y eso incluye ser mejores ciudadanos. De nada habrá servido haber despedido seres queridos infectados de Covid, haberle visto la cara a la muerte, haber sido tentados por saltar al vacío, haber renunciado a estar cerca de quienes se ama, haber hecho tantos sacrificios económicos si, ahora que llegó una nueva Navidad aflora lo peor de cada cual.

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