Editorial / JULIO 27 DE 2021

Matrícula cero

Así haya sido fruto de la presión social, más que de la voluntad política, la matrícula cero ya es un hecho y tiene que sostenerse. 

Matrícula cero

No miente el presidente de la República, Iván Duque Márquez, cuando asegura que garantizar gratuidad en la educación universitaria, técnica y tecnológica, para estudiantes de estratos 1, 2 y 3, es una conquista social. Este era un reclamo que ajustaba varios cuatrienios y que se veía como un imposible. Parecía resignado el país a reclamar educación universitaria sin tener que pagar por ella, pero la ebullición social ocurrida en casi todo el territorio nacional desde el pasado 28 de abril hizo posible la buena noticia. 

El año pasado, sin una protesta de tal magnitud, también hubo matrícula cero, aunque con muchos tropiezos que, por fortuna, fueron al final superados y de los que se tendrá que aprender para que el malestar no vuelva a aparecer. Ya no se podrán escuchar excusas como que no se han conciliado las bases de datos, que el estudiante no pertenece a los estratos beneficiados, que en el municipios no saben cuántos matriculados hay en la universidad, etc; como tampoco se le podrá decir a los estudiantes que paguen porque no ha llegado la transferencia nacional y que luego les reembolsan el dinero. Ninguna excusa puede aparecer. Ya el tiempo de ajustar lo necesario terminó y lo que tiene que pasar es que todo fluya. 

Por ahora se anuncia gratuidad para el segundo semestre académico de este año y durante el 2022, pero quien suceda a Duque Márquez está en la obligación de garantizar que lo ganado no se pierda y mejorarlo. Si tuvo el país los recursos para la matrícula cero en uno de los momentos más críticos en cuanto a disponibilidad de finanzas públicas, debe haberlos en 2023 y de ahí en adelante cuando ya la economía dé verdaderas muestras de recuperación. 

El impacto del subsidio para la educación superior pública no es pequeño ni admite rechazo. Ya se firmaron las cartas de intención para que la matrícula cero sea posible en 63 instituciones educativas. En el caso local, la población beneficiada corresponde al 97 % de los matriculados en la Universidad del Quindío -13.000 estudiantes de estratos 1, 2 y 3-. A los estudiantes les obliga tener al día la documentación y atender con prolijidad la ruta diseñada para acceder a los beneficios porque, también hay que decirlo, por negligencia o despiste algunos uniquindianos no accedieron al programa de matrícula cero en su primera versión. 

Lo otro que además debe garantizarse es educación superior de calidad y eso, en la universidad local es un hecho porque cuentan tanto con la acreditación de calidad, próxima a renovarse, como con la acreditación académica de la mayoría de los programas. La presencialidad también tiene que ser, cuanto antes, el nuevo presente de la educación superior; los docentes que hasta la fecha no se hayan vacunado es porque no quisieron porque disponibilidad de biológicos y puntos de vacunación no han faltado en el territorio. 

Esta próxima a activarse de manera permanente, porque ya se han hecho algunos pilotos, la vacunación sin barreras y por eso tampoco será una excusa la virtualidad porque para los matriculados también habrá inyecciones anticovid. Además, si no hubo temor para aglomerarse en las jornadas de protesta ni en los convites sociales que no han parado en todas partes de la ciudad, incluidas las inmediaciones de las universidades, no debería haber temor de contagiarse en un laboratorio o un salón de clases. 


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