Editorial / DICIEMBRE 02 DE 2021

Misión cumplida

El atrabiliario proceder de un grupo de motociclistas cumplió una vez más su misión: degradar la imagen de todo un gremio y poner a pensar a los alcaldes en más restricciones. 

Misión cumplida

Insisten algunos en fomentar el desorden y toda suerte de comportamientos contrarios a la convivencia, retando normas como creyéndose superiores por hacerlo, y solo consiguiendo con tan hostiles actitudes que se firmen más decretos que, en últimas, terminan perjudicando a personas buenas, trabajadoras y honestas. Flaco favor le están prestando a la mayoría, los habituales indisciplinados de dos ruedas al salir sin Dios ni ley por las vías, como ocurrió en la noche del 30 de noviembre y amanecer del 1 de diciembre, porque dejan por el piso la imagen de todo un colectivo de motoristas. 

El saldo, que se queda corto porque el desorden fue mayúsculo, es de 49 comparendos y 8 motocicletas inmovilizadas. La caravana de la alborada solo tuvo como objetivo incomodar a la mayoría, poner en riesgo la vida de muchas personas, retar a los policías y agentes de tránsito y llevarlos al terreno del enfrentamiento, contaminar, molestar y, claro está, ratificar que el ejecutivo de turno tiene razones de sobra para expedir decretos prohibicionistas. La regulación del Estado aparece porque el ciudadano no se porta como debe. 

Pueden estar satisfechos los desordenados motociclistas que invadieron vías peatonales y verdes, avanzaron en contravía, se pasaron semáforos en rojo y excedieron los límites de ruido y velocidad, porque cumplieron su misión:  terminar de afectar la imagen de todo un gremio. Por ellos, el grupo de los desordenados motociclistas, es que hay normas de obligatorio cumplimiento que le ponen límite de horario al tránsito de motociclistas, prohíben transportar parrillero y limitan la circulación de estos vehículos por algunas vías de la ciudad. 

Pésimo mensaje el enviado por los alteradores del orden público, sus acciones no fueron en contra de un gobierno o un alcalde, fueron en contra de una ciudad que hoy está de acuerdo con que cada vez sean más estrictas las normas. Algo está claro y es que no puede ninguna municipalidad garantizar un policía y un guarda de tránsito por cada esquina para que haya orden, la autorregulación es más efectiva que cualquier decreto, pero, como eso es lo que menos hay, le corresponderá al ejecutivo actual seguir firmando decretos y acudiendo al Ejército para que, en tareas conjuntas con la Policía, haya orden en el territorio. 

Mal comienzo el de esta Navidad, las lecciones que dejó la pandemia parece que no fueron aprendidas. Se sigue retando la vida y cambiándola por un momento de euforia. Después de tantos días de encierro obligado sin poder estar cerca de las personas queridas, los motociclistas no tendrían que haber estado este 1 de diciembre conduciendo con imprudencia y pitando en las calles, debieron haber estado en familia celebrando que este año sí habrá esa unión familiar que tanto se esperaba. Pero, no quieren entender. 

Lamentable que, además de los desórdenes con los que un grupo de armenios recibió la Navidad, ya se tenga el primer quemado con pólvora en el Quindío. Ya la Policía había realizado dos incautaciones de material pirotécnico, pero los inconscientes siguen rebuscando este material cuya peligrosidad no está en discusión. Lástima empañar la alegría de un alumbrado hermoso como el que desde anoche ilumina las calles y parques de varios municipios, y arriesgarse a cambiar una cena familiar por una cama en un hospital, el frío cemento en una celda o un rosario de despedida.

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