Editorial / MAYO 16 DE 2022

No es suficiente

Sí, hay recuperación económica y se están generando empleos, pero no hay para echarle a las ollas en los hogares. 

No es suficiente

Lo anunciado hasta ahora, por el gobierno nacional, se queda corto, muy corto, para aliviar la estresante situación económica de millones de hogares colombianos, producto de una inflación tan alta. La buena nueva de un salario básico tasado en un millón de pesos fue una quimera, de nada está sirviendo el catalogado por el ejecutivo nacional como un “incremento histórico” porque con los precios de la canasta familiar ese mínimo mensual resulta insuficiente. Para quienes viven del diario, ayudados con el fiado del tendero del barrio, ganarse un millón de pesos resulta poco. 

La semana pasada en las páginas locales de este diario quedó retratado el sufrimiento de las familias cuyabras, que es el mismo de la mayoría de quienes habitan el territorio nacional por la, esa sí, histórica inflación. Cualquiera sea la causa, y cualquiera el agravante, la canasta familiar este año fue inflada con helio y flota lejos, muy lejos, del alcance de la mayoría.  No importa que sean coletazos de la pandemia, de los bloqueos de vías y el paro nacional, de la guerra entre Rusia y Ucrania, de la inestabilidad del petróleo o una atipicidad económica mundial, los colombianos necesitan soluciones inmediatas y lo dispuesto por los inquilinos de la Casa de Nariño no atenúan la gravedad de lo que está ocurriendo. 

Según el Dane, en abril, la variación mensual del Índice de Precios al Consumidor, IPC, fue del 1.25 (versus 0.59 en 2021), la variación año corrido fue de 5.69 (versus 2.16 en 2021), y la variación anual fue del 9.23 (versus 1.95 en 2021). Con estos guarismos que, según analistas, no se leían desde hacía más de dos décadas, el incremento del salario mensual mínimo, anunciado en diciembre de 2021, quedó hecho trizas. De nuevo, los hogares pobres, que para el caso de Armenia equivalía al 40.5 % de la población en 2021, quedan expuestos y por ahora desprotegidos y sin soluciones a corto plazo. 

Las declaraciones de voceros de presidencia y del propio mandatario de los colombianos terminan en lo mismo: se trata de un fenómeno mundial. De qué le sirve esta respuesta a quienes justo en alimentos y vestuarios siente los mayores incrementos y para quienes justo las tasas crediticias y el endeudamiento también se encarece porque el Banco de la República, para intentar contener los efectos de la inflación, optó por subir las tasas de interés. Como quien dice, al caído caerle. Vaya presente el de los colombianos, recibiendo noticias que hablan de recuperación económica y de generación de empleos, pero devolviéndose del supermercado o de la tienda con menos que meter a la nevera y a las ollas. 

Hay una angustia colectiva, que puede desencadenar muchos males y agravar otros, por el alto costo de vida. Resultan paños de agua tibia, tirando a fría, el anuncio nacional de la reducción de aranceles para el sector agrario. Esto era lo pertinente, pero las bondades de tales medidas, coinciden expertos en la materia, no se van a sentir sino hasta después del segundo semestre. ¿Y mientras tanto qué? Es de esto que deberían estar hablando los aspirantes a suceder a Duque Márquez, antes de enfrascarse en tanta pelea inútil que andan.

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