Editorial / NOVIEMBRE 29 DE 2020

No se admiten dudas

Hoy se habla tanto de la vacuna como de la enfermedad, ojalá la calidad y cantidad de información al respecto suponga menos caos informativo que el generado por la pandemia.

No se admiten dudas

Amén de tantas y urgentes tareas relacionadas con la pandemia, el gobierno nacional, de manera coordinada con gobernaciones y alcaldías de ciudades capitales, debería proponer y desarrollar una agresiva campaña informativa y publicitaria para hablar de la vacuna. Las redes sociales tienen una capacidad de copamiento que todavía el Estado no puede igualar, dejar todo en manos de un programa institucional diario de televisión, que cada vez menos interés despierta, es un gran riesgo.

Hoy ya se habla con mucha fuerza, casi tanta como la que tiene la información del nuevo coronavirus, de la vacuna para este mal. Lo que se observa es que las redes sociales otra vez picaron en punta y la información al respecto se atomizó y empieza a generar más dudas y sospechas de las normales. Está muy claro, y así lo confirma el estudio del Dane y la encuesta contratada por medios nacionales, que la pandemia no es lo que más preocupa a los colombianos, para los nacionales la corrupción, la violencia y el desempleo, en ese orden, sí les quita el sueño. Por eso, lo que se diga sobre la vacuna para combatir la Covid-19 debería hacerse a una sola voz y con amplificadores nacionales y locales, virtuales y tradicionales.

Pocas horas después de aprobarse en el Congreso el proyecto de ley que declara de interés general la vacuna contra la Covid-19 y define la gratuidad para la inmunización, una gran interrogante fue capitalizada por los desinformadores con rostro y anónimos, de turno. La duda, convertida ya en temor, surge porque el proyecto aprobado exime de responsabilidad a los laboratorios productores de la vacuna por efectos colaterales en el cuerpo humano provocados por la inyección del antídoto contra el patógeno.  

El ministro de Salud asegura que como Colombia muchos países aceptaron autorizar la compra y la aplicación de la vacuna exonerando a las farmacéuticas sobre los efectos de la misma, por el poco tiempo de investigación que se tuvo para desarrollarla y comprobar su efectividad. Este no es un asunto menor y creer que con una entrevista del ministro Ruiz Gómez se despejan las dudas es un craso error. Atentos, las mismas encuestas ya referidas, utilizadas para saber cuáles son las mayores preocupaciones de los colombianos, también arrojaron como resultado que la población dispuesta a vacunarse ronda apenas el 50 % del total de los colombianos.

Hay que hablar sobre la vacuna, no sobre cuándo llega, pero sí sobre los efectos, la forma de administrarse, los sitios autorizados para hacerlo, en fin, hay mucha información que hay que dar oportuna y masivamente para evitar que los delincuentes empiecen a timar incautos cobrándoles por inyectarles en el cuerpo quién sabe qué cosa y provocándoles quién sabe qué daños. 

A los alcaldes y gobernadores, que en el caso del Quindío han sido bastante fríos en comunicación sobre la pandemia, hay que decirles que deben ser muy creativos, oportunos y precisos en dar la información sobre la vacuna y hacer de esta solución un problema menos porque ya en sus agendas no cabe uno más.

Adenda: luego de un tiempo de estar exigiendo a los viajeros internacionales el resultado de la prueba PCR para poder entrar a Colombia, la misma dejó de ser un requisito y aunque la preocupación aumentó no pasó mayor cosa. Ahora un juez de la República obliga al gobierno a que se vuelva a pedir la prueba. Por eso tantas dudas en la gente, por eso la desinformación le gana terreno al Estado, por eso es que no se admiten dudas.


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