Editorial / MAYO 07 DE 2021

Para qué gasolina si les disparan

El grito público de Lucas Villa: “Nos están matando en Colombia”, fue premonitorio, consigna de una muerte anunciada por reclamar. 
 

Para qué gasolina si les disparan

Armenia, como varias ciudades del país, amaneció sin una sola gota de gasolina disponible. La escasez del combustible paraliza la economía y pone en riesgo la salud, ojalá los corredores humanitarios operen para que por lo menos llegue gasolina para lo esencial: transporte de productos alimenticios, disponibilidad de vehículos de asistencia médica y socorro y transporte público.  

  La imposibilidad de abastecer de combustible los vehículos torna más compleja la de por sí aporreada economía y desestabiliza los hogares. Muchos de los trabajadores tendrán que acudir a la bicicleta o caminar para llegar a las empresas, las motos de los domiciliarios se deberán parquear quién sabe hasta cuando, en los hogares que acostumbran cocinar con gasolina tendrán que desempolvar viejos métodos y, por supuesto, el comercio que tuvo desde el inicio de la pandemia en el servicio a domicilio un apoyo, recibirá un nuevo y duro golpe.  

Alivia un poco la situación el decreto que modifica el toque de queda y elimina el pico y cédula en Armenia, pero, no será suficiente porque es el combustible una de las cartas más fuertes que tiene el pueblo para presionar una mesa de diálogo incluyente, en la que estén quienes verdaderamente representan los intereses y el sufrimiento de las mayorías, y en la que se debatan los asuntos que abran la puerta a las necesarias y justas reformas que desde hace tanto tiempo reclama la mayoría.  

Pero, con todo y lo grave que resulta para los colombianos, la imposibilidad de abastecer vehículos con combustible y que eso ponga en riesgo la distribución de alimentos y medicamentos, esta dificultad resulta una nimiedad si se compara con lo ocurrido el miércoles en la noche en el viaducto de Pereira. Al pereirano que de forma selectiva le sentenciaron la vida por reclamar, es hoy la “gasolina” de un movimiento social  que,  aunque intenten frenar a punta de bala, terminará ganando esta batalla.      

Aunque tampoco es justificable, una cosa es que se pierda una vida producto de un enfrentamiento en el que por el fragor del hecho aflora esa irracionalidad que no le pone límite al cuerpo ni a la mente, y, otra muy diferente, doblemente dolorosa, que asesinos a sueldo cobren por segar la vida de quienes desde la distancia eligen los que pretenden desestabilizar el país.    

Los videos y fotografías aportadas por los ciudadanos permiten establecer que hubo una ruta criminal organizada para dispararle al estudiante y activista risaraldense, que todo está fríamente calculado para sumarle muertos a esta resistencia civil que después de tantos años se volcó a las calles para reclamar un cambio.  

El atentado contra Lucas es la confirmación del temor que expresan muchos de los que lideran las marchas porque se sienten sin garantías para protestar. Sí, hay acompañamiento del Ministerio Público y la Defensoría, pero eso no basta para apartar de esa masa pacífica a los delincuentes pagados por quienes, desde los escritorios, están dando órdenes para teñir de sangre esta justa protesta nacional.    

Por el bien de una nación que con sus banderas izadas al revés erradicó cualquier duda de que el descontento es nacional, el país aguarda con esperanza el inicio de esa gran conversación nacional para que vuelvan a vender combustible en las estaciones de  servicio,  pero, principalmente, para que a nadie más le pase lo mismo que a Lucas.  

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