Editorial / DICIEMBRE 01 DE 2022

Pisotearon el jardín

Es entendible la impotencia y la tristeza de la hinchada quindiana pero no la violencia con la que algunos reclamaron. 

Pisotearon el jardín

Otra vez el Deportes Quindío fue noticia nacional negativa, no solo por sus malos resultados deportivos, sino porque miembros de su hinchada invadieron el terreno de juego antes del pitazo final y de forma violenta reclamaron a los jugadores del campeón del 56, su cuerpo técnico, el máximo dirigente y la terna arbitral del duelo contra el Huila, por no haber logrado el anhelado cupo en la primera división del fútbol profesional colombiano. El saldo conocido de lesionados tras los desmanes es de tres policías y dos hinchas. Es una pena este tipo de hechos extradeportivos que no pueden ser justificados, menos, al tenor de una decisión arbitral o por lo que pasó en el terreno de juego. 

Cuando rueda la pelota es normal ganar, empatar o perder, lo que es anormal es perder la vida o la salud por el marcador de un partido. Es entendible la frustración, impotencia y rabia de quienes alientan al equipo de la ve amarilla en el pecho; la del Deportes Quindío no puede tildarse de barra brava ni beligerante; la de aquí es una fanaticada sufrida, que se conforma y ríe con poco, que no pide campeonatos, ni siquiera una clasificación a un cuadrangular final, solo sueña con ver a su equipo amado compitiendo contra los históricos del rentado nacional, como lo hizo durante décadas. Los seguidores del equipo de Urruti, Campaña y Tilger son gente que se comporta bien; quienes van al Centenario son, en términos generales, tranquilos, por eso duele que quince personas hayan pisoteado el Jardín de América porque no representan al Quindío como departamento. 

De lo que pasa en el césped se ocuparán los analistas del fútbol; si el equipo tiene méritos deportivos para estar en la A, la B o Z es subjetivo, una cosa es lo que se sueña y otra muy diferente lo que se tiene; sobre las obligaciones laborales o legales del dueño del equipo para con los jugadores, parece que no hay reparo; como empresa, el Deportes Quindío es sano financieramente, según lo revela Supersociedades; luego el llamado de atención que hace este medio de comunicación es sobre la forma como debe asumirse un triunfo o una derrota deportiva, en el Centenario o en cualquier campo deportivo.  Ya mucha violencia, en todas sus manifestaciones tiene el día a día de los colombianos y los quindianos como para teñir de sangre un partido de fútbol. 

El Quindío llama la atención a nivel nacional por el alto número de feminicidios, todas las semanas hay homicidios en el departamento por ajustes entre las bandas de microtráfico, preocupa el número de suicidios y la accidentalidad en las vías no desacelera. Muy pesado es pues el fardo de preocupaciones, llanto y luto que viven las familias quindianas como para agregarle otra preocupación: el comportamiento de algunos hinchas del fútbol.  

Algo se tiene que entender, así moleste y vaya en contra del anhelo colectivo, el fútbol profesional es un negocio privado y los dueños de los clubes determinan cuáles son sus objetivos. Todo parece indicar que ascender no es, por ahora, la prioridad para el equipo de la camiseta verde, lo cual no implica que el Deportes Quindío deje de ser un símbolo del departamento o que no haya derecho a emocionarse con un triunfo o llorar por una derrota. Este año tampoco fue, tal vez el otro si haya un cupo para el equipo de la tierra en la A, se lo merece la fiel y numerosa, además de pacífica hinchada quindiana.

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