Editorial / NOVIEMBRE 27 DE 2021

Por ser mujer I

La discriminación en el sector productivo legal puede estar empujando, cada día, a más mujeres al mundo del hampa. 

Por ser mujer I

En lo que va corrido de este año, en el departamento del Quindío han sido asesinadas trece mujeres. Estadística que duele dos veces, primero porque son vidas que se pierden dejando insondables vacíos en las familias a las que pertenecen y segundo porque nueve de estos crímenes están asociados a la participación de mujeres en el criminal negocio del tráfico y venta de estupefacientes. 

Del papel de damas de compañía de traficantes de drogas, cada vez más mujeres han optado por participar activamente del negocio de las drogas y asumen roles hasta hace poco reservados a los hombres, como controlar rutas de expendio; conseguir, almacenar y usar armas de fuego; y liderar bandas dedicadas al criminal negocio. De ahí la creciente cifra de mujeres asesinadas en esta parte del país en lo que va corrido de 2021. 

Lejos de ser una apología al delito o justificar una conducta criminal, en el caso de las mujeres y su creciente participación en el ilícito negocio de la venta de estupefacientes, valdría la pena escudriñar en las razones que motivan ese papel protagónico que han venido alcanzando. Sería bastante absurdo que estuviera sucediendo, pero el mundo criminal podría estar atrayendo a las mujeres porque el mundo laboral las sigue expulsando, hay razones para pensarlo. 

La discriminación laboral sigue siendo evidente. Las posibilidades de acceso y ascenso de las mujeres en las organizaciones siguen siendo inferiores a las de los hombres. Todavía hay trabajos reservados exclusivamente para las mujeres y otros tantos vetados para ellas. También hay diferencias salariales a la hora de contratar, los hombres siguen ganando más, aunque en formación y experiencia sean equiparados por las mujeres. 

La brecha, que por fortuna se cerró en posibilidades de acceso a la educación superior, sigue abierta en diferentes escenarios de poder. Todavía, por ejemplo, la paridad en las listas de candidaturas políticas es difícil de alcanzar; la paridad a la hora de elegir mediante el voto sigue viéndose lejana; y, algo similar ocurre en las juntas directivas de muchas organizaciones, públicas y privadas, dominadas por personas de sexo masculino.  

Las mujeres no tienen que hacer nada más de lo hasta ahora hecho para demostrar su capacidad gerencial, su acertado liderazgo y su capacidad de respuesta ante cualquier situación de crisis empresarial. Cada día hay más lecciones de buen desempeño, en todos los ámbitos, dadas por mujeres, pero, lastimosamente, sigue la discriminación y las oportunidades todavía tienen como condición para acceder a ellas, el sexo del aspirante. 

Algo es cierto, las mujeres no se van a quedar cruzadas de brazos esperando a que un hombre les lleve el pan a la mesa de la casa mientras ellas planchan, lavan y cocinan. Ese es un paradigma, por fortuna revaluado. Las mujeres quieren ganarse el dinero para llevar ellas mismas la comida a sus hijos y padres, y harán lo que sea para conseguirlo, por eso el riesgo de seguirlas apartando de las oportunidades laborales legales y dignas, a las que tienen todo el derecho de aspirar.

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