Editorial / NOVIEMBRE 28 DE 2021

Por ser mujer II

El afán, ante evidentes casos de acoso y/o agresión contra las mujeres, en muchos casos, es que estos no se vuelvan mediáticos.

Por ser mujer II

Además del asesinato, este año, de 9 mujeres en el Quindío por, presuntamente, estar participando activamente del negocio del tráfico de drogas, hay que sumar la muerte de 3 mujeres, simplemente, por haber nacido mujeres. Con estos asesinatos, más un crimen, que se atribuye a un hurto, la lista de mujeres que han perdido la vida a manos de asesinos, este año en el departamento del Quindío, asciende a 13. 

En Armenia, en un hotel, en febrero de este año, una mujer fue asfixiada por su pareja; en el barrio Santander un hombre, también comenzando el año, golpeó hasta matar a una mujer; y, en La Tebaida, en el mes de abril, un hombre mató con arma blanca a quien era su compañera sentimental. 3 muertes violentas que duelen como las que más y que son catalogadas como crímenes pasionales.

La cifra nacional de feminicidios, este año, es 64. A las mujeres en Colombia las están matando por su género. En los últimos tres años -2018–2021-, la Defensoría del Pueblo ha reportado 350 feminicidios, cuya ocurrencia se ubica, principalmente, en los departamentos de Córdoba, Putumayo, Meta, Santander y Magdalena. La otra cifra dramática, que parece no escandalizar, es la de intentos de feminicidio y que este año es de 76.

El año pasado fue el más crítico en cuanto a violencia contra las mujeres, las cuarentenas pusieron a las víctimas bajo el mismo techo que su habitual castigador. A varias mujeres que denunciaron violencia intrafamiliar no les quedó otra opción que pasar la noche y el día en la misma vivienda que su maltratador de turno y, en otros hechos, también rocambolescos, los jueces les dieron a los violentos casa por cárcel. 

Mientras exista esa pusilánime actitud de normalizar hechos que, como la violencia contra la mujer, deberían ser castigados con total severidad, a las mujeres les corresponderá seguir luchando, solas, contra la violencia de muchos hombres y la de un sistema de justicia que, también en este caso, es garantista con el agresor. Las rutas de atención para las mujeres violentadas son deficientes, muchos de los asesinatos contra ellas ocurrieron después de varios episodios públicos de maltrato que ellas mismas denunciaron.

La violencia contra una mujer tiene que ser rechazada abiertamente en todos los escenarios. En una institución educativa no se puede disfrazar la violencia contra las mujeres como simples casos de bullying, en los despachos públicos los acosadores sexuales deben ser investigados disciplinariamente y retirados de sus cargos de ser hallados culpables, en las empresas privadas violentar una mujer tendría que ser motivo suficiente para terminar la relación laboral con el agresor, pero no, lo que abunda es la complicidad de género y la revictimización. 

Muchos maltratadores, abusadores, acosadores, agresores y asesinos de mujeres tuvieron como ejemplo cuando pequeños la conducta violenta de su padre hacia su madre, y sus hermanas. Atentos, los maltratadores ya no son hombres adultos, empiezan a multiplicarse los casos de preadolescentes y adolescentes maltratadores que, en sus roles de novios, ven a las mujeres como objetos de placer y como propiedad privada, todo, ante la mirada cómplice, muchas veces, de los padres de ellos y de ellas.


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